miércoles, 23 de marzo de 2016

Contra la ternura

Asistimos a la desacralización de las emociones humanas. Malditos. La felicidad es algo tremendo, no algo chico, no una banalidad. No es ver la sonrisa de un niño. No es ver jugar a un perrito pequeño con su propia cola. La felicidad es escuchar a Malher, mientras lees el final de Moby Dick, contemplando el cuadro más difícil de Velázquez, durante la noche de Walpurgis, haciéndole el amor a una medusa bajo la luz de un eclipse. Eso es felicidad. Si algo menor que eso te produce felicidad, ya la estás desacralizando. Idiotizando. Vejando.

La ternura es la tendencia más funesta y repulsiva. Hoy todo es tierno. Incluso la tristeza, la pena. Conchesumadres. “La weá penita”, qué es eso. “Qué peniwi”, qué es eso. La tristeza es algo terrible, no un gesto fugaz. No es perder un marca libros. No es quedarse sin confort. La tristeza es algo final, es la transmutación de la miseria humana. Recapaciten. La tristeza es ver como golpean en la cara a la pobreza, con Dvorak de fondo, mientras se recitan versos de Pizarnik que se queman en un incendio de araucarias milenarias desde donde emerge la muerte y te muestra el reloj que se acaba y se acaba y se acaba. Nada menor a eso te puede provocar tristeza. No puede ser que destruyas años de semántica por seguir una suerte de moda. El gato es una bestia contenida, no un bicho circense. El perro es un lobo amaestrado, no un payaso de internet. No hay ternura en este mundo, todo es caos, todo es dolor. En vuestro corazón duerme el cataclismo del infinito, la explosión divina que creó a las rocas, al cielo. Emerge de ti mismo y asómate más allá, cantando canciones profanas que hablen de caídas y derrotas. Pablo de Rokha lucha a muerte contra el olvido. No seamos menos.


Luchemos. No sé aun contra qué, pero luchemos.

domingo, 13 de marzo de 2016

ALERTA

Amigos de internet, estoy preocupado. Se acaba de cumplir una profecía. Hace tiempo escribí sobre un sueño que tuve. En él, un tipo me contaba que habían creado una bacteria capaz de descomponer el plástico. Me acabo de enterar que esto está pasando en la realidad. Acá la noticia. Acá la entrada donde cuento el sueño.

Amigos de internet, estoy en colapso. Julio Verne inventó el concepto del submarino antes de que existiese. Yo inventé el concepto de la bacteria antes de que existiese. Yo soy como Julio Verne.

Amigos de internet, ayúdenme. Me merezco UN BOLAÑITO, es todo lo que pido. Necesito dinero, por favor. Un premio, un mísero premio para este pobre hombre.

Amigos de internet, TENGAN MIEDO, MUCHO MIEDO. Si mi sueño se cumple al cien por cien, estaremos todos perdidos. Es el fin de la humanidad. Así que olviden el premio, ya no lo quiero.

Amigos de internet, nunca pensé ser el escritor profeta. YO SOLO SOY UN HOMBRE. POR QUÉ DEBO CARGAR ESTE YUGO, SEÑOR, POR QUÉ.


Amigos de internet, difundan la noticia: el mundo ha llegado a su fin. No fue un placer, nunca lo ha sido.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Integridad artística, beibi.

Fui a bailar el otro día. En cierto momento sonó una canción de The Black Keys y yo les dije a mis amigos que no bailaría esa güeá, que equivalía a bailar un comercial de Falabella. Entonces el Tito me dijo que no era una excusa, porque hasta Los Jaivas habían prestado una canción para un comercial. Independientemente de cualquier argumento mercantilista, le respondí que jamás bailaría una canción de los Jaivas. Cómo. De qué manera. No entiendo. Sería como bailar el Himno Nacional o Pink Floyd o La Marcha Imperial. Terminó la canción de The Black Keys y me arrepentí enseguida. Realmente era un buen tema. Comenzó ese clásico hit de Suede. Cuando me puse a bailar, el Baraja me dice “ah claro, no bailai una canción de Falabella pero sí una de Cachureos”. Intervino Zapatito Nuevo para decir “llegará el día en que todos los buenos artistas habrán colaborado para alguna marca o comercial de TV, no se quejen de güeás”. Le dije que el Tito y yo jamás trabajaríamos para una marca. Integridad artística, beibi. Respondió: “por eso dije <<buenos artistas>>”. Jaque mate.