jueves, 15 de enero de 2015

Entrada 100: El Saturno.


Han sido días duros. Aparentemente el Tres Bastos (que es el dueño del Motel Saturno, lugar donde vivo gratis) ha desaparecido. No tiene buena pinta su desaparición. Según lo que logré cachar, el compadre se metió en un lío con unos peruanos o colombianos o haitianos o argentinos o con todos a la vez. Un lío rancio, creo que vio algo que no debió haber visto y le dijo “eso” a alguien que no debía saberlo. Desapareció porque lo estaban buscando, espero, no porque lo hayan encontrado. En el Marcoleta, supe que le pidió mucha plata al Choro Campana y ese es otro motivo para desaparecer. El Choro Campana mata a quien no le pague y si le pides es porque no tienes dinero o porque le puedes pagar con otras cosas equivalentes a dinero... El Saturno hace tiempo que dejó de ser rentable y, sospecho, podría ser la prenda empeñada. Si el Choro Campana se apodera del Saturno es mejor no estar acá. Me cambio de planeta. Urgentemente, tendré que trabajar, pues nadie querría alojar a un pobre cristiano que tiene que ver tangencialmente con el Choro Campana. Tendré que trabajar para poder pagarme una cama donde dormir. Qué rabia, yo, que odio trabajar, tendré que trabajar. Maldigo al Choro Campana. Al Tres Bastos no lo maldigo, entiendo al idiota, solo espero que esté sano y salvo en algún lugar, perdido en las tripas de Chile. 
Mañana tengo mi primera entrevista laboral en como 3 años. Es para una librería, una bien famosa. En fin. Si la entrada número 100 no fue alegre, quizás lo sea la 200. Me afeitaré, plancharé mi corbata y le pediré al Baraja un par de zapatos decentes. Han sido los mejores “como 3 años” de mi vida. Bajo este techo he vomitado, bebido, culiado y bailado hasta perder la vergüenza.

Oh, Saturno, te mereces, al menos, la mejor de las poesías, la más ardiente de las canciones.

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