sábado, 24 de enero de 2015

Una historia del Pecas


Había una vez, en Santiago, un lindo joven llamado Pecas. Se encontraba en un bar esperando a su amigo, el Tito Baraja, pues iban a reunirse para discutir sobre un pequeño problema que los atormentaba.

Sentado, bebiendo una cerveza, el Pecas divisó al Tito entrando por la puerta del bar. Su amigo, como siempre, lo saludó con una extraña, absurda y típica fórmula.

-Güena po’, perejil con patas- dijo el Tito. Tal cosa siempre le sacaba risas al Pecas, porque éste no entendía el sentido de la broma. Pero nunca preguntó nada, solo se quedaba con las sonrisas del momento y luego procedía a olvidar el saludo que, por cierto, mutaba cada vez que se veían.

Al día siguiente, el Baraja se encontró con el Pecas en un costado de la Catedral. Como era costumbre lo saludó:

-Güena po’, chancho con moto- esta vez el Pecas no podía dejar pasar la broma, porque se encontraba con una muchacha, muy linda, a quien podría incomodarle la actitud pasiva que el Pequitas siempre tenía. Además, la palabra “chancho” sonaba como ofensa.

-Oye, pero ¿por qué dices esas cosas? Yo encuentro que no tienen ningún sentido- dijo el Pecas, mirando, por un lado, a la muchacha, demostrando dominio, y, por otro lado, mirando con desdén al Baraja. Pero todos sabemos que el Baraja en ocasiones también es Navaja, de manera que, agudo, respondió:

-¿Qué? ¿No sabes a qué me refiero? Me refiero a un chancho, sí, un puerco, un cerdo, que está montado su moto, una moto barata, y que con sus pequeñas manitas, esas pezuñas gorditas y sin pulgar oponible, está manejando su moto. A eso me refiero. Por eso dije “chancho con moto”. No es un chancho al lado de una moto, no es un chancho amigo de una moto. No. Es un chancho conduciendo y manejando su propia moto- le respondió, haciendo que tanto la muchacha como el Pecas se rieran, solo que la risa del Pequitas fue más sumisa.

Pero el Pecas se las traía. Decidió ocupar la misma broma contra el Sémola, el Gamblero más guapo, educado y varonil de la ciudad. El mejor. Lo fue a ver a su nuevo trabajo. Pretendía llegar y decirle: “buena, chancho con alas”, pero al momento de hablar, se confundió por los nervios y dijo:

-“Buena, chancho con patas”- El Sémola lo miró, con esos ojos tan perfectos que tiene, y procedió a responderle, ipso facto:

jueves, 15 de enero de 2015

Entrada 100: El Saturno.


Han sido días duros. Aparentemente el Tres Bastos (que es el dueño del Motel Saturno, lugar donde vivo gratis) ha desaparecido. No tiene buena pinta su desaparición. Según lo que logré cachar, el compadre se metió en un lío con unos peruanos o colombianos o haitianos o argentinos o con todos a la vez. Un lío rancio, creo que vio algo que no debió haber visto y le dijo “eso” a alguien que no debía saberlo. Desapareció porque lo estaban buscando, espero, no porque lo hayan encontrado. En el Marcoleta, supe que le pidió mucha plata al Choro Campana y ese es otro motivo para desaparecer. El Choro Campana mata a quien no le pague y si le pides es porque no tienes dinero o porque le puedes pagar con otras cosas equivalentes a dinero... El Saturno hace tiempo que dejó de ser rentable y, sospecho, podría ser la prenda empeñada. Si el Choro Campana se apodera del Saturno es mejor no estar acá. Me cambio de planeta. Urgentemente, tendré que trabajar, pues nadie querría alojar a un pobre cristiano que tiene que ver tangencialmente con el Choro Campana. Tendré que trabajar para poder pagarme una cama donde dormir. Qué rabia, yo, que odio trabajar, tendré que trabajar. Maldigo al Choro Campana. Al Tres Bastos no lo maldigo, entiendo al idiota, solo espero que esté sano y salvo en algún lugar, perdido en las tripas de Chile. 
Mañana tengo mi primera entrevista laboral en como 3 años. Es para una librería, una bien famosa. En fin. Si la entrada número 100 no fue alegre, quizás lo sea la 200. Me afeitaré, plancharé mi corbata y le pediré al Baraja un par de zapatos decentes. Han sido los mejores “como 3 años” de mi vida. Bajo este techo he vomitado, bebido, culiado y bailado hasta perder la vergüenza.

Oh, Saturno, te mereces, al menos, la mejor de las poesías, la más ardiente de las canciones.

miércoles, 7 de enero de 2015

Aventura de año nuevo 3 (penúltima)


Llegamos muy borrachos a la ladera del Cerro Canal.
En el camino, el Pecas lloró dos veces.
Dijo que extrañaba su Musa.
No había nadie en los alrededores del Cerro Canal.
Nos pasamos, tránfugamente, por la reja que rodeaba al Cerro Canal.
Los tres, como ninjas, subimos al trote la ladera del Cerro Canal.
Los tres, como mosqueteros, inspeccionamos el Cerro Canal.
Como los Tres Chiflados, notamos que no había ningún puto fuego pirotécnico en el Cerro Canal.
Como los Tres Tristes Tigres, bajamos decepcionados.
El Pecas volvió a llorar.

Como las Tres Marías, venían tres hermosas muchachas caminando calle abajo.
“Hola, hermanita ¿acaso no habían fuegos artificiales en el Cerro Canal?”, pregunté.
“Sí, claro”, respondió.
“¿Y por qué no veo nada?”, pregunté.
“Porque ese no es el cerro, ADEMÁS QUE SE LLAMA CALÁN, NO CANAL”.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, tengo una pésima memoria.
Como los Reyes Magos, seguimos a nuestras estrellas (en serio que estaban muy lindas).
Nos guiaron al Cerro Calán, no estaba tan lejos.
¡Oh, largas y funestas horas que nos separan del límite entre…

domingo, 4 de enero de 2015

Aventura de Año Nuevo, segunda parte.



Todo partió el 31 de Diciembre como a las 18 PM. Se supone que, al igual que el año pasado, iríamos a la Torre Entel. SE SUPONE, porque nunca llegamos (ni el año pasado ni este año). Ya estaba medio borrachito, esto porque había tenido que vaciar la petaca para echarle algún licor nuevo. Mis amigos, quienes estaban abajo, en el hall del Saturno, estaban sumamente desanimados. Es entendible, pues en estas fechas nos vemos empujados a recordar cosas que nos duelen y que nos marcaron. En fin. Hablaban sobre las cosas que los entristecían. Cuando los terminé de saludar, dije:

-No, güeón, no, lo que yo sí que sí odio de estas fiestas son los fuegos artificiales. No los entiendo. Cada vez que los voy a ver, lo único que veo son unas grandes y extrañas alcachofas. O repollos. O palmeras. Si es pa’ eso mejor voy a la Vega y veo GRATIS Y SIN RUIDO todas las alcachofas que quiera. Además que me duelen las orejas.

-Por la mierda que eres amargado, weón de mierda- me dijo el Tres Bastos.

- ¿Y voh? Por lo menos a mí me caen bien los Scouts, son güena onda, no como ustedes, panda de flojos- me estaba refiriendo a lo que hablaba el Tres Bastos cuando llegué, decía que no le gustaban los Scouts porque siempre parecían estar muertos de calor y cantando sandeces.

sábado, 3 de enero de 2015

Aventura de Año nuevo



Mi tope es pasar un día AL AÑO detenido en una comisaría. SOLO UN DÍA. El año nuevo pasado, como doce horas después de de las 00:00, me detuvieron por ¿allanamiento de morada? Algo así. Entré a una casa pensando que era la de Nicanor Parra, pero resultó ser otra y los carabineros que me detuvieron fueron los mismos que, un par de horas antes, me habían aprehendido por “desórdenes” en la vía pública. La primera detención, la de "desórdenes en la vía pública", nunca se concretó formalmente, pero la segunda sí. Tuve que pagar multas y todo el rollo, lo que es muy triste, porque fue un simple error, mientras que por lo de los desórdenes me merecía, por lo menos, una paliza estatal. Como me detuvieron a inicios del 2014, me propuse cuidarme todo el año para no caer nuevamente, así que cada vez que tenía la posibilidad de cometer alguna estupidez, lo pensaba un poco y terminaba retractándome. A pesar de eso, por los pelos, no me detuvieron más veces el 2014. En muchas ocasiones escapé de los fiscalizadores del Transantiago. Muchas.

En fin. 

A las 05:30 de la madrugada del primero de Enero del 2015 fui nuevamente detenido y esta vez fue por algo grande. Acabo de “recuperarme” y no tengo nada de buena pinta: un chichón en la frente, el meñique de la mano izquierda roto, diarrea y, lo más loco, sectores de mi piel con quemaduras de primer y segundo grado. Son pequeñas zonas que van desde mi cadera hasta la rodilla derecha, esto por la parte de atrás. El doctor dijo que era poco probable que quedaran cicatrices, cosa que me alegró, porque estoy lleno de tajos y todos se deben a que soy un idiota. La saqué barata: mi amigo el Baraja perdió su bigote en el mismo incidente. Tengo que ir al Juzgado en Febrero…

Qué les puedo decir, amigos de internet, qué les puedo decir...