domingo, 10 de julio de 2016

Del mejor afrodisiaco

Me acomoda bastante bailar música gótica. Como es eminentemente depresiva, no tengo que impresionar a nadie con mi energía. Puedo estar mirando el suelo con cara de poto, bailando solo, sin ánimos, emborrachándome lentito mientras intento superar esa amargura a puro copete. Por eso es tan paradójico pescarse chiquillas en esos ambientes. Cuando ocurre, no dejo de preguntarme: ¿Qué clase de mujer se deja seducir por un amargado? Siempre llego a la inevitable conclusión de que, al ver mi desamparo, surge en ellas un principio matriarcal que las empuja a lamer mis heridas, a proteger al niño que indefectiblemente soy. La erotización corre por el contexto y por la confusión que deben sentir. Tengo que decirlo: inspirar lástima siempre me ha funcionado como el mejor afrodisiaco.

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