jueves, 13 de octubre de 2016

El peor Leronard Cohen


Lo que contaré ahora no me lo contó nadie, pues lo viví yo mismo.

Corría el año 2008 y un Sémola (que aún no era Sémola) de veinte años juntaba plata para salir de vacaciones. Entre las muchas pegas que tuve, trabajé como botones en el hotel Regal Pacific, en Las Condes. No me pasó nada interesante (de hecho, lo que contaré no es nada interesante). Obviamente mentí para conseguir ese trabajo. Dije que hablaba inglés, pero hasta entonces sólo sabía esas palabras básicas y rudas que enseña la pornografía y el Mario RPG. Un farsante, eso era. Un día (más bien una noche) me encomendaron una misión. Era una misión delicada: desde el lobby, tenía que escoltar a un pasajero a su habitación y éste no podía cruzarse con nadie en el trayecto. El asunto es que estaba todo el mundo medio loco con la llegada de este viejo, pero cuando vieron que en realidad era bastante tranquilo, nada excéntrico, se relajaron mucho y, olvidándose de las etiquetas, me pidieron que fuera yo su escolta. Venía a Chile a dar un recital y al otro día se largaba.

Y bueno, el tipo llegó al hotel después de su concierto. Venía hediondo a wiski. Lo saludé amablemente y, solícito, lo dirigí al ascensor reservado. No recuerdo dónde dormía, pero era muy arriba. Eso me daría tiempo. Otra cosa, el sujeto, a diferencia de cuando llegó a registrarse, estaba más relajado, como con un aura mucho más lúdica. Junté valor y la solté, dije: “The worst Leonard Cohen is the best Bob Dylan”. Me preguntó qué había dicho y se lo repetí. Posiblemente se escuchó algo como “te wor leonarcojén es the bes bodilán”, pero igual me entendió. Lanzó una risa muy poco sutil y, de la nada, se puso a bailar, pero un baile. No. Bob Dylan estaba en guardia pugilística. Yo intenté defenderme, pero pasó todos mis lastimosos intentos de defensa, alcanzándome el estómago un par de veces y ambas mejillas. Aunque duros, no fueron golpes con malicia. Para él era un juego. Me bailó sabroso porque yo boxeo pésimo. Me siguió boxeando todo el recorrido desde el ascensor a su habitación. Paró cuando llegamos a su puerta. La abrí, me dio la mano y también me dio las gracias, en español. “Qué agradable sujeto, deberían darle un premio”, pensé. Hoy se supo que lo galardonaron con el Nobel y sólo le puedo decir una cosa: de nada.


Así que, amigo, este es un mensaje para ti, Nicanor Parra conchetumare: pudimos ser panas, güeón, repanas, pero le diste color con lo del allanamiento y me tiraste a los pacos y te quedaste sin Nobel, en cambio el otro flaco NO LE DIO COLOR y fue buena onda y,...chucha… Eso nomás diré.

6 comentarios:

  1. No sé. El tío te tenía que haber pateado. No por él, que es un hombre sin vanidad, sino por nosotros, por todos nosotros, un buen par de ganchos y otros dos uppercuts, por todos nosotros. (Creo que el mismo Leonard le hubiera ayudado agarrándote por detrás mientras Bob te castigaba el hígado)

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  2. Por si te queda alguna duda acerca de lo que pensamos Leonardo y yo acerca del maestro: Leonard Cohen On Bob Dylan’s Nobel Prize: “It’s like pinning a medal on Mount Everest for being the highest mountain”
    Que no sé muy bien lo que quiere decir, porque estos tíos hablan muy raro, pero seguro que significa: oh, sí, estoy muy contento de que se lo hayan dado a Bob, así hay más probabilidades de que en la siguiente ocasión en que a los vejetes de la Academia Sueca les entre el apretón de próstata justo durante la votación, me toque a mí, aunque aún tengo la sombra siniestra de Serrat.

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    1. Pensé lo mismo. A Cohen siempre lo han penado de la península, lo contó cuando le dieron el Príncipe de Asturias. Una de sus canciones más famosas, sin ir más lejos, es una reescritura de un poema de Lorca. No es un secreto que se está esforzando mucho por conseguir todas las medallas posibles y soportarlas con la humildad de una montaña jajajaja.

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  3. Apenas vi la noticia me acordé de esta entrada http://www.rollingstone.com/music/news/leonard-cohen-dead-at-82-w449792

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