miércoles, 14 de octubre de 2015

Sobre las moscas, su Señor y el futuro laboral.


(Lo que se ve arriba es la foto de una larva de mosca sacada por un microscopio).

Pasé un mes intentando meter dos moscas dentro de una botella para que se aparearan. Suena abusivo, pero en realidad les estoy haciendo un favor: a cualquiera le gustaría estar encerrado con el fin último de rozarse los genitales. Cerca de cumplirse la primera semana, logré meterlas en la botella, pero no se aparearon. Pensé que quizás eran dos moscas del mismo sexo. Así que las solté. Cerca de cumplir otra semana, metí tres moscas en la misma botella, apostando que era más probable la existencia de un sexo distinto entre tres ejemplares, pero tampoco se aparearon. Pensé que quizás estaban muy estresadas. Para la semana siguiente me conseguí una botella grandota y, en lugar de cazarlas una por una, dejé gotas de bebida adentro. En dos horas ya había cinco moscas en la botella. Estuvieron cautivas casi doce horas, comiendo dulce a destajo, y ninguna pareja se apareó. Murieron dos. Recordé eso de que las moscas viven poco y, para despejar mi ignorancia, vi mini-documentales de moscas poniendo huevos húmedos, comiendo cadáveres, volando y frotándose. Aprendí varias cosas. Por ejemplo, aprendí que solo se aparean cuando la muerte se les acerca, así que mi plan sexual era inaplicable y ambicioso si consideramos todas las variables. Aprendí que vistas de cerca son realmente asquerosas. Aprendí que tienen tres mil tres ojos, característica pavorosa, pues significa que ven con lujo de detalles a sus compañeras; por algo no se quieren aparear, si son tan feas. Les abrí la botella para que huyeran, pero no se movieron. En castigo, metí a la araña que vive atrás del libro de Stendhal (no es la araña literaria, esta es otra). La araña no les hizo nada. Aburrido, partí la botella por la mitad. Se acabó el Edén, les dije. No me hicieron caso, les imprequé. Ahora empieza la vida real. Cuando ya no quedaban hijos míos dentro de la botella, consideré la muy seria posibilidad de buscar un trabajo. Llevo casi todo el año cesante y ya me está empezando el hambre y esas cosas. Cuestiones que evitaría si fuese un robot. O una mosca. O millonario. O una botella.


6 comentarios:

  1. Puntualización. ¿Tres mil tres ojos? No es divisible por dos. Teniendo en cuenta que tiene dos bultos ojales uno de ellos tendría un ojo más que el otro. He consultado la enciclopedia y por ahí aseguran que cada bulto tiene dos mil. Bueno, en realidad muy pocos se atreven a apuntar un número así que no está muy claro lo de los dos mil. Pero ¡que no sean pares!. En fin, minucias menores si nos fijamos en otros detalles como que las moscas saborean la comida mientras la pisan. Tienen pelillos en las patas que les permiten detectar el "sabor" de lo que están pisando y si les convence, pues agachan la trompa y se lo comen. Es desagradable pensar que cuando nos están caminando por encima estarán pensando, "humm, qué sabroso"

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    1. Jajaja. Imagina uno tuviese ese poder, el de saborear las cosas mientras camina. Cambiaría por completo la industria de los zapatos. Oye, sobre los ojos, se supone que la mosca común, además de los muchos ojos que tiene en cada globo, posee tres en la frente, tal como los tienen algunas arañas, por ejemplo. Es de esos mecanismos para esquivar manos y, valga la redundancia, arañas.
      Un Abrazo!

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  2. Sabes. De todos tus relatos este me dio cosa (escalofríos se lee muy cursi). La forma de referirte a las moscas... csm... Me pasé mil rollos en colores y te vi demente gozando con el aereo copular de las moscas... Fue raro...

    A tu pregunta. Sí. Me culié a un bailarín y bien culiado, tanto así que se fue 2 veces sin tocarse. Su cuerpo y su culo son de antología...

    Saludines Semolines.

    --
    John Sheltox Tanax-Raid

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    1. Loco eso se llama hipnosis jajajaja. O droga. Espero que sea la primera, aunque no creo que exista mucha diferencia.
      Un abrazo!
      S.

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