domingo, 27 de diciembre de 2015

Sobre los fungis

A tres días de que se acabe el año, aun no se me ocurre ninguna idea decente para la temida “entrada final”. Solo se me ocurren ideas indecentes. Ideas del tipo “un pene va caminando por la calle cuando, de pronto, aparece Gardel y…”. Cosas así. 

Temo no poder estar a la altura y ahí mismo radica el problema. Pues, si de altura se tratase, antes de partir ya estaría perdido. No tengo porte. Ya he dicho que no soy un artista de cuarta ni de quinta. De tercera, señores, de tercera. Hay que envanecerse de ese hecho, cuestión que metafóricamente no tiene nada de altura. Es más bien un gran hoyo. Un agujero en donde yo soy amo y señor y el único habitante. 

No tengo la más mínima expectativa para el año que se viene y eso me relaja. Otro año sin esforzarse. Quizás, "ser libre" no se traduzca en hacer todo lo que uno quiera (convengamos que el deseo humano es algo que no nos pertenece mucho). Ser libre consiste en tener la posibilidad de no hacer nada sin sentir culpa. Esos serán los verdaderos poetas: sujetos que no harán florecer nada. No merecen germinar en flores. Es más lógico que desde hoy se dediquen a esparcir esporas por los cadáveres en lugar de soltar semillas al viento. 

Si se fijan, esta entrada no tiene sentido, pero plantea una imagen bien linda y eso me basta para adoptarlo como consigna oficial.


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