domingo, 29 de enero de 2017

Extinguiendo burros y llamas

Veo a mis amigos hablar de temas sueltos, desprovistos de cualquier hilo conductor, de toda contingencia, con giros cercanos a la esquizofrenia; me veo a mí mismo participando hombro con hombro de esa orgía temática sin ojos ni boca (bailo bien entre ellos); recuerdo a mi papá que en un arranque de sinceridad (borrachera) me dijo que si seguía estos pasos (los que sigo dando ahora) terminaría desapareciendo y, por desaparecer, se refería a que nunca tendré hijos. “Entonces mi fracaso será tu fracaso”, debí responderle, porque claramente no tendrá nietos, su historia termina en mí, “no habrá más sujetos como tú”, pude decir, pero durante esa conversación me puse a jugar con un cuerito que tenía en el dedo gordo y no le respondí nada.


Hace poco me enteré que los burros están en extinción. Es más económico mantener maquinaria de trabajo que a un burrito, entonces lo descuidaron y dejó de reproducirse y ahora está en números rojos. En México, por ejemplo, pasaron de varios millones a unos quinientos mil en menos de un decenio. El animal que llevó a Sancho y a Jesús en su lomo está desapareciendo. Pero, aunque deje de caminar por el monte, el burro no se irá. Por ejemplo, recuerdo que un tourette visitó una vez a la Doctora Polo. Entre todas las barbaridades que suelen decir, gritó “burro” un par de veces. Funcionaba como grosería. Si desaparecen todos los libros de la tierra, el burro seguirá viviendo como una palabra. Y no cualquier palabra, sino que será un insulto (la mejor clase de palabra). Es lo más cercano a la inmortalidad. ¿Algún día alguien dirá “Sémola” como garabato? Mis amigos dicen “pasó un Sémola” cuando, por Suerte, ocurren dos cosas malas y una muy buena. En verdad nunca lo han dicho, pero sería lindo. Ellos deben tener sus propias aspiraciones para no desaparecer, aunque sean igual de inútiles que la mía. Una declaración de principios escrita con lápiz mina. Da igual, si es con la finalidad de clausurar esta progenie. A diferencia del burro, que merece quedarse en carne y espíritu, nosotros somos un lastre, no los músculos que lo arrastran; veo al Pecas, mi amigo, y tiene la mirada de los típicos conchetumares que bajan la producción nacional y que aumentan los índices de cesantía. Un buen chato. Antes de irme arrasaré todo lo que pueda haciendo esto que hago, aumentando los índices de cesantía y boicoteando la producción nacional con mi flojera. Ser un lastre como forma de hacer política. La flojera como lucha (o como proyecto de lucha). Hoy, queridos, tengo el mismo color político que un incendio.


2 comentarios:

  1. Qué casualidad. Ayer hablaban de los burros en extinción en La Toja, una islita de rio, en Galicia, famosa por sus aguas benéficas. Los burros la descubrieron, porque se revolcaban en el barro y estaban sanísimos. Después montaron una fábrica de jabones muy famosa. Por lo visto algo tiene que ver en el descubrimiento una escritora de aquellos tiempos, Emilia Pardo Bazán, por eso pusieron un burro llamado Pardo a cortejar a una burra llamada Emilia y, por fin, han conseguido que nazca un burrito que, según el tipo que hablaba, lo iban a llamar Bazán. Bazán I si conseguían que este a su vez tuviera descendencia (porque después vendrían Bazán II, Bazán III... etc. Digo yo que si se presentara usted voluntario a un asunto de esos de procreación con la esperanza de que algún día lo llamaran Sémola I, lo mismo no sería un mal destino.

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    1. Oiga, La Pardo Bazán en el nombre de un Burro será perenne al lado de los Pazos de Ulloa. Ahí se juegan dos guerras: mantener un nombre y una especie. Qué mejor que matar dos pájaros de un tiro haciendo ambas!!

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