domingo, 22 de mayo de 2016

Qué horror no poder salir del camino


En el capítulo XVII de la segunda parte, el Quijote decide enfrentarse a unos leones. Clava su lanza en el suelo y pide que abran la jaula. Los espectadores intentan detenerlo dándole buenas razones, pero la pasión del loco era imbatible. El carretero abre la jaula y Don Quijote espera en guardia. No pasa nada, el león decide quedarse en el vagón. Aunque no hubo contienda, el viejo tuvo las agallas de plantarse ahí, motivo suficiente para cambiarse el nombre de “Caballero de la triste figura” a “Caballero de los leones”.

La segunda parte está llena de desengaños y este es uno de los peores. Qué horror no poder salir del camino. La impotencia es el peor grillete, porque te condena a la cordura.


Hoy me es imposible evitar hablar de actualidad. El loco que se metió desnudo a la jaula de los leones terminará igualmente desengañado. Cuando despierte, notará que no está muerto y le informarán que por su culpa mataron a los dos felinos. Qué suicida más frustrado. Si yo fuera él, intentaría matarme de nuevo, aunque dudo que repita una performance tan perfecta como la suya, porque su acto se desborda de literatura. Mientras escribo esto,  sin mucho esfuerzo, se me cruzan varias citas, muchas intertextualidades para leer esta tragedia. No sé muy bien dónde detenerme, ni tampoco entiendo si deseo llegar a algún punto, pero innegablemente siento una desolación inaudita, motivo suficiente para escribir.

Díganme, amigos, si acaso el encierro no es peor que la muerte. Qué daría yo por ver a esos animales libres. Qué puedo hacer para liberarlos: nada. Entonces, en un acto de compasión y de servilismo culposo, cargando con toda la idiotez de una raza, decido desnudarme y lanzarme a los leones. Aquí me tienen, disfruten su venganza, por favor. Hagan de mí el colgajo sanguinolento que merezco ser. De nada, humanidad, seré su sacrificio, el cuerpo de Cristo. Pero fallas. Qué horror no poder salir del camino. ¿Quién me ha salvado? ¿Soy como Daniel que fue salvado por Dios? ¿Soy como el Quijote que fue salvado por la Fortuna? Soportar el odio del resto no será un problema frente a digerir esa sensación que mezcla culpa y desengaño.

El Diablo de Pablo de Rokha canta:

“¡Mis actitudes quijotescas
no las adquirí en el mercado!
¡No me parece pintoresca
la situación de un ahorcado!”


Pero a mí este ahorcado me parece notable. Simbólicamente perfecto, fiel reflejo de este mundo asqueroso en donde todo debe desmoronarse. Ya lo he dicho otras veces, que el suicidio debe plantearse como si se pensara la mayor obra de arte, cuestión nada complaciente, oportunamente salvaje. Ojalá no muera cuerdo.

2 comentarios:

  1. Heroicidades que matan. El Quijote, gracias a Dios, es un personaje. Se le permite todo. Pero, ¡Héroes del mundo, por el santo amor del Quijote, quedaos quietos!

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    1. Jajajajaja. Salvar algo intentando destruirlo es clásico de nuestra raza humana. Antiguo como hablar.

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