sábado, 15 de julio de 2017

Nieve


Anoche llamó mi hermana. Estaba llorando. Dijo que su gata había escapado y que llevaban horas buscándola, sin novedades. Llamó otra vez en la mañana. Encontraron su cuerpo bajo un arbusto, lejos de la casa. Al parecer murió de frío. La fuimos a enterrar al cerro: aún había nieve, un buen paisaje. Caminando de vuelta me dijo que, a pesar del frío y de la muerte, el cadáver de la gata aun tenía pulgas cuando lo recogió. Confesó que eso le dio risa. “No hay respeto en la naturaleza”, dijo, como si contara un chiste. Es la primera vez que me dice algo que delata su falta de inocencia. Ahora en mi casa, pienso que quizás ya no sea virgen. Hoy en la noche habrá temperaturas bajo cero. Iré a la Blondi.

martes, 4 de julio de 2017

Itaú

Yo, que soy un conchetumare con tilde en todas sus vocales, el comic sans de la wea, sé reconocer el potencial cuando lo veo. En el boxeo, los golpes más espectaculares vienen desde abajo ¿Qué motiva que una persona común y corriente haga cosas espectaculares? Algo metafóricamente similar. Por ejemplo, las bicicletas Itaú son feas y malas. Vienen con defectos, chillan al frenar, son lentas, naranjas, toscas y pesadas. Eso provoca que sus usuarios se esfuercen el triple, convirtiéndolos en unos arrojados. No hay respeto en el mundo de las Itaú. No hay tregua. Con esa bicicleta horrible no hay espacio para la prudencia, te conviertes en una bestia que no respeta ni las leyes del tránsito más básicas, como el sentido de las calles o el color rojo de los semáforos. Todo motivado por el complejo de inferioridad que les otorga este feo vehículo.

Así soy yo. La bicicleta Itaú del blog, de la literatura, de la vida.