sábado, 15 de agosto de 2015

Sobre el Fyto y la fugacidad de ciertas estrellas


Cuando era más chico, tuve la osadía de tomar un curso de comic con el legendario Fyto Manga, quien era una eminencia en el mundo del comic de la época (lo sigue siendo). Esto fue pura suerte, porque mi colegio, municipal por donde se le mire, tenía una especie de contrato con el Fyto. Cuestión que te daba la posibilidad de tomar clases con él. Clases de comic. Habiendo tenido profesores excelentes en todas las áreas, me arriesgo a decir que las clases con el Fyto fueron las mejores de toda mi escolaridad.
El curso finalizaba con la producción de una revista de comics que los mismos alumnos dibujaban. Eran pocos números y solo la leían algunas personas del colegio, pero era el orgullo más grande al que un homúnculo  como yo podía acceder. Para la ocasión creé una historia el carajo de compleja. No tenía sentido de lo compleja que era. Involucraba una bolsa de supermercado que tenía la capacidad de albergar una copia de todas las cosas del mundo, una droga que provocaba viajes mentales en el tiempo, una chica con un ojo entre los pechos, una canción infinita, un camino que le daba la vuelta al orbe y ese tipo de cosas que a uno le produce leer a Borges en la adolescencia. Eran como 35 páginas de comic. Al Fyto no le gustó. No recuerdo exactamente lo que me dijo, pero fue algo como:

“Una narración no tiene por qué ser eterna para que sea buena. Parte del talento narrativo radica en saber contar una historia en pocas viñetas sin la necesidad de dejar el final abierto o de requerir una segunda parte para darle sentido. A veces los autores piensan inconscientemente que entre más, mejor, pero a veces ese desplante termina ahogando la propia obra”.


Tenía razón. Ahora me pego el giro. En cierto sentido, un personaje es la versión literaria de una persona. Entonces, si la Historia corresponde a un conjunto de palabras unidas de manera más o menos cronológica, quizás es legítimo entenderla en términos literarios. Los muertos, pues, son sus personajes, porque la única manera de acercarnos a ellos es a través de las palabras. ¿Qué tiene que ver esto con lo que me dijo el Fyto? En que muchas de las historias más cortas fueron las mejores. Como que los finales trágicos imbuyen de un aura legendaria lo hecho hasta entonces. Ejemplos hay cientos. Pienso en la gente que he visto acá en Santiago (una de las ventajas de la barriga del monstruo es que está lleno de personas muertas)… Estaba escribiendo los nombres de todos, pero me parece una tarea infructuosa. El punto es el siguiente: irse temprano me hace pensar en que la brevedad de la vida podría entenderse como el epítome de la calidad artística que me hablaba el Fyto. Una fuerza X es más efectiva si se concentra en un pequeño punto antes que en una gran área. El eterno retorno. Como un cerillo cayendo por el vacío, animosamente luminoso y trágicamente breve. 

2 comentarios:

  1. Siento envidia. Cuando chico Fyto Manga era mi ídolo y Bakania fue lo más grande que le pasó a la televisión chilena.

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    1. Loco, sus clases eran buenísimas. Fue pura raja habérmelo topado. RAJA.

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