jueves, 23 de abril de 2015

La noche del Libro

Hoy fue día del libro. Feliz día del libro. Pero ahora es de noche. La noche del Libro. Al respecto dos anécdotas sobre libros.

La primera: desde que vivo solo hay un libro que me ha mucha dado pelea. Es una edición vieja y gastada de La Casa de los Espíritus de Isabel Allende. Solo me quiero deshacer de él, pues descubrí que varios bichos viven entre sus páginas. Eso me atormenta, porque en cualquier momento fundan colonias en otro de mis amados libritos. Como yo jamás voy a botar un libro, he intentado regalarlo todo este tiempo, fracasando siempre. “Apuesto que es uno de tus trucos”. “Odio a Isabel Allende, si pudiera retrocedería en el tiempo y…”. “No, porque me pedirás cosas a cambio”. Entonces ahí sigue, mirándome desde mi escritorio. Lo ocupo de posavasos, de tranca para la puerta, de mata bichos, etc. Podría dejarlo en algún lado para que alguien X lo recoja, pero no es suficiente, una maldición así debe ser entregada con pericia. Se me ocurrió la genial idea de ir a mezclarlo entre los libros de la Feria Chilena del Libro, lugar macabro y capitalista del cual me despidieron hace un tiempo por supuestos robos.


La segunda: he tenido una semana bastante provechosa. Me emborraché casi todos los días, conocí a personas importantes, tuve sexo dos veces (no diré con quién (o con quiénes)), me fue bien en los caballos y, para rematar, encontré esto en el código civil (que, dependiendo de la edición, es un libro también):

Art. 113. Las razones que justifican el disenso [del matrimonio de un menor con un adulto] no podrán ser otras que éstas:
4ª. Vida licenciosa, pasión inmoderada al juego, embriaguez habitual, de la persona con quien el menor desea casarse;


Así que esta es otra razón por la que no me puedo casar (al menos con menores de edad, cosa socialmente mal vista en este lado del planeta Tierra). De hecho, ya me memoricé este artículo. Lo esgrimiré como argumento cuando mi mami me pregunte por qué no me he casado.

“Madre, la ley no me lo permite, lo siento”.

“Hijo, eres el mejor, acá tienes cien mil pesos”.


Así están las cosas. La noche gira mientras escribo y una polilla me observa desde la cortina. Todos aman la literatura. Me incluyo. Todos amamos la literatura, cosa paradójica si considero que me ha traído más problemas que alegrías, y sobre todo si considero que mucho de mis libros favoritos son verdaderamente atroces; eso de que “un libro te hace vivir otras vidas” es una basura. Don Quijote murió loco,  Madame Bovary se suicida, Borges murió ciego, mataron a Cesárea Tinajero, hicieron escombros a Troya, todos se mueren: Hamlet, el Mudito y los Azcoitía, Demian, Portos, Macbeth, Ayax, Nick Belane, Ahab, Drácula, Frankenstein. Todos mueren. Y los que no mueren quedan viviendo en 1984. Un libro te hace morir varias veces, eso te lo concedo, lo otro que quede como epitafio en la tumba de algún duquecito o de algún animador de TV.

Buenas noches.

No hay comentarios:

Publicar un comentario