domingo, 17 de mayo de 2015

Recuerdos del difunto Vilches


—¿Con el Diablo?
—Se lo juro, con el mismísimo Diablo, el Mefistófeles —dije.
—Creo que no es lo mismo…
—Qué cosa— dije.
—Mefistófeles y el Diablo. Me parece que son cosas distintas. Personajes distintos.
—No, parece que Mefistófeles y Lucifer son cosas distintas— dije.
—Pero Lucifer y el Diablo son la misma weá.
—Ah, tiene razón. Pero en Fausto ¿Se leyó Fausto? —dije.
—Claro, de hecho una vez interpreté a Fausto.
—Ya po, ahí aparece Mefistófeles y parece que es como el Diablo igual po— dije.
—Tenís razón, Sémola.
—Pero lleguemos a un consenso con el nombre— dije.
—¿Por qué? No me parece necesario.
—Lo es— lo dije justo antes de tomar un buen trago de cerveza.
—¿Por qué?
—Porque dependiendo del nombre es la imagen o la implicancia que tiene el Diablo. Además siempre hablo de él, tengo una especie de manía— dije.
—No te capto.
—Qué cosa no me capta— dije.
—Lo primero, eso de la “imagen o implicancia”.
—Ah, es que, onda, una cosa es Lucifer, que era bien mino e inteligente y otra cosa distinta es Satanás, que es el de los cachos y la cola de flecha— dije.
—Ah, te capto, es como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo pero en versión copete.
—Claro, en versión Nick Cave— dije.
—Versión Segunda Guerra Mundial.
—Versión Rimbaud— dije.
—Versión Penitenciaría de Santiago.
—Versión Río Mapocho —dije.
—Qué otros nombres le conozco, a ver: Cola de Flecha, Lucifer, El Mandinga. No, ninguno más.
—Mandinga me gusta, es bien autóctono, pero también es muy galimático— dije.
—No existe esa palabra.
—No me importa— dije.
—Me imagino que no te importa, porque tampoco existe el Diablo y llevamos un buen rato hablando de él.
—Pero sí existe, si le dije que me lo encontré a la salida de la graduación— dije.
—Bueno, no soy autoridad en el tema, pero recuerdo esa metáfora de “es como un ladrón”.
—¿Como un ladrón? —dije.
—Claro, se esconde y te hace creer que no está ahí para así operar tranquilamente.
—Ah sí, sí, bueno, ahí tiene otra imagen bien galimática, porque a Dios le conviene que nosotros pensemos que el Diablo es una entidad mala mala mala que lo único que quiere es cagarnos nuestra entrada al Paraíso— dije.
—Pero eso es po.
—Discrepo, comerse la manzana nos hizo libres, señor— dije.
—Y nos trajo la vergüenza, las enfermedades, los vicios y la política.
—No imagino la vida de otra manera— dije.
—Amén— dijo y se bebió lo que quedaba de cerveza. Este mismo gesto se lo copié y ahora lo uso como si fuese mío: decir amén y liquidar un trago.
—Satanás creo que en su idioma original significa algo como “el que lleva la contraria”, como “el opositor”— dije.
—Eso es latín.
—No, no. En latín casi no hay palabras que terminen en N. En griego hay varias, pero en este caso es una palabra hebrea— dije.
—Caramba. En realidá eso del “Satanás” lo sabía porque lo vi en la tele.
—Sí, yo igual, creo que vimos el mismo programa— dije.
—Ya, pero eso del latín y el griego no aparecía en ese programa.
—Ah, es que estudié literatura— dije.
—¿En serio? ¿Y cuánto tiempo?
—Pff, caleta. Demasiado, diría yo— dije.
—Menos de un año, te apuesto.
—Menos de un semestre, señor— dije y bebí más.
—Te sobrestimé.
—Gracias por el halago. Bueno, sobre lo otro, ¿le parece que mejor le digamos simplemente El Diablo? —dije.
— Ya y qué implica.
— Un compadre normal, no tan inteligente pero letalmente inteligente, despreocupado, relativamente rebelde, derrotado, perdedor, picado con la mayoría, evita pleitos, bueno para las fiestas, lúcido triste, borracho feliz, excelente amante, anarquista sosegado, mentiroso profesional, lector imprudente y tremendista— dije.
— Bonito, acabas de describirme a mí y a todos mis amigos.
—Fue coincidencia—tomé un trago — yo me estaba describiendo a mí mismo.
— Entonces ya eres un Gamblero de tomo y lomo, Salud.
— Salud — dije.

Así fue como confirmaron mis primeras sospechas.

2 comentarios:

  1. Hay mucho mito en eso del diablo o como se llame. A mi me gusta ese diablo insidioso (yo tampoco sé qué significa esta palabra) que te cumple los deseos, pero de una manera que maldita la gracia que te hace que se haya cumplido; como ese del chiste del negro que, harto de vivir solo en el desierto, pidió ser blanco, tener mucha agua y ver muchos culos, y lo convirtió en retrete.
    Aquí, precisamente, un cuento de Alejandro Dolina que trata de cuando el Diablo se encuentra con unos gambleros
    http://viernesliterario.blogspot.com.es/2010/03/diablo-alejandro-dolina-cronicas-del.html

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  2. Jajajaja, síiiii. Y el hombre le dice: "Pues, quiero que el pene me llegue hasta el suelo" Y el Diablo le cortó las piernas.
    El cuento lo leo a la noche, muchas gracias por el aporte, en serio.
    S.

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