lunes, 26 de septiembre de 2016

De los perros

El perro, en el Bestiario Aragonés: <<Animal calificado en diferentes bestiarios como impuro. Su hábito de curarse, lamiéndose las heridas, además de volver a ingerir lo vomitado, se compara al pecador que se cura por la confesión y que, después de confesarse, vuelve a incurrir en sus propios pecados>>.


Ayer en la noche, por sexta vez en esta ciudad, en el mismo lugar donde ya ha pasado otras oportunidades, me asaltaron. A diferencia de las anteriores, esta vez el ladrón me sacó la chucha. Nunca me roban nada, pues nunca ando con nada, entonces siempre hago chistes al respecto y, por lo general, los reciben bien, se ríen incluso. Pero el tipo de anoche, uff, me hizo bolsa. Tuve que recurrir a la clásica técnica de cubrirme la cara y cerrar fuertemente las piernas para no quedar tan mal. Así y todo fallé, porque en un punto me pegó un puntete en el espinazo y esto hizo que me arqueara, quedando expuesto.

Después de que se fuera, dejándome hecho un guiñapo, lloré un poquito. Lo normal. Ando sensible estos días. No lloré por la humillación, mal que mal no tengo tanta dignidad. Aunque suene raro, la pena que sentí fue por mi mamá. Imaginé lo triste que se pondría si viera cómo me acababan de golpear. Pero ese sentimiento no se detiene en mí. Tengo una debilidad por las madres ajenas, por sus lágrimas. Siempre que le hago algo malo a alguien, imagino que su mamá me está mirando y me dan ganas de disculparme y lo hago y me arrepiento y me siento podrido. Por lo mismo, a pesar de que me sacaron la comida de las muelas a puros cornetes, no le guardé tanto rencor al asaltante ¿Por qué? Porque me dio pena su mamá. Imaginé su tristeza si viera a su hijito agarrando a cachos a un pobre Sémola de la vida. Además ¿quién tiene la culpa? ¿Yo? Posiblemente, por andar confianzudo por lugares donde sé que hay peligro. Pero tampoco es que esté buscando problemas, simplemente soy muy bruto. ¿Quién tiene la culpa, pues? ¿El asaltante? Al menos tiene más culpa que yo. La golpiza fue gratuita, pero no importa, porque en su cara vi algo desolador, no se me escapó ese detalle. Pude ver una sombra de abandono en su rostro. El amigo posiblemente no tenga una madre que le llore ni un amigo que lo quiera. Así, cualquiera es un tipo violento. Entonces ¿quién tiene la culpa? Me inclino a pensar que la tiene esta ciudad y lo todo que simboliza. Por estos motivos no puedo enojarme (tanto) con el cogotero.

Ahora bien: si alguien tapa un baño con vómito ¿es culpa de la persona O CULPA DEL BAÑO? Bajo la misma lógica que acabo de ocupar, el baño es el sistema y yo, la persona, sólo un borrachito. Así que, amigo, si pude perdonar al tipo que me hizo respirar polvo a puras patadas, confío en que tú podrás perdonar al triste sujeto que tapó tu lavamanos. TODOS SOMOS VÍCTIMAS ACÁ, TODOS.  Piensa en mi mamá. Sé que por muy buena que estuviera la chorrillana y el vino, lo que había en tu lavamanos era asqueroso, a pesar de que era la misma chorrillana y el mismo vino. Pudo haber sido peor. A mí me pudieron haber acuchillado y ¡yo pude haber tapado el wáter! ¿te imaginai? Si lo ponemos en perspectiva, el vómito es varias veces mejor que la caca. De hecho, el buitre es sólo comida sin digerir, como toda la comida que comemos, pero la caca ya es orto tema. Igual hay gente que come caca, pero lo hacen porque se calientan, no porque tenga buen sabor o porque les guste su olor o porque sea nutritiva. Así y todo, estoy seguro de que hay más gente que se calienta con el vómito que con la caca. PONTE TÚ QUE HUBIERA TAPADO CON CACA EL LAVAMANOS. Noo, qué atroz, eso sí que es imperdonable. En fin, no queda más que pedir las más humildes disculpas. Más humildes que cualquier otra weá en este planeta: más humildes que Jesús, Buda y Heidi combinados. Pero no dejaremos que el sistema maldito nos derrote, ¿no? Si tú luchas, yo apaño. Si tú quieres, te ayudo a arreglar el sifón.

PD: Yo no boté (tanto) la guitarra.

Este mes me han pasado muchas weás. Yo sólo quiero estar tranquilo en mi pieza viendo películas.

martes, 6 de septiembre de 2016

Sobre los desastres naturales

Puede ser un gusto trivial, pero saber qué tipo de desastre natural prefieres dice mucho de ti mismo.


Quienes prefieren los movimientos telúricos suelen ser unos borrachos atroces. Sobrios, son ese tipo de personas a quienes les confiarías tus ojos, pero cuando beben se convierten en verdaderos monstruos. Lo tienen que hacer obligadamente cada cierto tiempo, emborracharse, esto los mantendrá estables. Además, pecan de lujuriosos, lo que siempre es bienvenido.

Los que prefieren las tormentas eléctricas son unos malditos poetas (ojo, no “poetas malditos”). Ven continuidad donde el resto ve fragmentos y se jactan de brillar por el desplante de acciones sutiles, pero aniquilantes. Tienen la mala costumbre de mirarle el poto a todo lo que se cruce. Es una costumbre desprovista de libido, es más una mirada experimental.

Esos amantes de los aluviones son personas conflictivas y encantadoras, tipos que te convencen de saltar del puente. También tienen predilección por drogas duras, por las caras. Las consumen frecuentemente de manera sistemática solo para probarse a sí mismos que no son adictos y que pueden dejarlo en cualquier momento ¿Pero eres adicto?, les preguntas ¿Quién no lo es?, te responden.

Las personas que aman las erupciones volcánicas son casi todas mujeres. Son ese tipo de minas que piensan respuestas espléndidas y joyas de sabiduría que dejarían encandilado a cualquier intelectual, pero en el momento en que deben decirlas, recurren a la violencia, provocando daños irreparables en su interlocutor. Daños físicos. La culpa sigue después.

Están los que prefieren los maremotos. Son sujetos callados hasta que escuchan la  canción que les gusta. No bailan bien, pero se mueven como nadie. No cantan bien, pero cuando lo hacen se desgarran más que el mejor intérprete. Su ideología política siempre es extrema y pecan de intransigentes, aunque intenten demostrar lo contrario.

Son todas mujeres las de esta categoría. Rarísimas. Yo no he conocido a ninguna: hay chicas que prefieren los meteoritos devastadores. Tengo entendido que no están seguras de su decisión hasta que conocen a otra que también la comparte, así que suelen mantenerla en secreto. Sobre sus características se sabe poco, porque fingen ser cualquier otro tipo de desastre natural.

Los que gustan de los incendios escuchan música punk, pero son más bien tranquilos. De ese tipo de personas que son una mierda escuchando y hablando, pero cuando les toca observar, destacan. Respiran lentamente aunque estén agitados y tienen la mala costumbre, nocturna, de leer versos sueltos de poemas por internet. Leen mi blog, entre otros.

Las inundaciones, ya sea por crecidas de ríos o por temporales, recaen en un tipo de persona que destaca por su contradicción. Son tremendamente bondadosos, por ejemplo, pero en la cama suelen ser crueles y egoístas. Además, son ese tipo de personas que en la ducha abren primero el agua fría y después el agua caliente. Unos desquiciados mal nacidos, locos de mierda que no merecen vivir.


Mi desastre natural favorito son los tornados. Nunca he visto uno. Acá en Chile son muy poco frecuentes. Cuando niño esperaba que hubiese tormenta, cerraba los ojos e imaginaba que yo era el puto tornado, matando y destruyendo solo porque está en mi naturaleza, sin pedir permiso ni disculpas, a la mierda. Ahora no soy niño y hace años que no hay tormentas. Solo puedo mirar al pasado e imaginar que era feliz, aunque realmente nunca lo fui. Es lo que hacemos los tornados, ponernos tristes y re-tornar sobre lo mismo hasta parecer guitarra con una cuerda.