viernes, 25 de noviembre de 2016

Delirium Tremens

Se suele decir que los santiaguinos somos unos alaracos. No saben lo que me esfuerzo por reforzar ese estereotipo. Siempre me invento enfermedades, porque tener buena salud no va muy bien con esto que hago, con esto que intento, mi performance de vida. Por ejemplo, hace dos semanas soñé que me abducían los extraterrestres; me inoculaban un feto que terminaba gestándose en mi hígado. Luego lo extirpaban y veía con horror lo mucho que se parecía a mí. Desperté deprimido y paranoico. ¡Ts!, me dije, la enfermedad de esta semana será depresión posparto. Fue lo peor que me ha pasado, lejos.

Esta semana fue el dolor de muelas. La pieza 32 lucha por emerger en un mundo que no tiene el espacio suficiente para albergarla. Produjo una inflamación tan agresiva que terminó por destruir la simetría de mi cara. Luzco como Popeye, doctor, por la cara, no por los brazos, me duele abrir la boca y cerrarla, no puedo comer, no puedo besar, tengo olor a pus, me necroso desde adentro. Dígame, doctor, cómo lidio con este flegmón, con el último clavo de mi ataúd. Haga lo que tenga que hacer, le decía, dándole a entender que soportaría sin chistar los embates de la exodoncia, como esos soldados de la 1GM que se dejaban amputar con una sierra embarrada para salvar el resto de la piel. 

El doctor me dijo que no llorara más. Que la hinchazón era mínima y que posiblemente se trataba de un ganglio inflamado, algo típico. Pero yo amo mis ganglios, doctor, son mi parte más favorita. Me recetó antibióticos y analgésicos. Me dijo que uno cada ocho horas y yo me sorprendí de lo barata que la saqué. La Fortuna me sonreía, hasta que sentenció: “No puede tomar alcohol durante los siete días que dure el tratamiento”. Inmensa noticia que me dio sin perturbarse ni un ápice. Me condena a la conciencia, al delirium tremens de la cotidianidad: la enfermedad que se viene esta semana será el síndrome de abstinencia.


Ya siento el sudor recorrer mi vientre, veo borroso, me sobran las uñas, los ojos…

3 comentarios:

  1. Me solidarizo con el dolor de dientes. A mí me duelen por dentro no por fuera. Desde abajo, a destiempo y porque sí. Abro la boca y miro y todo parece correcto. Se esconden cuando miro, pero luego, cuando estoy distraído, sacan sus herramientas... Yo no quiero ir al dentista, porque me dirá, "es la muerte que está llamando desde abajo", y quiero retrasar ese momento lo más que pueda. El dolor me recuerda que aún sigo vivo.

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    1. Hay animales que no tienen dientes, sino unas barbas de cartílago que no generan caries. Hay otros animales que recambian los dientes como tantas veces se los saquen... Insistimos en creer que somos producto de la selección natural.

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  2. Llorón. Sal del hoyo necrotizante de la capital. Busca musas regionalistas con piernas suaves y voz cariñosa. Te falta vaina para guardar la espada. Qué mejor cura que una mujer para esos dolores mentales???

    Quiero verte. Vamos a comer completos un día de estos. Sr. Sémola.

    JF

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