domingo, 17 de abril de 2016

Contra los valientes

El arrojo del valiente no se compara con la profundidad del cobarde. Guerreros, revolucionarios, no nos sorprenden. Puede que sus hazañas tuerzan los párrafos de la historia, pero, con todo, no postrarán la imaginación del cobarde. Y es que por cada acción apolínea que nos refrieguen, en nuestras cabezas ya habremos trazado versiones más grandiosas que las ocurridas en su plana realidad. De la misma manera en que Milo Manara crea mujeres más hermosas que la misma evolución, las ideas valientes del cobarde oscurecerían esas acciones que tanto ufanan a los valerosos. Den las gracias, pues, de que el mundo funcione con sus reglas. Si funcionara con las nuestras se rebelaría lo que realmente son: humanos luchando, un pincelazo sobre el vacío.

lunes, 4 de abril de 2016

Contra los mandalas


Un etólogo me contó que algunos animales domésticos llevan en su ADN la función para la que fueron criados. Luego de años de cruza selectiva, perros de caza, caballos de tiros y bueyes transformaron su instinto en función del trabajo. Es un daño irreparable. Si no trabajan, se estresan. Entonces, si uno tiene, por ejemplo, un pastor ovejero, debe sacarlo a correr como si persiguiera ovejas, de otra manera el pobre terminaría neurótico.

Pasa lo mismo con algunas personas. Es muy posible que en su sangre lleven generaciones de oficinistas afanados, glosadores, escribas procesales o trabajadores en serie. De otra manera no me explico cómo puede ser que se relajen pintando mandalas. Además, no se esconde ningún arte tras esa actividad. Si no hay herejía o faltas de respeto, tampoco hay arte. Es más: si hay relajo o disfrute NO HAY ARTE. Lo que le pasa a esta gente es que su cuerpo les exige estar sentados haciendo algo repetitivo. A mí me relaja caminar, ver el fuego y emborracharme, lo que les dice más de mis antepasados que de mí mismo. Gracias, malditos flojos. A ustedes les hablo, antepasados sin rostro. Hoy pago sus pecados, vivo en una novela naturalista. Ya ven, siempre encuentro excusas para hablar de mí mismo. Parezco mina rica, de esas que pintan mandalas.