domingo, 4 de enero de 2015

Aventura de Año Nuevo, segunda parte.



Todo partió el 31 de Diciembre como a las 18 PM. Se supone que, al igual que el año pasado, iríamos a la Torre Entel. SE SUPONE, porque nunca llegamos (ni el año pasado ni este año). Ya estaba medio borrachito, esto porque había tenido que vaciar la petaca para echarle algún licor nuevo. Mis amigos, quienes estaban abajo, en el hall del Saturno, estaban sumamente desanimados. Es entendible, pues en estas fechas nos vemos empujados a recordar cosas que nos duelen y que nos marcaron. En fin. Hablaban sobre las cosas que los entristecían. Cuando los terminé de saludar, dije:

-No, güeón, no, lo que yo sí que sí odio de estas fiestas son los fuegos artificiales. No los entiendo. Cada vez que los voy a ver, lo único que veo son unas grandes y extrañas alcachofas. O repollos. O palmeras. Si es pa’ eso mejor voy a la Vega y veo GRATIS Y SIN RUIDO todas las alcachofas que quiera. Además que me duelen las orejas.

-Por la mierda que eres amargado, weón de mierda- me dijo el Tres Bastos.

- ¿Y voh? Por lo menos a mí me caen bien los Scouts, son güena onda, no como ustedes, panda de flojos- me estaba refiriendo a lo que hablaba el Tres Bastos cuando llegué, decía que no le gustaban los Scouts porque siempre parecían estar muertos de calor y cantando sandeces.


- Seguro tú soi trabajólico poh. El otro día se te cayó una quina y te dio paja recogerla. Hasta pa' eso erís pajero- me increpó el Pecas.

- Ah, pero güeón, tú estabas ahí, loco de mierda, se me cayeron al andén del metro- es verdad, el Pecas estaba picado porque esa moneda se la iba a prestar para que fuera a las máquinas. Nunca pasó.

- Ya po, si taaanto te gusta la plata debiste haberla sacado- dijo Zapatito Nuevo, quien no pierde oportunidad de atacarme.

-En primer lugar, no me gusta la plata. En segundo lugar, sí me gusta la plata, pero cuando llega fácil.

- Con esa actitud, me sorprende que no seas lanza- replicó Zapatito Nuevo, coqueta, como siempre.

- Seguro es fácil robar, es más difícil la güeá. A menos que quieras, no sé, robarle a los abuelos o a los otakus. Yo no soy de esos, señorita. Yo soy lo suficientemente cobarde como para no robar y morir de hambre si es menester.

-Tengo una idea- interrumpió el monumental Tito Baraja. Para este punto, el ánimo de todos estaba mejorando, además de que ya nos habíamos empezado a tomar las cervezas que trajo el Pecas. El Baraja se puso de pie y se posicionó en el centro de la conjura. Comenzó a hablar con ese tono solemne que utiliza antes de que quede la cagada en nuestras vidas:

- Este año haremos algo verdaderamente importante. Lo más grande que se ha hecho desde la invención del agua ¿Se acuerdan del Grinch, el que se robó la Navidad? ¿O del Señor Burns, que se robó el sol? Bueno, este año nos robaremos el Año nuevo.

-¿Y cómo?- preguntó el Tres Bastos.

- Nos robaremos los fuegos artificiales- sentenció. 

Habiendo dicho esto, la Zapatito Nuevo y el Tres Bastos se despidieron argumentando que esa era la idea más idiota del año y, que si no terminábamos muertos, terminaríamos presos. “Cuando fracasen búsquenos en la Torre Entel”, dijo Zapatito nuevo y, sexy como ella sola, se fue del brazo con el Tres Bastos.

-Bueno, ya que no contamos con dos de nuestros miembros ¿Qué les parece si mejor nos robamos un puro cohetito?- propuso el Baraja y todos asentimos.

-Loco, y que sea del Cerro Canal, nica nos podremos subir a la Torre Entel- agregó el Pecas.

-Sí, el Cerro Canal. Yo vivía por allá antes, yo cacho cómo llegar.


Nos terminamos de emborrachar y, alegremente, partimos en una nueva Aventura de Año nuevo.

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