sábado, 15 de julio de 2017

Nieve


Anoche llamó mi hermana. Estaba llorando. Dijo que su gata había escapado y que llevaban horas buscándola, sin novedades. Llamó otra vez en la mañana. Encontraron su cuerpo bajo un arbusto, lejos de la casa. Al parecer murió de frío. La fuimos a enterrar al cerro: aún había nieve, un buen paisaje. Caminando de vuelta me dijo que, a pesar del frío y de la muerte, el cadáver de la gata aun tenía pulgas cuando lo recogió. Confesó que eso le dio risa. “No hay respeto en la naturaleza”, dijo, como si contara un chiste. Es la primera vez que me dice algo que delata su falta de inocencia. Ahora en mi casa, pienso que quizás ya no sea virgen. Hoy en la noche habrá temperaturas bajo cero. Iré a la Blondi.

4 comentarios:

  1. Un relato preciso. Exactamente de lo que se trata. Me ha encantado.

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    1. Qué halago. Al principio me ruborizaba, pero ahora me ocurren cosas más salvajes.

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  2. Los gatos arrancan, vuelven, son tan independientes, tan dependientes, tan... Gatos.
    Respecto de las virginidades una amiga me enseñó algo que está en los secretos más íntimos de las hijas de Eva, me enseñó sin querer a reconocer a una mujer virgen de una desflorada.
    Las mujeres vírgenes mantienen durante toda su vida una mirada infantil, casi inocente, luego de la primera penetración esa mirada se pierde y aparece una que es más pícara, deseosa. Ahora, esto no tiene ningún fundamento científico, pero así supe que mi vecina había botado el diente de leche, de un día a otro se perdió la inicencia de su mirada y apareció la mujer. Claro que de golosa a los dos meses apareció embarazada.

    Saludines semolines, y que se cuide tu hermana, si gosa bien, pero con globo.

    --
    JF

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    1. Tocaré madera. Con mi hermana decidimos no poblar esta tierra con nuestra estirpe. Ese será nuestro regalo. Disfrútelo.

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