sábado, 18 de julio de 2015

Deseo y letanía a los pies del Pantocrátor

Luego de pensar durante horas en cómo solucionar mis problemas en su amplia gama de manifestaciones (problemas mentales, físicos, financieros, de confianza, de autoestima, de bibliofagia, de botarate, de alcohol, incluso uno que otro problema ortográfico), he decidido que la mejor solución es pedir ayuda externa. Y como no soy menos, decidí pedírsela a Dios a través de una carta en forma de poema (aunque para efectos de la perra academia, el poema ya empezó, ahí cuando escribí “Luego de pensar durante horas…”)

Nos ponemos en presencia del Señor:
En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.


Señor Dios-Padre-Rey

(Dios tanto del universo entero como de los choclos
y las papas
y las anémonas de diferentes colores y texturas),

hoy,
en nombre de  los rigores sufridos por una historia mal escrita (que es la mía),
he venido humildemente a pedir tu ayuda (para mí, principalmente).

Y es que considerando todas las derrotas sufridas que me han arrinconado en tan corto tiempo,
y considerando mi nulo interés por cambiar aquel panorama,
y considerando que me dirijo a un ser Omnipotente,
omnipresente,
omnisciente,
inmortal,
infinito,
eterno,
y considerando que casi nunca te pido nada muy complicado

(excepto con esos sudokus tan aberrantes que a veces trae el diario de la mañana),

y considerando todas las buenas acciones que he hecho en este último tiempo
(que no enumeraré:
primero, por tratarse de una lista abrumante de extensa;
segundo, porque poseo la humildad más basta y perfecta de la creación, un mártir en regla),
he venido, humildemente,
arrastrando apenas estas poquitas palabras que recuerdo,
a pediros un deseo.

Uno, solamente.

Ten en cuenta el nulo vestigio mundano en mi petición.
También, ten en cuenta que El Deseo en sí mismo es tremendamente altruista y benefactor, porque,
si bien me ayudará a mí en una que otra cosita,
también dará la oportunidad para que cambien muchas cosas en este plantea roto por el egoísmo, 
por los hombres y mujeres cava-fortunas rompe-petróleos.

Para ilustrar el punto de las regalías que todos disfrutaremos gracias a este deseo,
se podrá prevenir uno que otro atentado terrorista con consecuencias nefastas

(tanto para la economía como para la propiedad privada),

se podrá apostar solo a ciertos caballos específicos

(sin despotricar el vil dinero que tanto escasea en esta parte del año),

se podrá pensar más de dos veces prestarle plata a los amigos,
se podrá pensar dos veces si saltar o no,
si comérselo o no,
si disparar o no,

porque, 
entendámonos de una buena vez:

vivir es una cuestión bastante obligatoria y no necesariamente estamos haciendo algo malo cuando terminamos voluntariamente con esta mundana existencia.

Piensa, Dios, en todas las cosas que se pueden enmendar.

Solo piénsalo...

Finalmente,
ten en cuenta que es lo último que te pido,
que después de esto no te pediré nada más

eternamente
nunca
jamás,

hasta que el cielo del espacio sea lo único que nos rodee,

aunque se me enchueque la cara por el frío y se me caigan mis queridísimos dientes,
aunque me crezcan, por todo el cuerpo, una o varias invaginaciones con voz propia,
aunque se me vuelva a perder un zapato o el artefacto con el que abro las botellas,
aunque me vuelva obeso de tanta menudencia ricoqueta*,
aunque me encuentren uno o varios cánceres,

aunque finalice mis días respirando despacito en una catre de hospital, recordando borrones de lo que alguna vez fue mi vida.

Aunque pasen todas estas cosas te juro,
so pena de infierno terrible y rocoso
de restricciones sexo-eróticas
de tortura eterna
de condenación
de miseria
de UDI,

te juro que será mi último y único deseo:

Lo que deseo es que retrocedas el tiempo unos cinco añitos.


Listo,
nada más,
eso es todo, 
para qué tanta alharaca.

Pero ya que estamos en esas, aprovecha de permitir a mí y a un puñado importante de mortales importantes (“importantes” desde tu punto de vista, en eso no me meto) conservar las memorias que hemos guardado en este último lustro.

Para que sea un mundo mejor lejos del zarpazo certero del sistema.

Pero sobre todo,

para poner a prueba mi experiencia actual, y ver, de una vez por todas, si soy tan agüeonao como creo que soy,

porque estoy seguro (casi seguro) 
que elegiría este mismo camino cuesta abajo, derechito al fuego.
Pero claro, no podemos saberlo a menos que lo hagas, Dios, 
así que manos a la obra.

(De paso, podrías considerar achicarle el pene al Tito Baraja, mira que eso lo hace soberbio y creído).

Amén.


2 comentarios:

  1. Si lo vas a poner en uno de esos rollos de firmas de interné, dímelo, que yo lo firmo -menos en lo del pene del barajas, que no quiero enemistarme con nadie, y nada me molestan las dimensiones de su miembro. Justo me viene muy bien lo de los cinco años. Y, vamos, que si no no quiere molestarse más, que los repita ad aeternum que tampoco estaría mal, sobre todo los primeros dos. Después ya empeora un poco, pero sabiendo que al cabo de un par de años o tres todo volverá a empezar, firmo a ojos cerrados.

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  2. Recuerda, por otra parte, la película "Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo", donde al tipo le permitían vivir otra vez diez años de su vida. http://nopuedousarlaeneconbigote.blogspot.com.es/2014/06/querida-voy-comprar-cigarrillos-y-vuelvo.html

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