jueves, 12 de enero de 2017

De la meritocracia

Lo escucho y pienso que aceptar sería, quizás, una contradicción muy grande como para dejarla pasar por el lado, cuestión que acostumbro a hacer con mis contradicciones, que son muchas (más de 35). Yo, que rezo todos los días para que pronto llegue el fin de este mundo canalla, no para estar más cerca de la vida eterna, sino para no volver a este lugar. Yo, que vengo a bogar todos los días a esta galera maldita con la esperanza de anestesiarme pronto, para que deje de dolerme. Yo, el Sémola, quien alguna vez luchó por ser el engrane que quebraría esta máquina maldita. A mí, a ese sujeto, el de los 40 atrasos seguidos, el que apostó las llaves de su casa, le están ofreciendo un ascenso en el trabajo. Jefe de bodega, que es como decir "emperador del planeta".

Luego de la misteriosa desaparición del jefe de bodega (tengo la corazonada de que está muerto. O en Suecia, es lo mismo), quedó una vacante. Semolita, pienso que harías un excelente trabajo como jefe de bodega, ya conoces todas las mañas y sabes ocupar Excel, piénsalo, me dijo. Por conocer todas las mañas, se refiere a que sé dónde se guardan los lápices y las fichas. Por saber ocupar el Excel, se refiere a que puedo diferenciar su ícono del resto, además de que soy un experto haciéndole doble click. El resto del día estoy en Paint.


La inutilidad que manifiesto día a día es invisible para mi jefe, pues tiene que elegir entre el Sémola y tres extranjeros. Odia a los extranjeros. Son dos haitianos que lo único que saben decir bien en español es “tula grande” (yo se los enseñé, aún no saben qué significa) y un peruano sordo, a quien apodamos “Tula grande” (él no sabe que le decimos así). Éste último es el único que trabaja, pero no sé muy bien en qué, si la única cosa que hay que hacer es apilar cajas y llenar sus respectivas fichas antes de que las saquen. Eso último lo hago yo. Llegan dos veces a la semana, las cajas, el resto es Paint. De hecho, para que la pega se haga bien bastaría con el peruano y otro más, pero he intentado guardar el secreto, porque de eso depende mi pega y mi libertad para leer en los horarios de trabajo. Ganaré 40 lucas más, lo que en mi mundo es una tesoro porque, si soy precavido, puedo comer una semana con 10 mil y con el resto puedo seguir haciendo apuestas güevonas con los haitianos. Si lo ponen en resumen, seré un tipo sin atributos al mando de gente que no entiende qué pasa. Seré Piñera.

2 comentarios:

  1. Yo creo que la mayoría de los trabajos son así. En realidad no hay gran cosa que hacer. Pero hay que simular que se hace como el camarero pasándole el trapo a la barra una y otra vez para aparentar ocupamiento, moviendo los palillos de una mesa a la otra, sacando los vasos del friega platos y volviéndolos a meter -los mismo porque no hay nadie que los haya ensuciado-, etc.

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