sábado, 31 de diciembre de 2016

Otra rosa en el altar de la Fortuna


— Phoebe es claramente marxista. En varios capítulos habla sobre la lucha de clases y sobre el rol que jugará ella en la revolución, revolución que será violenta, se cacha porque amenaza muchas veces a los otros chiquillos de Friends. Es letrista, que es una forma fifí de decir que es poeta, y todas sus canciones tratan de elementos bajos de la sociedad, como animales, desgarros, suicidios, porque ella vivió en la calle, viene de abajo, güeón, no como el resto, que en el peor de los casos partió de la mitad. Por eso Phoebe es mi personaje favorito de Friends, claramente es un punk — Me dijo la promotora vestida de viejito pascuero.
— Se nota que la pensaste. Yo viví en la calle un tiempo y no me las doy de escritor — mentí—. Además, el mejor personaje de Friends es Chandler. Cualquiera te dirá que destaca por ser el más chistoso. Error. Chandler es el más depresivo, de hecho no ríe casi nunca, pero sí hace reír al resto. Esa contradicción está en la base del personaje, es una especie de demiurgo de la comedia. El bufón del tarot. Fuma, pero no fuma. Tiene un papá que es mujer. Se casa con la mandona. Sí, parte desde arriba, gana mucha plata trabajando de transpondster, pero está chato de eso, está harto de la estabilidad y se sale del camino y se vuelve una especie de escritor fracasado, pero perfecto, de esos que parten después de los 40, tan robusto como los Andes, lo que es casi una reescritura de la vida de Raymond Chandler. Güeá obvia: se trata del único personaje humano, por ende, mi favorito— le respondí.
Como nota de vanidad, puedo decir que la dejé impresionada de buena manera. Todo partió porque me pilló robando un queso, acción que ya es tradicional entre los supermercados y yo. Me increpó no muy convencida, una cosa llevó a la otra y terminé diciéndole que me parecía re travesti que las promotoras se vistieran como viejito pascuero, pues era como vestirse de hombre, pero le dije que era más curioso que uno las encontrara sexys, así, disfrazadas de hombre, pues ellas eran re travestis, y uno, un homosexual en potencia, todos los hombres, porque nadie se ha detenido antes a pensar que te está calentando una mina vestida de hombre, y no de cualquier hombre, sino que de Santa Claus, San Nicolás, Papa Noel, el de los muchos nombres, El Viejo Pascuero, por la mierda, el mago más poderoso de occidente, la barba más frondosa desde Odín, todo sobre la panza de un borracho, que maneja animales igualmente borrachos, nariz roja y todo, un hombrón, vieja escuela, un galló, lunfardo y coa desde que despierta hasta que se acuesta, no deberíamos calentarnos, le decía, si nos jactamos de la heterosexualidad, le decía, pero yo no me jacto de eso, le dije, pero sí de otras cosas, comenté, y de qué cosas, me preguntó, de lo que siento por ti, estuve a punto de decirle, pero me detuve y me la jugué de la peor manera, salvaje y directo como un hachazo, le dije que ella, sin duda alguna, se vería más linda sin nada de ropa; fue un balde de agua hirviendo. Oh, sorpresa, no se ofendió y quedamos de vernos en Año nuevo, después de las 00:00, ya borrachos.
Amigos, todo indica que esto es un milagro de navidad. La volveré a ver, ojalá desnuda. Si no logro remojar los cochayuyos de mis costas, que de mí se diga la peor bazofia, porque mi paso por este mundo será un desperdicio de aire, si no logro gritar POESÍA entre sus piernas. Pretendo perder de nuevo mi virginidad. Otra rosa en el altar de la Fortuna.

martes, 20 de diciembre de 2016

El jote, el buitre y el cóndor


Personalmente, no podría identificar las diferencias entre un jote, un buitre y un cóndor, pero estoy claro que los tres corresponden esencialmente al mismo pájaro. Su familia, hermosa etimología, son los catártidos (cathartidae), nombre que se ganaron porque despojan y purifican el suelo de cadáveres (hermosa metáfora). También son animales siniestros y tremendamente mal educados; lo que es un acierto, pues se requiere pecar de obsceno si se desea practicar la necrofagia. En Chile al menos, estas tres aves representan las etapas de una derrota amorosa.

Todo parte con el joteo, zarabanda coquetona con intenciones transpiratorias. Extiendes las alas y buscas lucir por sobre los demás. Acá vengo yo, conchetumares. El apellido con más consonantes. El caballo con más droga. El Han Solo de de San Diego. El éxito dependerá de qué tan buenos somos en fingir que somos naturales. A mí me sale estupendo y aun así conozco gente totalmente superior, esos que nacieron para cortejar.

Luego vine el buitreo. O witreo. O güitreo. Es una metáfora: cómo damos a conocer nuestro real yo, de la forma menos delicada, mostrando las entrañas, el colmo de la vulgaridad. Exorcizar eso que nos hace especiales. Vomitar los detalles más lustrosos y recónditos. En mi caso son cuestiones triviales. Se acaba la ilusión, vuelvo a ser un tipo normal, el más normal. Así preparo el terreno para la tercera etapa.

El condoro: crasus error. Todos caeremos. Por ejemplo, suelo decir cosas como “si me dejas, dejaré de cagar” o “te amo tanto que olvidé traer condones” o “soy capaz de matar a mi familia con tal de verte sonreír” o “dame una quinta oportunidad” o “pensé que estaríamos juntos hasta el martes que viene” o “te juro que fue mi primer beso” o “te regalo un libro si aceptas” o “yo inventé el amor” o “a mí también me gusta tu hermana” o “sé que soy culiao, pero también soy mentiroso” o “no sabía que estábamos juntos” o “ya tenía nombres para nuestros hijos” o “el sexo oral no cuenta como infidelidad” o “perdón, no dormí muy bien anoche, pero dale” o “te juro que es primera vez que me pasa” o “no caché que era tu nariz” o no puedo, estoy con la regla o me gustas porque no eres simétrica” o perdón, me acordé de un chiste del Chavo. Etc.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Blondi, primera parte.

Primera cerveza:

—Pucha, a mí no me gusta mucho Javiera Mena porque la confundía con Camila Moreno y, cuando la gente hablaba de una, yo pensaba que era la otra; me tocó hacer el ridículo cuando apareció en el festival de Viña, porque estaba esperando que sonara un tema que no es de ella, que es de la Camila Moreno, y les pregunté a los cabros qué onda con el tema este y, loco, me hicieron mierda, me hicieron mierda. Acá te pueden perdonar lo que sea, incluso ser feo, pero nadie nunca te perdonará equivocarte de cantante, eso no se perdona, Tito, en serio, ni que hubiese dicho algo facho, es como cuando le dije a una mina que la Drácula de Cópola era una mierda porque…
—Sémola, vamos a ir DESPUÉS DEL RECITAL, DESPUÉS DEL RECITAL. Nadie te pedirá que nombres los temas o que los cantes, nadie güeón, y nadie te conoce, así que tranqui.
—Pero es que además estoy súper sobrio y me fastidia entrar a las discos sobrio, porque me las doy de antropólogo y analizo (o hago como que analizo) el comportamiento de las personas, así como si yo fuera muy distinto, pero soy igual que todos ellos, Tito, incluso peor, una escala más abajo, porque al mismo tiempo soy re caliente, al principio era como un premio, esto de la calentura, pero ahora me pajeo cada vez más, de hecho el sábado, mientras veía el Chavo del 8...
—Eso se quita tomando.
— ¿Lo caliente? ¿El Chavo del 8?
—Lo sobrio, por la chucha.

Segunda cerveza:

—Sémola, la flaca de negro que está bailando atrás de nosotros te está mirando. Aplica. Haz tu magia.
—Puta, es que no me agarro a mujeres que sean más altas que yo. Ni siquiera lo intento.
—Ojo, que si un humano es bajo que tú, ya cuenta como enano. Con ese criterio de mierda segregaste al 80% de todas las mujeres, no solo de la Blondi, sino DEL PLANETA. Y considera que es muy probable que el 20% restante sean lesbianas.
—Me gustan los enanos, son seres bien nobles. Y las lesbianas. Yo también soy lesbiana un poco.
— ¿Por qué no te gustan las altas?
—No he dicho que no me gusten. Lo que pasa es que soy precavido, porque mayor tamaño implica más peso y, en caso de sexo, no tendré la fuerza para tomarla en brazos o algo por el estilo.
— ¿Hacís eso con regularidad?
— ¿Qué cosa? ¿Culiar?
— No, tomar en brazos, levantar mujeres al culiar.
— No, creo que nunca lo he hecho.
— ¿Y por qué entonces lo dijiste como limitante?
— No sé. Además, si alguien me ve con una mina muy alta, estoy a una foto de ser un meme. A una foto, Tito, y soy muy tímido para eso. Luego todos dirán “mandarse un Sémola” o “hacer un Sémola”.
— Puta, no todos pueden alcanzar la inmortalidad con su arte. La gente como tú está destinada a ser un meme. Deberías aceptarlo con la frente en alto.

Tercera cerveza:

—Tito, este tema es excelente, pero es mejor la versión de Nick Cave.
—Güeón, son las Supernovas.
—Sí, son súper buenas. ¿Tú cachai si el Dj acepta recomendaciones? Un tema de Nick Cave, es todo lo que pido. Uno corto. Que lo elija él.
—Sí, los Dj son personas abiertas al diálogo, sobre todo el de la Blondi. Anda a preguntarle altiro para que lo programe.

Cuarta y quinta cerveza, encaramado ahí, donde ponen la música:

—Jefe, a  qué hora la canción de Nick Cave.
—Bájate, no podís estar acá.
— ¿Cómo?
—Bájate, bájate.

Sexta cerveza:

—Pondrá Nick Cave más ratito, te lo apuesto. Oye, ¿aún me mira la flaca de negro?
—No. Falsa alarma. Es lesbiana.
— ¿Cómo supiste? ¿Se pescó a otra mina?
—No, es mi radar de gays, que es infalible. No ha fallado nunca. Es un don.
—No es un don, es estadística y raja, Tito. Conocí a un tipo que decía que podía adivinar cuando una mina estaba embrazada. Era súper trucha, porque sólo había dos posibilidades “sí” y “no”. Entonces no hay adivinación, es cuea. No como mi don.
— ¿Cuál don? ¿El de los conchetumares? Es una mierda.
—No: ser conchetumare no es una categoría ordenada polarmente contra otro término binario. Es una gradiente. Te explico, en esencia, todos somos conchetumares, entonces, mi don consiste en que puedo adivinar en qué nivel de…

Mientras exponía, el Tito se escabulló. No me di cuenta y seguí hablando. Él hizo su paso coqueto. El “Personal Jesus”, le dice a su paso coqueto, que curiosamente es igual a mi paso coqueto, que suelo denominar el “Personal Jesus” y que inventé antes que él. Le funcionó el “Personal Jesus”, se acercó impúdicamente a la mina, explicitando sus intenciones claramente sexuales. La flaquita de negro, bien linda, quien en verdad no era lesbiana, porque se agarró a mi amigo, le comió hasta los bigotes. Más tarde, el Tito confesó que había mentido sobre su veredicto, todo para conseguir una chance, aunque posiblemente dijo que había mentido para mantener la ilusión de su don. Pero mi discurso no se perdió en el vacío. No tuve tiempo de indignarme por la jugarreta del Tito, canalla entre canallas. La explicación de mi teoría llegó a oídos de una mina que bailaba cerca de nosotros. Era igual al vocalista de Journey, pero en mujer, con tetas y eso. Era como la hija del vocalista de Journey. ¿Querís una piscola? preguntó. Acepté: era más baja que yo.

viernes, 9 de diciembre de 2016

DILUVIO


Amigos, siempre se ha dicho que los santiaguinos somos unos exagerados. Eso es completamente falso. Lo que es verdadero, es la gravedad de la lluvia que está ocurriendo en estos momentos sobre nuestras cabezas. Qué horror. En la mañana salí y fue como estar en Stalingrado, plena segunda guerra mundial, incluso peor. Había tanto frío que mi corazón se detuvo un par de veces antes de que alcanzara la calle y no descarto haber visto rastros de nieve en el camino. Pero faltaba lo más terrible, porque a eso de las 10 se rajó el cielo lloviendo y no ha parado y, SEAMOS SINCEROS, tiene toda la pinta de QUE NO PARARÁ JAMÁS. ¿Qué es esto? ¿Un tifón? ¿Un tornado? ¿Otra vez Diluvio universal? Tiene toda la pinta de ser un tornado. O varios. Hay tanta lluvia que incluso llegué con la ropita mojada y con los zapatos embarrados. Quizás estás sean las últimas palabras del buen Sémola y aprovecharé ese impulso, ese último hálito de vida, para confesarles: Me arrepiento de haber tirado mi vida por la borda. Si volviera a nacer, que por favor sea en la opulencia. Ya me cansé de ser pobre.

martes, 29 de noviembre de 2016

FORTVNA IMPERATRIX MUNDI


Me despedí cordialmente de dos jóvenes que se bajaban del ascensor. Una despedida tan protocolar como el saludo que uno dispara al entrar. “Suerte”, les dije, costumbre religiosa que arrastro hace rato. Al bajarse, uno de los chicos se gira y me increpa “no se desea suerte, se desea Éxito”. Las puertas se cerraron y yo continué mi ascenso. No es la primera vez que me dicen eso, que es mala educación desear Suerte. Pero se olvidan que el éxito, lo mismo que la derrota, es un asunto de perspectiva.

“La suerte se la hace uno mismo”, rezan algunas personas, exhibiendo la misma soberbia que se quiebra cuando la Fortuna viene a cobrarse, porque, siguiendo lo que dijo El Practicante en su última entrada, a todos nos tocará, incluso a aquellos más sólidos y preparados: todos dormimos bajo la misma espada de Damocles. El ascensor se caerá con nosotros, el cáncer se llevará a nuestros padres, un auto nos quitará el don de la caminata, un meteoro extinguirá todas las plantas, una caída mató a Leonard Cohen, etc.

La Fortuna gira sin que importen mucho nuestros sentimientos, mujer voluble y tincada, poderosísima. No por nada cuando el cristianismo estaba en la cúspide, se continuaba diciendo que la Fortuna era la Emperatriz del Mundo, porque, por mucha fe que se tuviese, la contradicción entre el Dios Clásico y la realidad quemante, más barroca que simétrica, era evidente. Y ¿qué es más barroco que una mujer? Cierro con un famosísimo pasaje del Quijote, con Sancho dando clases, como siempre.

“Al salir de Barcelona, volvió don Quijote a mirar el sitio donde había caído y dijo:

   ¡Aquí fue Troya! ¡Aquí mi desdicha, y no mi cobardía, se llevó mis alcanzadas glorias, aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas, aquí se escurecieron mis hazañas, aquí finalmente cayó mi ventura para jamás levantarse!

Oyendo lo cual Sancho, dijo:

   Tan de valientes corazones es, señor mío, tener sufrimiento en las desgracias como alegría en las prosperidades; y esto lo juzgo por mí mismo, que si cuando era gobernador estaba alegre, agora que soy escudero de a pie no estoy triste, porque he oído decir que esta que llaman por ahí Fortuna es una mujer borracha y antojadiza, y sobre todo ciega, y, así, no ve lo que hace, ni sabe a quién derriba ni a quién ensalza".


(Casi como un círculo, como una rueda, que tiene 360 grados, uno tras otro, un año muere y vuelve a nacer en 365 días, uno tras otro. Nadie dijo que la Fortuna era una rueda perfecta…)

viernes, 25 de noviembre de 2016

Delirium Tremens

Se suele decir que los santiaguinos somos unos alaracos. No saben lo que me esfuerzo por reforzar ese estereotipo. Siempre me invento enfermedades, porque tener buena salud no va muy bien con esto que hago, con esto que intento, mi performance de vida. Por ejemplo, hace dos semanas soñé que me abducían los extraterrestres; me inoculaban un feto que terminaba gestándose en mi hígado. Luego lo extirpaban y veía con horror lo mucho que se parecía a mí. Desperté deprimido y paranoico. ¡Ts!, me dije, la enfermedad de esta semana será depresión posparto. Fue lo peor que me ha pasado, lejos.

Esta semana fue el dolor de muelas. La pieza 32 lucha por emerger en un mundo que no tiene el espacio suficiente para albergarla. Produjo una inflamación tan agresiva que terminó por destruir la simetría de mi cara. Luzco como Popeye, doctor, por la cara, no por los brazos, me duele abrir la boca y cerrarla, no puedo comer, no puedo besar, tengo olor a pus, me necroso desde adentro. Dígame, doctor, cómo lidio con este flegmón, con el último clavo de mi ataúd. Haga lo que tenga que hacer, le decía, dándole a entender que soportaría sin chistar los embates de la exodoncia, como esos soldados de la 1GM que se dejaban amputar con una sierra embarrada para salvar el resto de la piel. 

El doctor me dijo que no llorara más. Que la hinchazón era mínima y que posiblemente se trataba de un ganglio inflamado, algo típico. Pero yo amo mis ganglios, doctor, son mi parte más favorita. Me recetó antibióticos y analgésicos. Me dijo que uno cada ocho horas y yo me sorprendí de lo barata que la saqué. La Fortuna me sonreía, hasta que sentenció: “No puede tomar alcohol durante los siete días que dure el tratamiento”. Inmensa noticia que me dio sin perturbarse ni un ápice. Me condena a la conciencia, al delirium tremens de la cotidianidad: la enfermedad que se viene esta semana será el síndrome de abstinencia.


Ya siento el sudor recorrer mi vientre, veo borroso, me sobran las uñas, los ojos…

lunes, 21 de noviembre de 2016

Autorretrato


Mi Diosa tiene rostro de mujer y por Fortuna es conocida.
Reiné, reino, reinaré.
La luna también muere donde empieza.

jueves, 27 de octubre de 2016

Reflexiones inconexas ante el umbral de la cesantía



En mis tiempos de ocio suelo mirar videos de crowdfunding. Una de las cosas que me llama la atención es la música que los acompaña. Son tonadas alegres, como de color pastel. Incluyen silbidos o melodías con metalófonos y evocan imágenes absolutas, como a una chica dando vueltas sobre la arena de alguna playa, al atardecer, o a la misma chica alzando sus brazos desde un auto en movimiento, un descapotable, con su cabello al viento, mientras disfruta y grita uuuuuh, porque para ella la vida es hermosa con su sonrisa perfecta, con su pelo tan simétrico que parece mentira, con una delgadez tan enfermiza que podrías saborearle la clavícula desde donde parta hasta donde termina. La misma musiquita aparece siempre en comerciales de celulares o de AFPes y en todos ellos los humanos estamos disfrutando intensamente momentos hermosos que quedarán en nuestra memoria para siempre. Nos intentan vender felicidad, no es ningún secreto. Qué idiota es el mundo a través de los ojos de un publicista.

Una vez le pregunté a un publicista si se sentía culpable por cooperar con esas mierdas y me contestó: “loco, no tengo por qué estar de acuerdo con eso, es mi trabajo solamente”. Lo increpé, le dije que respuestas similares entregaban los torturadores o los periodistas o las asistentes sociales cuando se les consultaba sobre su responsabilidad en las típicas atrocidades en las que se ven envueltos.

“Loco, es mi pega, de algo hay que vivir”. Imagino que siempre podemos blandir esa excusa con cierta tranquilidad, porque es una respuesta inteligente: no arriesga la integridad o la arriesga bajo parámetros aceptables. De algo hay que vivir, pero también habrá que morir de algo y me niego a morir por mi trabajo.

Cumpliré un año trabajando en la bodega de un evangélico déspota que vende libros que te enseñan a dejar de ser homosexual o que entregan argumentos irrefutables sobre la criminalización del aborto y del sexo. (Al respecto, mientras los humanos sepamos escribir, consideraré antisociales a esos que erigen la figura del libro como si fuera la llave de la utopía. Peor aún esos cerdos que le otorgan esa insignia a la literatura). Mi pega no es venderlos ni leerlos. Yo sólo tengo que ordenarlos. No me exige nada más que ordenarlos. A veces estoy todo el día dibujando en Paint o fumando y ná que se me arruga la cara por la culpa.


Renunciaré mañana, pero no será por algún tipo de contradicción interna con mi trabajo. Renuncio porque los haitianos creen que me ando pajeando entre las cajas. Yo sólo me estaba rascando con ánimos, como siempre debe hacerse. No pienso disculparme por eso.

jueves, 13 de octubre de 2016

El peor Leronard Cohen


Lo que contaré ahora no me lo contó nadie, pues lo viví yo mismo.

Corría el año 2008 y un Sémola (que aún no era Sémola) de veinte años juntaba plata para salir de vacaciones. Entre las muchas pegas que tuve, trabajé como botones en el hotel Regal Pacific, en Las Condes. No me pasó nada interesante (de hecho, lo que contaré no es nada interesante). Obviamente mentí para conseguir ese trabajo. Dije que hablaba inglés, pero hasta entonces sólo sabía esas palabras básicas y rudas que enseña la pornografía y el Mario RPG. Un farsante, eso era. Un día (más bien una noche) me encomendaron una misión. Era una misión delicada: desde el lobby, tenía que escoltar a un pasajero a su habitación y éste no podía cruzarse con nadie en el trayecto. El asunto es que estaba todo el mundo medio loco con la llegada de este viejo, pero cuando vieron que en realidad era bastante tranquilo, nada excéntrico, se relajaron mucho y, olvidándose de las etiquetas, me pidieron que fuera yo su escolta. Venía a Chile a dar un recital y al otro día se largaba.

Y bueno, el tipo llegó al hotel después de su concierto. Venía hediondo a wiski. Lo saludé amablemente y, solícito, lo dirigí al ascensor reservado. No recuerdo dónde dormía, pero era muy arriba. Eso me daría tiempo. Otra cosa, el sujeto, a diferencia de cuando llegó a registrarse, estaba más relajado, como con un aura mucho más lúdica. Junté valor y la solté, dije: “The worst Leonard Cohen is the best Bob Dylan”. Me preguntó qué había dicho y se lo repetí. Posiblemente se escuchó algo como “te wor leonarcojén es the bes bodilán”, pero igual me entendió. Lanzó una risa muy poco sutil y, de la nada, se puso a bailar, pero un baile. No. Bob Dylan estaba en guardia pugilística. Yo intenté defenderme, pero pasó todos mis lastimosos intentos de defensa, alcanzándome el estómago un par de veces y ambas mejillas. Aunque duros, no fueron golpes con malicia. Para él era un juego. Me bailó sabroso porque yo boxeo pésimo. Me siguió boxeando todo el recorrido desde el ascensor a su habitación. Paró cuando llegamos a su puerta. La abrí, me dio la mano y también me dio las gracias, en español. “Qué agradable sujeto, deberían darle un premio”, pensé. Hoy se supo que lo galardonaron con el Nobel y sólo le puedo decir una cosa: de nada.


Así que, amigo, este es un mensaje para ti, Nicanor Parra conchetumare: pudimos ser panas, güeón, repanas, pero le diste color con lo del allanamiento y me tiraste a los pacos y te quedaste sin Nobel, en cambio el otro flaco NO LE DIO COLOR y fue buena onda y,...chucha… Eso nomás diré.

domingo, 2 de octubre de 2016

La Cuncuna Amarilla: ¿Canción inocente o himno a Lucifer?

A continuación explicaré por qué la canción de Mazapán “La Cuncuna Amarilla” es en realidad un himno ocultista a Lucifer.


Partamos hablando del color amarillo. Tradicionalmente, este color se ha relacionado con Apolo, el Sol, simbolización vieja del arte, el conocimiento y la inteligencia. Nuestra oruga es amarilla porque el camino que debe recorrer tendrá como meta alcanzar la luz y su medio, en línea con los planteamientos de una vida ocultista, será el estudio.

Al inicio de la canción, vemos que la cuncuna vive bajo un hongo. Esto no es casual. Citemos una estrofa de Neurastenia (Herrera Reissig) para figurarnos qué representa el hongo en este caso:
Con la expresión estúpida de un hongo,
clavado en la ignorancia de la noche,
muere la Luna. El humo hace un fantoche
de pies de sátiro y sombrero oblongo.

En contraste con la oruga que remite a la luz, el hongo, planta nocturna, representa la ignorancia, la oscuridad que impide ver más allá, el manto que vela la mirada del rebaño. Ataduras todas que la oruga busca romper. Así, ya desde el inicio se nos plantea el contexto donde surge la motivación de la cuncuna. Los más atentos podrán percatarse del hecho de que, si bien vive en un hongo, su cama está en las ramas, cuestión que aparece una y otra vez en la canción, esas ganas de cielo, esa ansia de aire, representaciones que convergen en la figura del árbol. No por nada le gusta recibir los rayos del sol y ver volar a los insectos asomada en la copa de un árbol ¿Qué árbol, se preguntarán ustedes? Ya llegaremos a eso. Por el momento destaquemos el hecho de que cuando se describe la vida que lleva la cuncuna, se dice expresamente que era una lectora avanzada; el verso “comía pedazos de hoja” es una metáfora evidente de que sus lecturas eran copiosas y profundas.

En este punto la canción toma un giro importante desde su lírica. Ya deja de cantar una voz omnisciente: el narrador ahora es la cuncuna y nos plantea preguntas existencialistas. Incluso depresivas, si se quiere:

¿Por qué no seré como ellos? Preguntaba mirando a los cielos.
¿Por qué me tendré que arrastrar, si yo lo que quiero es volar?.”

Estos versos son una imprecación a Dios. La naturaleza que rige sobre la cuncuna la mantiene subyugada al suelo, encadenada a la noche. Contra tal designio poderoso se revela este ser inferior y dicho acto, el de revelarse contra el Olimpo, es un gesto tan viejo como la humanidad misma. Recordemos que, según cuenta Milton, Lucifer se reveló ante el orden impuesto por el creador, otorgándonos libertad, así como también Prometeo se reveló contra Zeus para regalarnos el fuego. La rebeldía pareciera ser el síntoma más claro de la inteligencia y la cuncuna sabe que para alcanzar metas debe enemistarse con su hado. Rebelarse contra él.


Las orugas pasan mucho en su forma agusanada antes de cristalizarse en pupa. Esto le pasó a la protagonista, quien un día se sintió extraña, desanimada, con ganas de dormir. Mazapán nos recuerda que el tránsito de la oruga no es otro que el de la vida misma. Dentro del ocultismo, el iniciado es un renacido y, por supuesto, quien nace dos veces antes debe morir. En este caso, todas las “páginas” comidas por la cuncuna finalmente convergen en su estado de pupa. Además, el hecho de que este proceso lo haga “durmiendo”, nos quiere hacer ver que su tránsito se relaciona con el paso de la noche al día.

Ahora bien, el lugar donde hace su última guardia antes de ascender al cielo es en una Higuera. Ya comentamos que la figura del árbol está presente durante toda la canción. Bueno, este árbol es una Higuera. Como sabemos, hay muchas leyendas asociadas a tal especie. Así, independientemente de qué tradición tomemos en cuenta para la lectura, es un hecho de que la Higuera se relaciona con la magia y con el Diablo. De cualquier forma, si se trata de seguir la lectura ocultista, las historias sobre la Higuera que nos interesan son aquellas que involucran a la Noche de San Juan. Esta víspera está unida a la llegada del solsticio de verano: la máxima diferencia de duración entre el día y la noche, celebrada en varios lugares mediante la quema de hogueras que buscan ahuyentar la oscuridad. En ese sentido, la cuncuna amarilla monta su guardia en el árbol legendario, símbolo de luz en el alma y Fortuna. Ahí también se ahorcó Judas, y sus hojas sirvieron para que Eva y Adán ocultaran su desnudez. El peso de la simbología de estos versos es ineludible y da paso al final glorioso de nuestra protagonista. La oruga duerme durante todo el invierno e, invicta, sale de su crisálida convertida en un ser alado, en una mariposa. Es evidente que la mariposa, en tanto psique, representa el alma. La canción es una representación poética de la Via Luciferum, expresa cómo el alma necesariamente debe cambiar y renacer para transitar a estados más trascendentales. Recordemos que las viejas escuelas alquímicas utilizan las etapas de la metamorfosis de la oruga como símbolo de los estados que sufre el alma del iniciado. Ahora que posee alas, la parte más importante del camino comienza.


Esto ya se ha contado antes. No soy el primero. Mi aporte, eso sí, tiene que ver con un aspecto que define aún más la lectura de La Cuncuna Amarilla. En primer lugar, en Chile no hay cuncunas amarillas. Al menos, no de larvas de mariposas. Hay cuncunas con zonas amarillentas, pero no con cuerpos completamente dorados ¿De qué animal se trata, entonces? Dentro del orden de los lepidópteros, un numeroso grupo presente en Chile tiene orugas de color amarillo: son mariposas, pero más esquivas y, en concordancia con las amarguras de un iniciado, también son menos alegres, con colores más sobrios. Se mueven por la noche y frecuentemente se les ve buscando la luz a través de la penumbra. Nuestra cuncuna amarilla es en realidad una larva de polilla (La rima polilla/amarilla es un movimiento que Mazapán hace frecuéntemente. Véase Francisca la Avispa). Aunque parezca sutil, esta diferencia es importantísima, pues Mazapán expone una tradición ocultista de raigambre esotérico-femenina, de manera que, al elegir un animal nocturno, están reescribiendo el mito de Lucifer, pero esta vez encarnado en una mujer (el ser nocturno por excelencia). Desde ahora, quien plante la cara ante las injusticias, deberá ser un ser femenino.


Dentro de este análisis, queda otra pregunta ¿Por qué Mazapán incluyo mensajes esotéricos en sus canciones? Este aquelarre musical se caracteriza por tener obras cuyos mensajes ocultistas están ahí, latentes (por ejemplo, nombres de alguno de sus discos: A la Ronda…, Esta Noche Bailaré, Canta Aleluya Alelú, Los Juguetes del Niño Jesús), pero evidentemente su objetivo no fue “iniciar” a los niños que oyeron sus tonadas. Tampoco se trató de expandir sus creencias como si de un culto se tratase. Para mí es claro que, por lo menos, buscan implantar los principios que subyacen en sus creencias, cuestión que indudablemente ha marcado la historia actual de la nación. ¿De qué otra forman explican que las generaciones que crecieron escuchando estas letras sean las encargadas de revelarse contra el orden, contra el Olimpo? Es de perogrullo: La revolución Pingüina y el movimiento estudiantil del 2011 son síntomas de que el corazón de los niños alguna vez fue tocado por Lucifer.

Otro día explicaré cómo “La Vaquita Loca” predijo la catástrofe de la encefalopatía espongiforme bovina.



lunes, 26 de septiembre de 2016

De los perros

El perro, en el Bestiario Aragonés: <<Animal calificado en diferentes bestiarios como impuro. Su hábito de curarse, lamiéndose las heridas, además de volver a ingerir lo vomitado, se compara al pecador que se cura por la confesión y que, después de confesarse, vuelve a incurrir en sus propios pecados>>.


Ayer en la noche, por sexta vez en esta ciudad, en el mismo lugar donde ya ha pasado otras oportunidades, me asaltaron. A diferencia de las anteriores, esta vez el ladrón me sacó la chucha. Nunca me roban nada, pues nunca ando con nada, entonces siempre hago chistes al respecto y, por lo general, los reciben bien, se ríen incluso. Pero el tipo de anoche, uff, me hizo bolsa. Tuve que recurrir a la clásica técnica de cubrirme la cara y cerrar fuertemente las piernas para no quedar tan mal. Así y todo fallé, porque en un punto me pegó un puntete en el espinazo y esto hizo que me arqueara, quedando expuesto.

Después de que se fuera, dejándome hecho un guiñapo, lloré un poquito. Lo normal. Ando sensible estos días. No lloré por la humillación, mal que mal no tengo tanta dignidad. Aunque suene raro, la pena que sentí fue por mi mamá. Imaginé lo triste que se pondría si viera cómo me acababan de golpear. Pero ese sentimiento no se detiene en mí. Tengo una debilidad por las madres ajenas, por sus lágrimas. Siempre que le hago algo malo a alguien, imagino que su mamá me está mirando y me dan ganas de disculparme y lo hago y me arrepiento y me siento podrido. Por lo mismo, a pesar de que me sacaron la comida de las muelas a puros cornetes, no le guardé tanto rencor al asaltante ¿Por qué? Porque me dio pena su mamá. Imaginé su tristeza si viera a su hijito agarrando a cachos a un pobre Sémola de la vida. Además ¿quién tiene la culpa? ¿Yo? Posiblemente, por andar confianzudo por lugares donde sé que hay peligro. Pero tampoco es que esté buscando problemas, simplemente soy muy bruto. ¿Quién tiene la culpa, pues? ¿El asaltante? Al menos tiene más culpa que yo. La golpiza fue gratuita, pero no importa, porque en su cara vi algo desolador, no se me escapó ese detalle. Pude ver una sombra de abandono en su rostro. El amigo posiblemente no tenga una madre que le llore ni un amigo que lo quiera. Así, cualquiera es un tipo violento. Entonces ¿quién tiene la culpa? Me inclino a pensar que la tiene esta ciudad y lo todo que simboliza. Por estos motivos no puedo enojarme (tanto) con el cogotero.

Ahora bien: si alguien tapa un baño con vómito ¿es culpa de la persona O CULPA DEL BAÑO? Bajo la misma lógica que acabo de ocupar, el baño es el sistema y yo, la persona, sólo un borrachito. Así que, amigo, si pude perdonar al tipo que me hizo respirar polvo a puras patadas, confío en que tú podrás perdonar al triste sujeto que tapó tu lavamanos. TODOS SOMOS VÍCTIMAS ACÁ, TODOS.  Piensa en mi mamá. Sé que por muy buena que estuviera la chorrillana y el vino, lo que había en tu lavamanos era asqueroso, a pesar de que era la misma chorrillana y el mismo vino. Pudo haber sido peor. A mí me pudieron haber acuchillado y ¡yo pude haber tapado el wáter! ¿te imaginai? Si lo ponemos en perspectiva, el vómito es varias veces mejor que la caca. De hecho, el buitre es sólo comida sin digerir, como toda la comida que comemos, pero la caca ya es orto tema. Igual hay gente que come caca, pero lo hacen porque se calientan, no porque tenga buen sabor o porque les guste su olor o porque sea nutritiva. Así y todo, estoy seguro de que hay más gente que se calienta con el vómito que con la caca. PONTE TÚ QUE HUBIERA TAPADO CON CACA EL LAVAMANOS. Noo, qué atroz, eso sí que es imperdonable. En fin, no queda más que pedir las más humildes disculpas. Más humildes que cualquier otra weá en este planeta: más humildes que Jesús, Buda y Heidi combinados. Pero no dejaremos que el sistema maldito nos derrote, ¿no? Si tú luchas, yo apaño. Si tú quieres, te ayudo a arreglar el sifón.

PD: Yo no boté (tanto) la guitarra.

Este mes me han pasado muchas weás. Yo sólo quiero estar tranquilo en mi pieza viendo películas.

martes, 6 de septiembre de 2016

Sobre los desastres naturales

Puede ser un gusto trivial, pero saber qué tipo de desastre natural prefieres dice mucho de ti mismo.


Quienes prefieren los movimientos telúricos suelen ser unos borrachos atroces. Sobrios, son ese tipo de personas a quienes les confiarías tus ojos, pero cuando beben se convierten en verdaderos monstruos. Lo tienen que hacer obligadamente cada cierto tiempo, emborracharse, esto los mantendrá estables. Además, pecan de lujuriosos, lo que siempre es bienvenido.

Los que prefieren las tormentas eléctricas son unos malditos poetas (ojo, no “poetas malditos”). Ven continuidad donde el resto ve fragmentos y se jactan de brillar por el desplante de acciones sutiles, pero aniquilantes. Tienen la mala costumbre de mirarle el poto a todo lo que se cruce. Es una costumbre desprovista de libido, es más una mirada experimental.

Esos amantes de los aluviones son personas conflictivas y encantadoras, tipos que te convencen de saltar del puente. También tienen predilección por drogas duras, por las caras. Las consumen frecuentemente de manera sistemática solo para probarse a sí mismos que no son adictos y que pueden dejarlo en cualquier momento ¿Pero eres adicto?, les preguntas ¿Quién no lo es?, te responden.

Las personas que aman las erupciones volcánicas son casi todas mujeres. Son ese tipo de minas que piensan respuestas espléndidas y joyas de sabiduría que dejarían encandilado a cualquier intelectual, pero en el momento en que deben decirlas, recurren a la violencia, provocando daños irreparables en su interlocutor. Daños físicos. La culpa sigue después.

Están los que prefieren los maremotos. Son sujetos callados hasta que escuchan la  canción que les gusta. No bailan bien, pero se mueven como nadie. No cantan bien, pero cuando lo hacen se desgarran más que el mejor intérprete. Su ideología política siempre es extrema y pecan de intransigentes, aunque intenten demostrar lo contrario.

Son todas mujeres las de esta categoría. Rarísimas. Yo no he conocido a ninguna: hay chicas que prefieren los meteoritos devastadores. Tengo entendido que no están seguras de su decisión hasta que conocen a otra que también la comparte, así que suelen mantenerla en secreto. Sobre sus características se sabe poco, porque fingen ser cualquier otro tipo de desastre natural.

Los que gustan de los incendios escuchan música punk, pero son más bien tranquilos. De ese tipo de personas que son una mierda escuchando y hablando, pero cuando les toca observar, destacan. Respiran lentamente aunque estén agitados y tienen la mala costumbre, nocturna, de leer versos sueltos de poemas por internet. Leen mi blog, entre otros.

Las inundaciones, ya sea por crecidas de ríos o por temporales, recaen en un tipo de persona que destaca por su contradicción. Son tremendamente bondadosos, por ejemplo, pero en la cama suelen ser crueles y egoístas. Además, son ese tipo de personas que en la ducha abren primero el agua fría y después el agua caliente. Unos desquiciados mal nacidos, locos de mierda que no merecen vivir.


Mi desastre natural favorito son los tornados. Nunca he visto uno. Acá en Chile son muy poco frecuentes. Cuando niño esperaba que hubiese tormenta, cerraba los ojos e imaginaba que yo era el puto tornado, matando y destruyendo solo porque está en mi naturaleza, sin pedir permiso ni disculpas, a la mierda. Ahora no soy niño y hace años que no hay tormentas. Solo puedo mirar al pasado e imaginar que era feliz, aunque realmente nunca lo fui. Es lo que hacemos los tornados, ponernos tristes y re-tornar sobre lo mismo hasta parecer guitarra con una cuerda.

sábado, 20 de agosto de 2016

Ahab


El Tito Baraja tiene una mancha en sus papeles porque una vez le quebró la nariz a un minusválido. Me enteré hace poco de esto, pero el hecho en sí ocurrió hace años. No le quise preguntar. “Cada quien con sus demonios”, me dije, pero anoche me contó toda la historia.

El Baraja caminaba hacia el Conservatorio, con los nervios destrozados, cuando al cruzar un paso de cebra un vehículo lo golpeó. El auto iba rápido y, en su apuro, no respetó la preferencia del Tito, estrellándose contra él. Voló un par de metros, pero quedó bien, sin lesiones, aunque con mucha impotencia. Se puso de pie rápidamente y como vio que el conductor no movía el auto ni se bajaba para ver la condición de su atropellado, él mismo fue hacia la ventana. Hervía de rabia. El conductor bajó la ventanilla y el Baraja comenzó a increparlo.

“Al principio me pedía perdón, decía que no me había visto, insistiendo que no me había hecho nada, pero cuando le tiré un escupo, de sumiso pasó a diabólico. Desde adentro me lanzó unos golpes y uno de ellos me llegó en la boca”. El Tito se ofuscó, quién no lo haría. Se desembarazó de la mochila y le plantó el desafío: “bájate, conchetumare, que te voy a sacar la chucha”. Pero el tipo no bajó enseguida. Subió la ventanilla y el Baraja logró ver que algo se engranaba aparatosamente dentro del vehículo. Eran sus muletas. Al bajarse vio que una de las piernas del conductor terminaba en un muñón a la altura del muslo. Mientras el Baraja me contaba esto, yo me espanté. O sea, no está nada de bien eso de ponerse con alguien que tiene una desventaja tan evidente. Si me viera en esa situación seguramente diría “ya, señor, no se sulfure, pero tenga cuidado” y, acto seguido, haría una de mis clásicas desapariciones. Pero el Tito estaba bravo. Y el tipo sin pierna también lo estaba.

“No podía dejar que ese conchesumadre se saliera con la suya. Le faltará una pata, pero eso no le impide leer las leyes del tránsito. Decidí pelear, pero de igual a igual, así que sin pensarlo mucho, me puse a saltar en un pie”. Ambos carecían de un punto de apoyo. Igualdad de condiciones. Aunque ni tanto, porque el conductor ya tenía una vida a cuestas sin una pierna, en cambio el Baraja improvisó su invalidez ahí mismo, sobre la marcha (sin ofender), mientras que el otro ya estaba acostumbrado. Además, el conductor contaba con dos muletas, arma infalible y poderosísima en las manos indicadas (esto último no me lo contó nadie, lo viví yo mismo). De pronto, soltando una muleta e impulsándose con la fuerza de un pequeño salto, el inválido le mandó un mandoblazo con la otra muleta. No le pegó por poco, al Tito, y con eso cachó que era una advertencia para que no se anduviera con jueguitos. Así que ahí, un cojo a consciencia y otro por elección, se cayeron a puñetazos. El Tito tenía las de perder, pero, en un descuido, logró azotar al otro contra el vehículo. Lo azotó de cara, quebrándole la nariz. Le azotó la cara mientras saltaba en un pie, como si celebrara. Lo azotó mientras toda la escena la veía otro peatón, de esos señores que aportan sagradamente a la Teletón pensando que su obra “solucionará” a los discapacitados. Esta persona llamó a los carabineros para detener la pelea que continuaba a pesar de las lesiones, la sangre y el sudor. El orden público llegó y se toparon con un idiota saltando en una pata y esquivando mandoblazos de un paticorto.

Interpretaron la escena como un asalto, lo dieron por hecho. Dieron por hecho que el cojo peleaba para defender su vehículo. La pinta del Tito tampoco ayudó. Ni sus garabatos a los carabineros y al cojo. El sujeto que llamó a los pacos fue el que le plantó una denuncia que le hizo pasar amargos momentos a mi amigo. El Baraja esperaba ver al cojo en el Juzgado, cosa de aprovechar un descuido para caerle de sorpresa con un codazo del pueblo, pero el cojo nunca apareció. Solo vio al denunciante, al caballero Teletón. Tiempo después de la trifulca, el mutilado entró a una especie de competición deportiva para personas con limitaciones físicas. El Tito fue a todas sus competencias y lo abucheó en todas sus carreras, celebrando con burla las victorias de sus rivales.

¿Qué nos enseña esta historia? En primer lugar, que la palabra “minusválido” tiene una etimología horrible que evoca falta de validez. Ya Nietzsche decía que solo alguien superior o igual a uno podría constituirse como enemigo; y razón tiene, pues el cojo del vehículo es un sujeto portentoso, némesis periculoso de mi amigo. En segundo lugar, nos enseña que la lástima es la peor de las discriminaciones. Supongo que el cojo no fue al juzgado porque es un tipo con dignidad; vale, perdió la pelea, quién querría encontrarse con un contrincante en la condición de víctima: nadie. Sé que en secreto piensa que la pelea con el Baraja le devolvió la vida. Sé que en el fondo de su corazón siente que la nariz quebrada le solidificó su espíritu, mostrándose como un atisbo de la dignidad que se merece. Le faltará una pata, pero es un tipo que se masturba, que miente y que se enoja como todos nosotros. Un tipo aburrido de que lo traten como princesita. Estoy seguro de ello. Lo he visto competir y evoca una gallardía que yo no osaría a ostentar. Les recuerdo que uno mismito así, cojito, era el enemigo de Moby Dick. Por último, nos enseña que por más tiernos y lastimosos que nos veamos, cualquiera puede ser un conchetumare. Cuando la Biblia dice que todos somos hermanos, se refiere a eso, a nuestra capacidad de transformarnos en unos conchetumares. Por lo mismo, negarle ese espacio a alguien es deshumanizarlo.

Comparte esta historia si también eres un conchetumare.

lunes, 8 de agosto de 2016

miércoles, 3 de agosto de 2016

Sobre el amor imposible


Mi vecino tiene una gata con un nombre original: Ágata. Creo que ese animal me ama. Me espera todos los días en la entrada. En cuanto me ve, se vuelve eléctrica y me pide con extraños maullidos que pase mis yemas por su lomo. Al primer contacto, se contorsiona en espirales que se asemejan placer. Placer e impotencia. Ronronea cálida y muestra su panza confiando en que llegaré más allá. Pero es imposible. Yo le explico que no puedo sentir deseo por un animal, que, en el mejor de los casos, puedo devolverle parte del cariño que tanto me quiere entregar, pero solo eso. Entonces ronronea como pidiéndome que olvide esas convenciones, que por favor la apreté hasta que la rompa, que la engulla con mis brazos y mi boca. Pero yo no puedo desear a un ser que no habla.

Pobre Ágata, como Eco, está destinada a rondarme sin comunicarse nunca conmigo. Pobrecita Ágata, si hubiera nacido humano quizás seríamos felices, aunque a mí sólo me bastaría con que tuviese el don del habla. Pero es imposible, le explico. Podremos algún día promulgar con nuestras leyes que los animales son personas no humanas: aquello solo sería un gesto, un acto de respeto o de arrepentimiento. El hecho de que las bestias sean inaccesibles, oscuras y tristes nos hace humanos, le digo. Pobre gatita, se acurruca a un costado luchando por decirme cosas que ni siquiera ha empezado a entender, manteniendo en su interior una nube grande y rugosa, un océano confuso que no es capaz de expresar y que, en su desespero, mantiene dentro de sí, confiando que algún día yo podré resolverlo.

Ya le he explicado que la primera manifestación de cultura no fue dibujar a La Gioconda ni escribir el Ulises, sino que fue pintar animales en los muros de las cavernas. Le digo que tal como ella, nosotros nos morimos porque ustedes entiendan eso que también llevamos dentro. Los dibujamos con esa esperanza. Pero somos razas destinadas a estar separadas, porque de esa distancia depende nuestra existencia. Qué pena, le repito. 

En el bestiario que tengo en mi casa, parte de su introducción reza así: “”[...] siguiendo su razonamiento, captar plásticamente a los animales es para el hombre hacerse dueño, en cierto modo, de todo aquello que desea y que no puede realizar. De tal situación se deriva una relación de inferioridad y a la vez de superioridad con respecto al animal. <<Así, el animal es para el hombre el signo vivo de aquello que se le escapa y de lo que conquista, de su limitación y de su dominio, testigo humillante (…) y exaltante de lo que puede el hombre>>. De ahí que el animal interese al investigador, al artista y al <<adorador>>, según Debidour.””

domingo, 31 de julio de 2016

Le gustaba ver videos de ataques terroristas durante toda la noche

Desperté con esto escrito en mi libreta. Por su caligrafía deduzco que lo escribí yo, aunque no recuerdo cuándo ni por qué lo hice. Si encuentran a una mujer así en sus vidas, mándenle saludos. Yo no la conozco, pero me imagino que debe existir.


<<Le gustaba ver videos de ataques terroristas durante toda la noche. Pero no lo disfrutaba, todo lo contrario, esta weá la hacía pico. También le gustaba que le gritara palabras medias carcelarias al oído cuando culéabamos. Me costaba mucho hacer esto último. Además (y esto era lo más raro), entre más salvajes eran las barbaridades que le decía, se ponía más cariñosa que caliente. Como si fuera un gato regalón y viejo. Una vez la pillé rezando. Le pregunté qué onda, que por qué rezaba. Me respondió que lo hacía por costumbre, aunque aceptó ya no le rezaba a Dios. Entonces a quién le rezas, le pregunté. Me dijo que al primer artista y yo no entendí nada. Tomó un papel y me anotó las siguientes palabras: “Dios fue el primer artesano, pero el Diablo el primer artista”. Ocupo ese papel roñoso y marchito como marcalibros. Pero es solo un gesto, porque desde que se fue ya no quiero volver a leer nunca más nada>>.

viernes, 29 de julio de 2016

Trastorno Obsesivo Compulsivo


Si hay algo que no tengo, es TOC. El otro día se me olvidó cerrar la puerta y, al volver del trabajo, vi que mi pieza estaba llena de plumas. Parece que unas palomas entraron. Aun no limpio. Aun dejo la puerta abierta. Me quedo dormido con la luz prendida, me pongo calcetines cambiados, tengo pésimos hábitos higiénicos, no hago mi cama desde marzo y siento tranquilidad cuando veo cosas chuecas, mal puestas. Si están bien, derechitas, ordenadas, es cuestión de cambiar el punto de vista para ver una sarta de átomos arrojados en el caos. Todo está chueco en el mundo de los sin TOC. Todo es susceptible de verse asimétrico, si se le mira con imaginación. La armonía es para burguesitos. El equilibrio, para los burócratas. Las mujeres perfectas, para machistas. No hay ninguna profundidad en esos parámetros. “Tiene una belleza espantosa el alma de la porquería”, escribe de Rokha y le creemos, pues los hongos son más bonitos que las rosas.

miércoles, 27 de julio de 2016

Infame y repugnante canalla

Conocí a un tipo que dijo ser Allendista y Pinochetista a la vez. Le dije “qué buena estrategia para no quedar mal con nadie”. Pero no recibió mi halago. Me dijo que yo era de esas personas que veían el vaso medio lleno, un perfecto cobarde. “Piensa un poquito. La toma de mi postura busca exactamente lo contrario: quedar mal con todos”.

Crack, quiebre. Recordé esa entrevista de Fabián Casas en donde dice que los escritores de derecha, solo porque no les importaba nada, escribían más revolucionariamente que los de izquierda, siempre tan pedagógicos. Después me acordé de Gumucio quien, fiel al mandamiento de “es mejor pedir disculpas que pedir permiso”, por lo menos una vez al año tiene que disculparse por sus palabras. Después me acordé cuando Oscar Hahn contó que Parra una vez le dijo “te envidio porque a mí nunca me han censurado nada”…

Me deleito cuando veo a un sujeto enfrentar al mundo. No me importan sus motivos, porque intuyo que lo buscado, finalmente, es desgarrarse por su choque contra los demás, autoaniquilarse como ser social e intelectual. No escapar del mundanal ruido, sino exigirlo. Como Parra, podría sentir envidia, dado mi carácter cobarde y nada conflictivo, pero luego pienso que mi forma de transgredir se articula con cuestiones más básicas que la opinión popular: mientras el rebelde del colegio consigue esa aura épica que, me temo, lo erige como protagonista, el verdaderamente marginal tiene que ser el estudiante más feo, el más hediondo, el lento. Salió de la máquina sin romper nada, pero volverá causando estragos. Están tomando vuelo (puede que esto les consuma la vida entera, pero es otro tema). Espero terminar siendo como aquel despojo que describe Céline en el barco rumbo a África:

<<Desempeñaba el papel del indispensable “infame y repugnante canalla”, vergüenza del género humano, señalado por todos lados a lo largo de los siglos, del que todo el mundo ha oído hablar,  igual que del Diablo y de Dios, pero que siempre es tan distinto, tan huidizo, en la tierra y en la vida, inaprensible, en resumidas cuentas>>.

domingo, 10 de julio de 2016

Del mejor afrodisiaco

Me acomoda bastante bailar música gótica. Como es eminentemente depresiva, no tengo que impresionar a nadie con mi energía. Puedo estar mirando el suelo con cara de poto, bailando solo, sin ánimos, emborrachándome lentito mientras intento superar esa amargura a puro copete. Por eso es tan paradójico pescarse chiquillas en esos ambientes. Cuando ocurre, no dejo de preguntarme: ¿Qué clase de mujer se deja seducir por un amargado? Siempre llego a la inevitable conclusión de que, al ver mi desamparo, surge en ellas un principio matriarcal que las empuja a lamer mis heridas, a proteger al niño que indefectiblemente soy. La erotización corre por el contexto y por la confusión que deben sentir. Tengo que decirlo: inspirar lástima siempre me ha funcionado como el mejor afrodisiaco.

jueves, 23 de junio de 2016

Intimidades mal pensadas

Qué gesto más obsceno y vulgar es ese de leer en la vía pública, en los parques, en la micro, en los patios de comida. Como si haber escrito esos libros de mierda hubiese sido igual de público, en los parques, en la micro, en los patios de comida ¿No les da vergüenza? Lo pregunto sin ninguna pretensión retórica porque me refiero a la vergüenza de verdad. Plancha. ¿No les da vergüenza que los vean leyendo? Por supuesto que no. Aaah, pero cuando se masturban, pucha que les gusta estar escondidos ¿no? Arrinconados, ahí, solícitos y trabajólicos como una ardillita, aunque impúdicos como una morsa. Si el arte se aleja mucho de la masturbación, deja de ser artístico y se convierte en un vil panfleto. Se acerca mucho al movimiento político, a la reconciliación.


El otro día estaba leyendo en un patio de comidas y consideré la posibilidad (nada vanguardista y tremendamente trillada) de sublimar la literatura desde el odio: emoción bien entendida por todos, pero muy mal trabajada. Lo pensé porque me miró un tipo con ese clásico gesto para cachar qué es lo que yo estaba leyendo. Justo tenía un ejemplar de El Principito entre mis manos. Por qué, se preguntarán ustedes, si yo odio ese libro. Era para regalárselo a mi hermana. Qué mala suerte. Por qué no tenía algo más mío entre mis manos, algo que me gustara. NO SÉ, NO SÉ. JUSTO TENÍA QUE SER EL PRINCIPITO. Tomé aire, me puse de pie y grité: ¡ODIO AL PRINCIPITO! Todo esto por querer generar una buena impresión en el tipo que me había sapeado la portada del libro. Grité ¡ODIO AL PRINCIPITO! y salí corriendo del patio de comidas, sintiendo en mi piel el ardor infinito de sus miradas, personas que obviamente aman al Principito. Fugazmente miré al sujeto y me encargué de que sintiese la rabia esa que nos motiva a seguir. A mi hermana le regalé una carcasa para su celular. El Principito quedó ahí tirado. Si alguien lo encuentra, por favor, comuníquese conmigo. No es barato comprar libros en Chile, aunque sean libros que uno odia. Esos son los más caros.

miércoles, 8 de junio de 2016

Me muestras tesoros que no puedo cargar

Una mujer, caliente y hermosa como el meteorito que extinguió a los saurópodos, me está ofreciendo sexo. Pero no hay sexo fácil para el humilde Sémola. No hay nada fácil para este inocente pajarillo. Quien me está ofreciendo sexo requiere otro cuerpo para conformar ese artefacto que se conoce como trío. Acá mi calamidad, porque cada una de mis opciones implica una derrota que borrará la alegría que debería conllevar un trío. Presentaré a los posibles implicados:

1) Tito Baraja: Es la peor opción, pues, en lo sexual, siempre me ha visto como su rival. Si hago un trío con él, se tornará en una competencia. Quién lo hace mejor, quién transpira menos, quién pone mejores caras, quién se coordina mejor con los límites de la cama, quién la hace gemir más profundamente. Así, hasta la eternidad. Lo peor: he tenido la oportunidad de ver su pene y es una monstruosidad; posiblemente posee pulmones y corazón propio. Es verdaderamente asqueroso. Lo conozco, tratará de ponerse junto a mí, generando contraste, y la muchacha comparará su acorazado Huáscar con mi humilde (pero empeñosa) Esmeralda. Perderé mi atractivo si lo incluyo a él y nunca más me acostaré con esa mujer.

2) El Pecas: Es la peor opción porque tiene una sexualidad mucho más laxa y libre que la mía. Esto no sería un problema, pero cuando se emborracha emergen sentimientos amorosos hacia el pobre Sémola. Si lo tengo en pelota junto a mí, caliente, intentará deslizarse por las sábanas y, fingiendo un error, intentará metérmelo. O me mirará a los ojos mientras se lo mete a la chiquilla, desviando el protagonismo y olvidándose de sus labores. Estoy seguro, tratará de besarme o de tocarme más de la cuenta, cuando la estrella de la velada debería ser ella. “Ay, perdón, es que estaba mirando para otro lado, ja, ja, ja, era tu pene”. Perderé mi virginidad anal si lo incluyo y es algo que no estoy dispuesto a hacer por menos de veinte luquitas.

3) La Zapato Nuevo: Es la peor opción porque es infernalmente caliente. Las dos o tres veces que hemos culeado hace que me vaya lo más pronto posible. Es una especie de competencia que tiene con ella misma, una meta personal. Unas sacan carreras universitarias y otras se dedican a anular al mísero Semolita. A mí me encanta, pero si ya con ella mi performance sexual es un bodrio, con dos mujeres estoy destinado al fracaso más negro. Maldita paradoja, que por abrir tanto la boca no podré nunca más volver a cerrarla. De tan solo imaginarlo creo que ya estoy teniendo un orgasmo. Si la llevo, llegará un punto en que pasaré a un tercer plano mientras las ninfas se despedazan. Perderé mi oportunidad de hacer un trío si la incluyo.


Le hablaré al meteorito. Le explicaré mis razones y, para tranquilizarla, le informaré que tengo dos personalidades. Que desde un punto de vista epistemológico culear conmigo es como culear con dos güeones, aunque desde un punto de vista biológico, desde su punto de vista, culear conmigo no pasará de una masturbación ayudada por un pobre ser humano que vino a este mundo a sufrir. Oh, Fortuna, me muestras tesoros que no puedo cargar. 

miércoles, 25 de mayo de 2016

Profecía 100% cierta

http://amipintacocino.blogspot.cl/2013/05/semola-con-leche-y-salsa-de-vino.html

El título de este blog es “Cocina Chilena barato y rico”, que es básicamente una descripción 100% exacta de lo que soy yo. El título de esta entrada es “Sémola con leche y salsa de vino”, que es exactamente lo que me pasó el viernes. Si continúo con esta lógica, notaremos que la entrada tiene 50 comentarios. Todo un éxito. Así, evidentemente, este blog está prediciendo mi vida: está prediciendo mi éxito. Ya lo decidí, seré de esos sujetos que dicen “el éxito no sirve de nada, el reconocimiento es una estupidez, no busquen la fama”. Lo diré mientras recibo mis premios.

domingo, 22 de mayo de 2016

Qué horror no poder salir del camino


En el capítulo XVII de la segunda parte, el Quijote decide enfrentarse a unos leones. Clava su lanza en el suelo y pide que abran la jaula. Los espectadores intentan detenerlo dándole buenas razones, pero la pasión del loco era imbatible. El carretero abre la jaula y Don Quijote espera en guardia. No pasa nada, el león decide quedarse en el vagón. Aunque no hubo contienda, el viejo tuvo las agallas de plantarse ahí, motivo suficiente para cambiarse el nombre de “Caballero de la triste figura” a “Caballero de los leones”.

La segunda parte está llena de desengaños y este es uno de los peores. Qué horror no poder salir del camino. La impotencia es el peor grillete, porque te condena a la cordura.


Hoy me es imposible evitar hablar de actualidad. El loco que se metió desnudo a la jaula de los leones terminará igualmente desengañado. Cuando despierte, notará que no está muerto y le informarán que por su culpa mataron a los dos felinos. Qué suicida más frustrado. Si yo fuera él, intentaría matarme de nuevo, aunque dudo que repita una performance tan perfecta como la suya, porque su acto se desborda de literatura. Mientras escribo esto,  sin mucho esfuerzo, se me cruzan varias citas, muchas intertextualidades para leer esta tragedia. No sé muy bien dónde detenerme, ni tampoco entiendo si deseo llegar a algún punto, pero innegablemente siento una desolación inaudita, motivo suficiente para escribir.

Díganme, amigos, si acaso el encierro no es peor que la muerte. Qué daría yo por ver a esos animales libres. Qué puedo hacer para liberarlos: nada. Entonces, en un acto de compasión y de servilismo culposo, cargando con toda la idiotez de una raza, decido desnudarme y lanzarme a los leones. Aquí me tienen, disfruten su venganza, por favor. Hagan de mí el colgajo sanguinolento que merezco ser. De nada, humanidad, seré su sacrificio, el cuerpo de Cristo. Pero fallas. Qué horror no poder salir del camino. ¿Quién me ha salvado? ¿Soy como Daniel que fue salvado por Dios? ¿Soy como el Quijote que fue salvado por la Fortuna? Soportar el odio del resto no será un problema frente a digerir esa sensación que mezcla culpa y desengaño.

El Diablo de Pablo de Rokha canta:

“¡Mis actitudes quijotescas
no las adquirí en el mercado!
¡No me parece pintoresca
la situación de un ahorcado!”


Pero a mí este ahorcado me parece notable. Simbólicamente perfecto, fiel reflejo de este mundo asqueroso en donde todo debe desmoronarse. Ya lo he dicho otras veces, que el suicidio debe plantearse como si se pensara la mayor obra de arte, cuestión nada complaciente, oportunamente salvaje. Ojalá no muera cuerdo.