martes, 21 de abril de 2015

La balada del Caído

[Instrucciones:

Léase con tono umbrío, aunque musical, imaginando que se emborracha solitario dentro de un bar ruinoso, fingiendo cargar sobre sus espaldas un peso descomunal, cuando en la realidad no hay peso que pueda resistir. Lea y musicalice profundizando su voz, como si de pronto vuestro pecho fuera una caverna llena de espacio, nido de ecos, caja de nada. A preferencia del lector, intercambie la palabra “Santiago” por el nombre de la urbe más cercana o más lejana, la que usted quiera. Muchos mueren luchando, nosotros lo haremos bailando].


La balada del Gamblero

 I

Sin niuno en el bolsillo
y con un ron entre las tripas,
vas cayendo y te desquitas
con Santiago y sus vecinos.

El Gato Blanco fue vendido
entre trampas y cigarros,
con esta caña no me paro
pa ver esté* mundo torcío.

Cien lagrímas* cruel rocío
no hay lugar para las dudas,
no recuerdes que no ayudas,
que la primera en ser quemada
fue la esperanza con sus críos.
La piedad fue desarmada
como el fango contra el río:
El silencio está podrío,
el silencio está podrío.


II

Gritos crudos por el frío
gargantas rotas junten bríos,
quel Diablo quedó chico
antel milico y sus bombazos.

Un whisky al  seco y no embarazo
al ver tu rostró* sombrío,
con la guadaña de mi brazo
partiendo huesós* forníos.

Vas desmembrando telarañas,
fallas, por los propios sesos.
Juntandó* miséros* pesos
pa’ sanar las costras viejas,
toma la suerte o la dejas
la violencia se hace mía,
aprieto dientes y no miento:
que yo muero noche y día,
que yo muero noche y día.

[...]

IV
[...]

De nada sirve ser rico
cuando el ritual se te acurruca
por los caminos silenciosos.
A LA MIERDA L'ARMONÍA.
El humano está perdío,
sanguinaria sinfonía.
No me importa el futuro,
ni el pasado resistente,
perdío está el presente,
Cristo nunca fue mi guía
en mi canto, mal latente:
Que yo muero noche y día...



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