miércoles, 27 de enero de 2016

Tráfico de órganos


En la micro iba el conductor, una señora con su hijo (7 años), un tipo macizo y yo. No conocía a nadie abordo. Me sobresalté cuando escuché el grito de la señora. Lo siguiente que vi, fue al tipo macizo bajando con el niñito en brazos. El niño estaba paralizado por el miedo. Luego de bajarse, se metieron en una camioneta que los esperaba en la calle. Fueron segundos. Antes de que la señora pudiera reaccionar, la micro ya se había puesto en marcha, cerrando las puertas y acelerando a fondo. Solo queda la señora, el conductor y yo. Hago contacto visual con la señora. Gritó y comenzó a llorar con terror. A través del retrovisor hago contacto visual con el conductor. Su mirada me bastó para comprender la amenaza. Me hago el güeón mirando por la ventana. De reojo veo a la señora gritando y suplicando ayuda, pero  el micrero y yo la ignoramos. Varios minutos después el micrero abre las puertas para que se baje. Ella corre. Yo sigo haciéndome el güeón. Si me preguntan, diré “no supe qué pasó, justo estaba escuchando música”.

domingo, 24 de enero de 2016

Títulos

Como saben, mis poemas no son la gran cosa. Son mediocres. No tengo miedo de aceptarlo: yo soy muy mediocre. Sin embargo, soy espectacular a la hora de poner títulos. Mis títulos son obras de arte que trabajan independientemente de los poemas que preceden. Títulos magníficos en su elaboración, eternos en su brillo y consistencia. A continuación, dejo la lista de algunos TÍTULOS de poemas. La calidad literaria de estos títulos supera dramáticamente a los poemas que nombran.

lunes, 18 de enero de 2016

Potos x Promotoras x Abstinencia x Amor x Quimeras



No lo han hecho, pero si me preguntaran yo diría que no me gusta mucho eso de culiarme a las personas. O sea, ya, me gusta, como a todos, pero estos días me da flojera tener relaciones sexuales. Es que ha hecho mucho calor y me pongo nervioso y transpiro como viejo coquero y me preocupo más por lo que siente la prójima, entonces me distraigo y me da risa y me preguntan “oye, qué weá, de qué te reis” y yo invento cualquier cosa, lo primero que se me ocurra. “Es que me acordé de un meme súper bueno, te lo recomiendo” y no le agrada mi respuesta, a nadie le agradan mis respuestas. Entonces le digo que el meme decía algo romántico, algo como “me casaría con tu poto” o “en tu aliento duerme el diablo”. No me responde nada al principio. Luego me dice que le explique lo primero, lo del poto, lo del poto. Yo le confieso que lo primero que le vi fue el poto, pero no porque “los potos” me vuelvan loco. O sea, sí, me vuelven loco, amo los potos, yo, básicamente, soy un gran poto parlante y humanoide, pero el punto es otro. Mi obsesión con los potos, en general, y con el de ella, en particular, obedece a fuerzas por sobre mi control. Y es que los trajes de las promotoras buscan realzar el poto, tienen elásticos y cosas que hacen que el poto les destaque. Típica estrategia bellaca y vulpeja empleada por una sociedad patriarcal, en donde te ponen minas en pelota hasta pa’ venderte una biblia. Negocio redondo: te hacen adicto a las minas con poca ropa y luego te las venden. Horrible. 

“Así que, si te miré el poto antes que todo, no fue mi culpa, fue culpa de la sociedad patriarcal”, exclamé.

“Pero yo no soy promotora”, acota. 

Y tiene toda la razón. Acá les va un dato. He tenido sexo con millones de mujeres (20), montones tras montones de mujeres (más bien 14), actividad que me otorgó la capacidad de poder diferenciar si una chica es promotora o no. Es algo en el aura, loco, algo en sus huesos. Da lo mismo que esté vestida de promotora. Incluso da lo mismo que vista ropa. Yo lo descubriría. Y, claro, esta chica no era promotora. Lo sé debido a la cantidad de promotoras que se han acostado conmigo: cero promotoras. No hay promotoras para el Sémola. Serán lindas, sí, conforme (¿quién no es linda? díganme), pero luego se desvisten y cachas que no tienen ni pizca de grasa y que son como labradas en porcelana, cero imperfecciones, cero asimetría y de a poco te convences de que no es muy distinto culiarse un maniquí que refregarse con una promotora, así que desistes.

Según mi visión del mundo, eso es lo que pasaría si me acuesto con una promotora. Lo que realmente pasaría es lo clásico. Durar dos minutos. Entonces vendría la vergüenza, seguida de la culpa, seguida de rabia, seguida de la autolástima, de llanto, júbilo, pereza, indiferencia, otra vez culpa, otra vez llanto y así hasta que la chica se vaya y hable con el gremio de las promotoras sobre tus pobrísimas capacidades cachísticas.

Así que le respondo “sé que no eres promotora, también sé que te he vi hace años, un par de veces no más, en la universidad. Sé también que fuiste de las pocas personas que me trató medianamente bien, de esas que al menos fingió reírse de mis chistes. Yo te amo. Debes saber que lo que más me dolió de mi ruptura con la academia fue no tener el tiempo suficiente para conocerte mejor. Me conformaba con ser tu amigo. Estas palabras, amor, son fiel monumento a las maratones de mastubación que me he pegado en tu nombre”.


Eso le diría a mi excompañera de universidad si la volviera a ver. Y esas cosas pienso inmediatamente después de masturbarme. Estoy triste. Estoy ebrio.

sábado, 16 de enero de 2016

jueves, 7 de enero de 2016

Reflejo x Espejo x Acto reflejo

Hoy tuve libre, así que me dediqué a trasvasijar los restos de vodka a una sola botella. Cuando mi labor se tradujo en ebriedad, un ex compañero del colegio me llamó. También era ex amigo. Me lo encontré el otro día y, de pura felicidad, me ofreció ir a su casa a tomar café. Su departamento queda a 33 pisos por sobre el planeta tierra. Es tan alto que incluso hay que subirse a un ascensor (nombre mal puesto, por cierto, les recuerdo que además de ascender, también desciende) para llegar.

Al meterme en el descensoascensor mi sorpresa fue gigante. En su interior estaba la mujer más hermosa. Verla un segundo equivale a hablar 2 horas con Dios. Evidentemente, un nerviosismo salvaje me subió desde el estómago a la cabeza. Iba al piso 34, estaríamos juntos un buen rato. Y cuando estoy nervioso (y cuando no) hablo compulsivamente. Fue así.

“Siempre los ascensodescensores tienen espejos por todos lados, eso me pone nervioso ¿Sabes por qué lo hacen? Lo de poner espejos ¿sabes por qué lo hacen? Te explico: se supone que lo hacen para que la cámara de seguridad pueda registrar sucesos desde la mayor cantidad de ángulos posibles. Eso es lo que se supone. Porque, en realidad, estas cámaras sirven de poco. O sea, si algo pasa en un descensoascensor, algo que merezca ser grabado, es una caída y créeme que será tan fatal que se verá igual desde todas las direcciones. Y puta, los espejos se romperán. Así que, si hablamos bien sinceramente, estoy segurísimo que los espejitos cumplen otro propósito. Su finalidad es que las personas que entren acá se vean obligadas a mirarse y se conozcan y compartan un café o quizás una cerveza, no sé, elige tú”.

No hay que burlarse de los cortejos ajenos. He tenido una malísima racha con mujeres últimamente, entonces joteo por reflejo, sin planearlo mucho. Como vomitar veneno o parpadear ante el sol. Ya. La muchacha me respondió en otro idioma. Creo que era alemán. Dier niel pliaga, algo así dijo. En lugar de tomar cualquier determinación que implicara una salida limpia, intuí que quizás eso del alemán era puro tongo. Quizás fingió hablar otro idioma para no comunicarse conmigo. Solo había una manera de comprobarlo. Como en las películas, cuando el abogado lanza una pelota hacia el testigo que supuestamente es ciego y éste, por reflejo, la esquiva. Pillado. Presenté mi clásica cara de desencanto matutino y dije “apuesto que eris más chilena que ensalá de copihue, conchetumare”. La cachetada fue perfecta y me la merecía 100%. Nada que decir. Fue su acto reflejo: reaccionar ante mal ante una falta de respeto en chileno.

Podrá ser más bella que una colisión entre planetas, pero cuando un misterio acongoja al detective Sémola, nada puede detenerlo (en realidad, todo puede detenerlo).

Ella se lo pierde (ciertamente, no se pierde nada, soy bastante horrible y mal portado y ridículo).

El lector atento se habrá dado cuenta que hay una relación poética, un juego, más bien, entre “el reflejo” como acto involuntario del cuerpo y “el reflejo” como la imagen proyectada por los espejos del ascensodescensor (eso fue coincidencia, nunca planeo muy bien lo que escribo).


Contradecirse, el mejor acto reflejo por excelencia (el peor, totalmente el peor).