jueves, 31 de diciembre de 2015

Cave clichem


Hoy, el Quijote me salvó la vida. Hoy, el Quijote (Hago un alto. Ese recurso de repetir una misma palabra al principio de varias oraciones consecutivas es un verdadero cliché. No sé. Como que busca darle aire de discurso presidencial a lo que dices. Anáfora o aliteración, ya no recuerdo cómo se llama. O nunca lo supe. Es lo más parecido a proporcionarle eco al escrito y, hay que decirlo, es la forma más fácil de darle ritmo a la prosa. Los de Noesnalaferia lo ocupan todo el rato. Idea: abres una entrada al azar de Noesnalaferia y si usan ese recurso, tate, vodka. Luego abres otra entrada y otra y repites el proceso y en menos de una hora ya estarás o preso o en la UTI. Por favor. Ya he dicho que en un mundo donde las personas humanas se cuentan por billones es imposible, IMPOSIBLE, ser especial, estadística que siempre me ha mantenido al margen de querer ser distinto u original. Soy muy flojo para siquiera intentarlo. Pero otra cosa muy distinta es ser un cliché. Eso sí que me preocupa y lo evito con todas mis fuerzas. El otro día estaba caminando, de noche, medio borracho, fumando, reproduciendo mentalmente una canción de Chet Baker, mirando el horizonte de la ciudad, melancólico y repasando algunos versos de Baudalaire cuando me percaté de que me comportaba como un gran cliché. No me lo podía permitir. Entonces rompí toda esa pompa de “mírenme, mírenme, que estoy actuando como maldito, loco, me debo ver genial”, como decía, rompí ese trance dándome una vuelta de carnero. Caí pésimo. Me lastimé el tobillo con la fuerza de la rotación. Se me escaparon unas lágrimas y todo. Y, estando ahí tirado, llega un perro y me comienza a oler mi querida entrepierna. Lo primero que pensé fue que estaba ad portas de recibir una felación. Recordé al perro y la vuelta carnero y lo del cliché cuando la dureza del pavimento (¿quién dice pavimento? Yo le digo paimento, papimiento, papi, miento, padre) me insinuó que estaba tirado en la callé. Levanté mi cabeza y vi al tremendo animal forcejeando con la tela de mi pantalón alrededor de mi pene. Una vez me dispararon y no me asusté tanto. Más que ser animalista, soy un animal. Entonces, por instinto, no por convicción ni por maldad, sino que por instinto, el mismo instinto que impide que te lances del piso treinta, una decisión que toman las células de tu cuerpo pero no tu mente, como decía, por instinto tomé la bolsa que andaba trayendo y le mandé un golpe al perrito. De eso iba esta historia. Ya lo recuerdo. Claro que sí, de eso iba. La bolsa tenía mi ejemplar del Quijote, la clásica edición de Francisco Rico. Y ojo que me salvó la vida. El perro fue más rápido y más inteligente. Esquivó el golpe, desviando la fuerza de mi mazado desde su potencial muerte hacia mi pubis. Ahora me duele, pero en ese momento no sentí nada. Me repuse dispuesto a batirme con el can, animal musculoso y sagaz. Les juro que me quería morder el pene. Lo juro. El Quijote me salvó el pene, que es mi único pene y también el último. Tuve que pegarle con mi bolsa porque no tenía otra opción. No recuerdo con claridad lo siguiente. No sé. Llegaron unos pankis, me golpearon alegando que yo era un maltratador y lo siguiente que recuerdo es que desperté en mi casa como siempre. Con moretones y molido, como siempre. Apenas vivo, como siempre. Reviviendo clichés, como siempre. Cierro paréntesis).

domingo, 27 de diciembre de 2015

Sobre los fungis

A tres días de que se acabe el año, aun no se me ocurre ninguna idea decente para la temida “entrada final”. Solo se me ocurren ideas indecentes. Ideas del tipo “un pene va caminando por la calle cuando, de pronto, aparece Gardel y…”. Cosas así. 

Temo no poder estar a la altura y ahí mismo radica el problema. Pues, si de altura se tratase, antes de partir ya estaría perdido. No tengo porte. Ya he dicho que no soy un artista de cuarta ni de quinta. De tercera, señores, de tercera. Hay que envanecerse de ese hecho, cuestión que metafóricamente no tiene nada de altura. Es más bien un gran hoyo. Un agujero en donde yo soy amo y señor y el único habitante. 

No tengo la más mínima expectativa para el año que se viene y eso me relaja. Otro año sin esforzarse. Quizás, "ser libre" no se traduzca en hacer todo lo que uno quiera (convengamos que el deseo humano es algo que no nos pertenece mucho). Ser libre consiste en tener la posibilidad de no hacer nada sin sentir culpa. Esos serán los verdaderos poetas: sujetos que no harán florecer nada. No merecen germinar en flores. Es más lógico que desde hoy se dediquen a esparcir esporas por los cadáveres en lugar de soltar semillas al viento. 

Si se fijan, esta entrada no tiene sentido, pero plantea una imagen bien linda y eso me basta para adoptarlo como consigna oficial.


jueves, 17 de diciembre de 2015

Sobre los lastres impuestos por la naturaleza

1) Solo fumo cuando bebo. 
2) Soy un bebedor social. 
3) El humano es un ser social. 
Ergo, como sigo siendo humano, siempre estoy borracho y hediondo a cigarro. Es consecuencia de mi naturaleza humana. No puedo negar mi naturaleza humana. Soy una víctima. Solo soy un hombre. No puedo cambiar mi esencia por más que luche*.


*"Luche" sería el nombre de Rayuela si Cortázar hubiese sido chileno. Cualquier otro cambio hipotético relacionado con su hipotética nacionalidad chilena sería un tema nimio al lado de este nuevo título; Luche, el libro del Cortázar-chileno, habría sido un mejor libro que Rayuela, acéptenlo.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Cara de mono


Miraba a una mina hojear un libro de Durero cuando un tipo interrumpe mi volá diciendo: “oye, tú tienes cara como de haber leído a Bukowski”. Chucha. Me lo tomé como una ofensa ¿Qué cara es la cara de ‘haber leído a Bukowski’? Si partimos de la premisa obvia que concibe a todos los lectores sin un rostro definido, independiente de si son lectores de Bukowski o Chopra, solo queda una opción que despejaré con la siguiente pregunta ¿quién ha sido el único que, con un 100% de seguridad, ha leído a Bukowski? La respuesta es obvia: BUKOWSKI. En otras palabras, el tipo me dijo que me parecía al Buk. No de prosa, no de porte, de cara. DE CARA. “Tienes cara de”. Parecerse al Bukowski po, gracias, compadre, gracias, me acabas de hacer descender en la escala evolutiva. Merecía una venganza severa. Un insulto nuevo jamás nunca escuchado por ningún humano. Algo que de tan solo pronunciarlo me quitara varios años de vida. Una vulgaridad traqueal, un gargajo literario. Una antorcha en su granja.


Me preguntó qué título le recomendaba para empezar a leer a Bukowski. Ahí vi mi oportunidad de atacar. Dije: si pretendes leerte los poemas, elije ordenar las novelas según su año de publicación y así vas sumándole las obras líricas al mismo ritmo, cosa de cachar la evolución de su literatura; PERO NO TIENES CARA DE LEER POESÍA, así que recomiendo leerte las novelas según el periodo que representan, sin importar su fecha de publicación. Hizo como que no entendió la ofensa. Me ignoró por completo. De hecho sonreía y movía afirmativamente su cagá de cabeza. Entonces ¿con cuál empiezo? Le anoté el listado en un papel. Me dio las gracias, el muy rufián. Me tendió la mano y me sonrió como si fuera su alma gemela. Fue tanta su burla que dejó unas felicitaciones en el libro de reclamos. “Por la buena disposición y la buena onda”. Mi jefa me felicitó. NO ME PAREZCO A BUKOWSKI.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Sobre la simpleza de algunos hombres

Las polémicas, en tanto literarias, despiertan pasiones muy mal vistas. Ese rechazo se relaciona con la posición de los implicados; no es raro que íntimas rencillas personales salgan a encender la batalla, cuestión que se aleja del campo literario y que, por ende, no genera los frutos esperados entre el choque de dos artistas. Sin embargo, el grueso del público siempre se manifiesta en contra la polémica, independientemente de los contendores o los temas en discusión. Al consultársele por su opinión sobre la típica pelea De Rokha/Neruda, Gonzalo Rojas deslegitima dicha contienda, argumentando que alimentarla es fruto del conventilleo y el reconcomio típico del Chileno, preocupado más por la nota banal y estéril que por apreciar el monumento de ambos poetas.



Yo soy un hombre simple. Un típico chileno. Soy del tipo de weones que está a favor de la polémica, sin importarme los implicados o los temas. Guardo mis libros de Pérez-Reverte junto a los de Bolaño solo para que estén ahí, tensos. O los de Bolaño con el ejemplar de La Casa de los Espíritus. O los de Bolaño con los de Eltit. No tengo nada de Góngora, así que guardo los de Bolaño con los de Quevedo también. Yo soy un hombre simple. Yo solo quiero ver cómo se sacan la conchetumare.

lunes, 23 de noviembre de 2015

El súper-ataque de la gótica borracha

“Moriré antes de terminar el Quijote”, pensaba. “Seguro que moriré antes de leer la mejor parte, la más recordada”, seguía pensando. Estaba tan borracho que prendí el cigarro al revés, pero eso no me detuvo. Dije en voz alta: “nada detiene a alguien que no tiene nada por qué luchar”. Reí. Era la peor consigna. La palabra “nada” aparecía dos veces, lo mismo que “tiene”, además de la nunca bien recibida doble negación. Era más bien un trabalenguas. Cacofonías de un borracho. Soporté fumar el filtro así como si nada, haciéndome el canchero, hierático. Sentí placer al llegar a la parte del tabaco. 

Vi que se me acercaba una chica gótica. La más gótica de Chile. Palidez y ropa negra, nada más. Me pide fuego.
Lo siento, no transo con los de tu clase, le respondo.
¿Con los de mi clase?, me impreca.
Con los de tu clase, replico.
Y, según tú ¿cuál es mi clase?, me interrogó desafiante y un ápice de agresiva. 
Parpadeé dos veces antes de responder. Le dije que bajo ningún motivo yo haría tratos con vampiros. Ella, bajo toda seguridad, era un vampiro.
“No soy un vampiro, agüeona’o”, me dijo, riendo, pensando que mi inquietud era parte de una broma, de un cortejo, cuando en realidad era parte de mi ebriedad (un cortejo también).
Le respondo que eso mismo me diría un vampiro al verse pillado, pero que yo era más inteligente de ella.
Me dice que aunque fuera un vampiro, jamás me chuparía la sangre, en parte por mi negligente condición estético-higiénica, en parte por mi ácido humor
¿Humor? Si quisiera hacerte reír contaría algún chiste el colmo de ordinario, con garabatos innecesarios e involucrando partes pudendas a granel, dije. Soy de los que hace chistes del garabato fácil, de la ordinariez sin sentido. No sé, llámame poeta, no sé.
Me mandó a la chucha. Me quitó el cigarro y con la brasa prendió el suyo. No se fue. Se quedó sentada junto a mí, notablemente picada. 
La gente cree que una, como vampiro, se anda comiendo a cualquiera. La gente piensa que una mata personas por placer, por diversión. La gente te juzga sin ponerse antes en tu lugar.

Le digo que no me venga con güeás. Se lo digo así: no me vengas con güeás. Me toma la mano y me pregunta si quiero ir a bailar. De borracha olvidó que estábamos en Plaza Baquedano y debió pensar que estábamos, no sé, en una disco o en mi pieza o en su pieza. En la cara frontal de su hombro lucía un Tatuaje morado y azulesco de una araña, en cuyo abdomen se podía apreciar una mano de seis dedos haciendo algo como el signo de la paz. Le pregunto por su significado y me dice que no me meta, que era cosa de vampiros, que vayamos a bailar. Nos pusimos de pie y bailamos ahí en la calle. Por suerte no había música, así que no cachó que tengo menos ritmo que esos tarritos con monedas que blanden los ciegos. 

Yo también tengo un tatuaje, le insinúo. Es una consigna de muerte y poder, un himno a la brutalidad de los artistas muertos. Me pregunta qué es y dónde está. Está en mi espalda, le respondo. Dice “Nada detiene a alguien que no tiene nada por qué luchar” con letras bizantinas. Creo que no lo entiendo, me dice. Obvio que no, no es para vampiros. La gótica se fue antes de que saliera el sol. Todo sea por mantener una ilusión. Todo sea por extender una borrachera. Yo terminé de bailar cuando la gente me empezó a dar limosna. 

jueves, 19 de noviembre de 2015

Pornografía Paranormal (fragmento)

En el corto tiempo que trabajé en la Filsa me topé con un libro llamado Pornografía Paranormal. En menos de cien páginas, algunas imágenes y dudosa credibilidad, se habla sobre fantasmas y otros fenómenos captados durante la grabación de videos pornográficos. No lo compré. Agrego algunos fragmentos sacados de ahí.


Pornografía paranormal (fragmento).



[…] Junto con el desarrollo de la tecnología para registrar el movimiento, surgió la necesidad casi inmediata de grabar escenas de sexo explícito. Aunque se cree que hay otras obras anteriores, A Free Ryde (1915) es la cinta más antigua de la que se tiene registro, marcando tendencia dentro del intuitivo y nuevo género de la pornografía en video. La mención de esta efeméride se trae a colación con el objetivo de que el lector comprenda que, a la fecha, la humanidad ha producido cien años de pornografía. De aquel dato se deduce que la cantidad de horas filmadas es ingente, tiempo que se ve notablemente aumentado si consideramos que en la actualidad el acceso a la tecnología cinematográfica es una cuestión cada vez más generalizada.

martes, 17 de noviembre de 2015

Inmensa tormenta


Siempre he temido descubrir que padezco de una parafilia extravagante e ilegal. A veces, me atacan pensamientos involuntarios que freno en cuanto se asoman, pues temo que terminen desembocando en peligrosas obsesiones . Pero por más que ejerza un férreo autocontrol cuando estoy despierto, me traiciono una vez dormido, y desato imágenes libres de cualquier represión.

Hoy soñé que ocurría un accidente vehicular. Me acercaba para comprobar el estado de las víctimas cuando noto que un hombre, vivo aún, tiene abierta media caja torácica. Aunque huesos y músculos fueron desgarrados, puedo ver sus órganos en funcionamiento. Presencio los últimos latidos de su corazón. Me comienza una extraña erección. En lugar de ardor, siento frío allí abajo. Preocupado, me abro el pantalón sin importar guardar decoro por la reciente víctima. Desde adentro del pene comienzan a salir pequeñas arañas rojizas y negruzcas. Son cientos. Y no me asquean, sino que me producen un placer que, intuyo, es viejo, propio de todos nosotros. Es lo que sentiría alguien que se convierte en un árbol. Las arañas me bajan por las piernas y profanan los restos del muerto que yace frente a mí. Lo devoran milimétricamente, sin ninguna clase de respeto. Palpito gélido y no dejo de soltar alimañas, ahora son arañas más grandes, langostas gimientes, moscas. Mi cuerpo es el mineral satánico que se extrae de las pesadillas.


Desperté inquieto. Me masturbé dos veces antes de escribir esto que lees. Conclusiones fútiles sobre pensamientos solubles a lo largo del día: la libertad verdadera requiere también la lejanía de lo humano, la pérdida de toda moralidad. Y esto no implica necesariamente posicionarse en un estrato metafísico superior a la raza humana. Neguémonos a ser ángeles. Todo lo contrario. Lo que me nace es bajar de escala, volverme animal, monstruificarme y perder todos los vestigios sociales y físicos que actualmente me definen. Ser el bufón a quien nadie le importa. Ser el último escritor del planeta y morir bailando mientras incendias los cimientos que alguna vez te sostuvieron.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Imagina tu pena

Hola, amigos de internet. Estaba escribiendo el mejor poema de Chile cuando noté algo inquietante. La sentencia "imagina tu pena” está peligrosamente cerca de la frase “mi vagina y tu pene”. Me detuve. No escribiré el mejor poema de Chile. Escribiré el mejor poema del mundo.

miércoles, 28 de octubre de 2015

La vida no es sueño

Soñé que cierto tipo barbón me ofrecía un trabajo que consistía en redactar reseñas sobre fanzines. Yo le respondía que jamás nunca le daría un giro pecuniario a mi escritura. Me ofrecía setecientos mil pesos mensuales. Entonces, yo le respondí que por esa plata mensual era capaz de repetir todos los errores de la humanidad. Lo dije solo porque era un sueño. En la vida real rechazaría esa oferta. A menos que me la hagan. Si me la hacen, la acepto. Hay que aprovecharse de la naturaleza contradictoria del ser humano.

lunes, 19 de octubre de 2015

CURRICVLVM VITAE

Las buenas ideas hay que copiarlas. También las buenas palabras. Por ejemplo “rocambolesco”. Siempre busco excusas para usar esa palabra. En esta ocasión copiaré una buena idea redactando mi currículum para postular a los diversos trabajos que me harán millonario (o multimillonario) (dejo la fuente de inspiración, que a su vez se inspiró en Lira: Loscuadernosdelpracticante )


CURRICVLVM VITAE


Antecedentes generales 

Nombre: Sémola, El.
Nombre civil: No sabe/No recuerda/No importa.
Pseudónimos: Poeta metralleta, Muela del juicio, El Copa rota, D’artagnan, El Jesús de los malditos, Batman, Odiseo, Han Solo, el Gamblero de los libros, Detective Sémola, entre otros.

Fecha de nacimiento: Es relativa. Si se necesita gente joven, me afeito y nazco el 93. Si se necesita gente mayor con experiencia, no me afeito y nazco el 83. Si la edad no es determinante, uso mi habitual barba de tres días y nazco el 88. Usted decide.

Rut: No recuerda.

Dirección: Hotel/Motel Saturno.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Sobre las moscas, su Señor y el futuro laboral.


(Lo que se ve arriba es la foto de una larva de mosca sacada por un microscopio).

Pasé un mes intentando meter dos moscas dentro de una botella para que se aparearan. Suena abusivo, pero en realidad les estoy haciendo un favor: a cualquiera le gustaría estar encerrado con el fin último de rozarse los genitales. Cerca de cumplirse la primera semana, logré meterlas en la botella, pero no se aparearon. Pensé que quizás eran dos moscas del mismo sexo. Así que las solté. Cerca de cumplir otra semana, metí tres moscas en la misma botella, apostando que era más probable la existencia de un sexo distinto entre tres ejemplares, pero tampoco se aparearon. Pensé que quizás estaban muy estresadas. Para la semana siguiente me conseguí una botella grandota y, en lugar de cazarlas una por una, dejé gotas de bebida adentro. En dos horas ya había cinco moscas en la botella. Estuvieron cautivas casi doce horas, comiendo dulce a destajo, y ninguna pareja se apareó. Murieron dos. Recordé eso de que las moscas viven poco y, para despejar mi ignorancia, vi mini-documentales de moscas poniendo huevos húmedos, comiendo cadáveres, volando y frotándose. Aprendí varias cosas. Por ejemplo, aprendí que solo se aparean cuando la muerte se les acerca, así que mi plan sexual era inaplicable y ambicioso si consideramos todas las variables. Aprendí que vistas de cerca son realmente asquerosas. Aprendí que tienen tres mil tres ojos, característica pavorosa, pues significa que ven con lujo de detalles a sus compañeras; por algo no se quieren aparear, si son tan feas. Les abrí la botella para que huyeran, pero no se movieron. En castigo, metí a la araña que vive atrás del libro de Stendhal (no es la araña literaria, esta es otra). La araña no les hizo nada. Aburrido, partí la botella por la mitad. Se acabó el Edén, les dije. No me hicieron caso, les imprequé. Ahora empieza la vida real. Cuando ya no quedaban hijos míos dentro de la botella, consideré la muy seria posibilidad de buscar un trabajo. Llevo casi todo el año cesante y ya me está empezando el hambre y esas cosas. Cuestiones que evitaría si fuese un robot. O una mosca. O millonario. O una botella.


jueves, 8 de octubre de 2015

Chiste

Estoy teniendo problemas para armar un chiste. No es chistoso, es ofensivo y es muy largo. En otras palabras, es una perfecta entrada para mi blog. Acá les va.

martes, 22 de septiembre de 2015

De lo que provoca tener relaciones con la sensibilidad trastornada


Reunidos estamos para dar inicio al ritual más viejo de la humanidad. La consagración galáctica de dos voluntades balanceándose como la carnificación de todos los verbos, de todas las canciones. Explota su figura al abrir sus piernas como laxas membranas del más mortífero murciélago. Culiar nos convierte en perro, en burro, mantaraya y zorra, saciando las ganas de saborear la piel humana sin llegar a deglutirla, pues la lengua, único órgano sexual en común entre todos los géneros, pierde la timidez que la caracteriza y se convierte en un tentáculo ávido de libido chorreante. La canción de la saliva, humectante frecuente de las palabras, ahora enjuaga y lubrica los dedos de otra existencia distinta de la propia. Dejamos de ser un conjunto de células que luchan por sobrevivir y, por fin, nos comportamos como cuerpos. Su carne destella: ¡Chas! Es un gato jugando con las galaxias ¡Chas! Yo mudo mi alma desde mi pecho a mi querido pero maltratado pene y lo trasfiguro para convertirlo en un yatagán shaolin mosquetero ninja mata dragones inmortales, un DeLorean del tiempo que cuando entra en la caverna también está fuera de ella y la abandona, la deja ahí bamboleándose como un columpio liberado dentro de la mente de un viejo. Titilas como Venus, guachita. Le pido perdón por recurrir a imágenes entre ofensivas y complicadas, entre plagiarias y originales, blandiendo como excusa que su cuerpo se resiste a ser descrito por metáforas de perlas con diamantes con flores con mariposas. Ella me dice que no me preocupe, que fue hermoso. Yo le explico que siempre me pasa esto para el cumpleaños de Nick Cave. Me pregunta que qué es lo que siempre me pasa. Tengo sexo y me pongo sensible, le contesto. Luego me pregunta quién es Nick Cave. Me ofendo, pero respondo que es el tango del diablo. La cumbia de la noche. La samba del asesino. El cha-cha-cha de los drogadictos. La cueca de la muerte. El jazz de los barrotes. El vino favorito de los ciegos. La metralleta del perdedor. Me discute que el mejor músico del planeta es Lenon, irrefutablemente. Yo me termino de ofender y le recomiendo que se vaya, que en última instancia me puedo masturbar desnudo mientras bailo el Blues del Matadero, como lo suelo hacer el resto de la semana. "Estás loco". Esa es la gracia, le respondo. Y una menos.

martes, 15 de septiembre de 2015

Profundas reflexiones de la ebriedad matinal

Acabo de llegar a mi casa. No sé si les pasa a ustedes. A mí me pasa siempre. Me pasa que cuando estoy leyendo en la micro o en el metro o en la calle o en el burguerking y alguien me mira el libro en busca de saber qué estoy leyendo, instantáneamente creo que esa persona quiere tener sexo conmigo. La intensidad de ese pensamiento aumenta cuando hacen esfuerzos (discretos, pero esfuerzos al fin y al cabo) para lograr ver la portada del libro. “Mira, pillín, pillín, no te dejaré ver lo que leo, pillín, respeta mi intimidad”, si tal persona no me interesa. Cuando sí me calienta, prácticamente le salto encima apoyando la portada en su frente para que se termine de enterar qué leo. Y eso es lo otro. No sé si les pasa a ustedes. A mí me pasa siempre. Me pasa que el deseo sexual hacia alguien que lee tiene estrecha relación con la portada del libro que ostentan. No tiene nada que ver con los gustos propios. No. De hecho, no sentiría nada muy galáctico por alguien que lee lo que leo yo. Y si está leyendo algo que leo yo sentado en un burguerking, seguramente seré yo mismo. Ahora que lo pienso, siempre que alguien me mira me imagino que esa persona quiere algo conmigo, independiente de que esté o no leyendo, independiente de la portada, del burguerking, de lo que sea, por Dios necesito mucho ir al burguerking. Tengo hambre.
Me iré a dormir, buenas noches. O buenos días, no sé cómo se dice a esta hora y bajo estas circunstancias.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Sobre palomas y contenedores de basura


Junto al Tito Baraja, iba caminando frente al Cerro Santa Lucía. Nos amenazábamos sobre cierta apuesta que pactamos para el 18. Mientras escuchaba sus reclamos, metí la mano en mi bolsillo y noté una gran cantidad de papeles: boletas, servilletas, basuritas varias. Comencé a hacer dos bolas con esos restos y, cuando ya estaban sólidas, le dije a mi amigo: “Tito, te apuesto una mosca dentro de una botella a que no le achuntas al basurero”. Acompañé mi afirmación mostrándole las pelotitas y señalándole el basurero que se encontraba lejos (como cinco o seis metros sobre el sócalo formado por la ladera del cerro).

—Ts, ¿será una mosca viva?
—La más viva de todas.
—Trato. Si tú le achuntas equilibraré un alfiler sobre la punta de un lápiz— Era justo. Se entiende que, de no lograrlo ninguno de los dos, ambos deberíamos entregar esos odradeks.

Partió el Baraja. Su lanzamiento careció de fuerza, pues no logró avanzar ni 2 metros. Era mi turno. Pensé en trazar un arco con mi lanzamiento, pero como el basurero se encontraba por sobre nuestro plano, el arco era muy dificultoso. No había otra opción: el trayecto tendría que ser directo. Letal como saeta. Basándome en el fracaso del Tito, le apliqué una fuerza no menor al lanzamiento. Y, amigos míos, ocurrió algo mágico. Fue evidente que había subestimado mi fuerza, el papelito iba directo a pasar de largo. Pero hace cuatro o cinco años atrás nació una paloma que justo en ese instante tuvo la magnífica idea de volar por el lugar. El papel rebotó en su pecho y entró de lleno en el basurero. Incluso se escuchó el golpe de la bolita contra el contenedor. Fue hermoso. Sí, lloré, y el Baraja gritó como niño. Me dijo que lamentaba que nadie más en la humanidad hubiese podido ver esta irrepetible obra de azar. Pero eso nunca me ha importado.

sábado, 29 de agosto de 2015

De por qué lo esencial es invisible y nada más

Acaba de irse al extranjero La Zapatito Nuevo, mi más tierna y cercana amiga. La única mujer gamblera. Volverá pronto, pero eso no quita que la extrañe tal como el Diablo extraña cierto lugar sobe su cabeza.
POR EL CONTRARIO, en la tarde conversaba con una muchacha que conocí bajo circunstancias muy divertidas, pero estar con ella era tremendamente fome. Es de esas chicas que se autodefinen como tímidas y quitaditas de bulla, que recalcan, bajo cualquier circunstancia, que son intrépidas lectoras, que su ensimismamiento es producto de una imaginación nunca bien recibida por el prójimo, qué loca soy, qué especial. Así soy. Me pongo lo primero que pillo porque soy intuitiva y poco superficial. Hablemos de ti: ¿qué piensas de mí? Yo soy muy calladita. En el trabajo no hablo mucho con nadie porque soy la más calladita de todo el planeta Tierra, esto ocurre porque leo mucho. Incluso, a veces, en lugar de ir a carretear, me quedo leyendo sola mientras escucho música y bebo té en mi taza comprada especialmente para beber té cuando escucho música y leo. Es un té que me trajeron de United States para que lea mientras escucho música genial como The Beatles ¿te gustan los Beatles? Como Die Antword ¿te gusta Die antword? Como las bandas sonoras de Tarantino ¿te gusta Tarantino? Como Chico Trujillo ¿Te gusta Chico Trujillo? ¿La Banda Conmoción? ¿Manolito García? ¿Chinoy? ¿Los Ases Falsos? ¿Qué música te gusta? ¿Te gusta la música? A mí me encanta. Yo creo que la vida sin música sería un error. Eso lo dijo, no sé, alguien. Pero tiene toda la razón porque ¿qué otra cosa haríamos sin música? Es que la vida es muy negra así como así. Yo me visto de negro por eso, porque refleja el interior de mi alma. Aunque también hay cosas buenas. Por ejemplo, ahora leo el Principito. Oh, qué libro más hermoso. Es como una, no sé. No sé qué decirte. Es un libro hermoso. Me gusta eso de que ‘lo esencial es invisible a los ojos’, porque…

sábado, 22 de agosto de 2015

El día en que la literatura venció a la pornografía

Estaba en el metro cuando se sube una chica el colmo de borracha. El vagón no iba tan lleno, pero ella se acercó hasta que puso su nariz en la comisura de mi boca por unos exquisitos y eternos 5 segundos. Se bajó en la siguiente estación. Intento no masturbarme mucho, porque una vez que comienzo no me detengo hasta que de la palma de mi mano emerge un portal a otra dimensión. Esto me quita la energía de una semana y reduce considerablemente mi vida útil. Pero el sensual coqueteo de la mina fue una buena excusa para doparse con pajas. Antes de llegar a mi pieza ya había decidido mandarme un maratón de aquellos
Si bien el primer estímulo fue contundente, necesitaba alguna otra excusa para comenzar mi larga carrera hacia la languidez. Por supuesto que recurrí a la pornografía. No soy un experto en el tema, pero tengo gustos claros e inmutables: videos amateurs y en español. Luego de un par de búsquedas, llegué a esto (acá debería ir el link, pero sacaron el video. Solo encontré la imagen que pongo a continuación).

sábado, 15 de agosto de 2015

Sobre el Fyto y la fugacidad de ciertas estrellas


Cuando era más chico, tuve la osadía de tomar un curso de comic con el legendario Fyto Manga, quien era una eminencia en el mundo del comic de la época (lo sigue siendo). Esto fue pura suerte, porque mi colegio, municipal por donde se le mire, tenía una especie de contrato con el Fyto. Cuestión que te daba la posibilidad de tomar clases con él. Clases de comic. Habiendo tenido profesores excelentes en todas las áreas, me arriesgo a decir que las clases con el Fyto fueron las mejores de toda mi escolaridad.
El curso finalizaba con la producción de una revista de comics que los mismos alumnos dibujaban. Eran pocos números y solo la leían algunas personas del colegio, pero era el orgullo más grande al que un homúnculo  como yo podía acceder. Para la ocasión creé una historia el carajo de compleja. No tenía sentido de lo compleja que era. Involucraba una bolsa de supermercado que tenía la capacidad de albergar una copia de todas las cosas del mundo, una droga que provocaba viajes mentales en el tiempo, una chica con un ojo entre los pechos, una canción infinita, un camino que le daba la vuelta al orbe y ese tipo de cosas que a uno le produce leer a Borges en la adolescencia. Eran como 35 páginas de comic. Al Fyto no le gustó. No recuerdo exactamente lo que me dijo, pero fue algo como:

“Una narración no tiene por qué ser eterna para que sea buena. Parte del talento narrativo radica en saber contar una historia en pocas viñetas sin la necesidad de dejar el final abierto o de requerir una segunda parte para darle sentido. A veces los autores piensan inconscientemente que entre más, mejor, pero a veces ese desplante termina ahogando la propia obra”.


Tenía razón. Ahora me pego el giro. En cierto sentido, un personaje es la versión literaria de una persona. Entonces, si la Historia corresponde a un conjunto de palabras unidas de manera más o menos cronológica, quizás es legítimo entenderla en términos literarios. Los muertos, pues, son sus personajes, porque la única manera de acercarnos a ellos es a través de las palabras. ¿Qué tiene que ver esto con lo que me dijo el Fyto? En que muchas de las historias más cortas fueron las mejores. Como que los finales trágicos imbuyen de un aura legendaria lo hecho hasta entonces. Ejemplos hay cientos. Pienso en la gente que he visto acá en Santiago (una de las ventajas de la barriga del monstruo es que está lleno de personas muertas)… Estaba escribiendo los nombres de todos, pero me parece una tarea infructuosa. El punto es el siguiente: irse temprano me hace pensar en que la brevedad de la vida podría entenderse como el epítome de la calidad artística que me hablaba el Fyto. Una fuerza X es más efectiva si se concentra en un pequeño punto antes que en una gran área. El eterno retorno. Como un cerillo cayendo por el vacío, animosamente luminoso y trágicamente breve. 

viernes, 31 de julio de 2015

Algunos retratos


Yo, cuando estoy sobrio, suelo ser uno de los homosapiens más amargados y pesimistas que he conocido. Cuando estoy ebrio, por otro lado, soy el sapiens sapiens más simpático de Chile y ostento un humor agudo e imparable; quienes me escuchan incluso se han meado de la risa (en realidad esto es un poco falso; lo que realmente pasó fue que una vez estaba solo y ebrio en mi pieza, pensando cosas chistosas y uno de esos pensamientos me dio tanta risa que me oriné, así que técnicamente es “un poco” verdad). Por eso siempre intento estar ebrio, porque uno nunca sabe en qué momento puede llegar el deseo de lanzarse al metro o de beber cloro. Me gusta el copete, soy un borrachín de lo más genial. Conocida es mi faceta ebria, mi canto al cosmos, en donde adquiero múltiples poderes de seducción, encanto y masculinidad (cuestiones que siempre faltan y nunca sobran).

sábado, 18 de julio de 2015

Deseo y letanía a los pies del Pantocrátor

Luego de pensar durante horas en cómo solucionar mis problemas en su amplia gama de manifestaciones (problemas mentales, físicos, financieros, de confianza, de autoestima, de bibliofagia, de botarate, de alcohol, incluso uno que otro problema ortográfico), he decidido que la mejor solución es pedir ayuda externa. Y como no soy menos, decidí pedírsela a Dios a través de una carta en forma de poema (aunque para efectos de la perra academia, el poema ya empezó, ahí cuando escribí “Luego de pensar durante horas…”)

Nos ponemos en presencia del Señor:
En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

jueves, 16 de julio de 2015

De hablar más de la cuenta

[Me pasa que subo cosas de manera desfasada, porque la conexión ratona que “tengo” aparece solo cuando quiere, o cuando no he escrito nada para subir (por eso puse “tengo”, yo no tengo nada). Esto que subo ahora es de la semana ante pasada. O quizás de antes. Ya no sé. Me he esforzado por emborracharme estos días y carajo que soy bueno en eso]

Hoy fui a buscar un papel que acreditara que me habían echado de la Feria Chilena del Libro. Como odio hacer trámites, me esforcé y fui borracho (aún estoy un poquito ebrio). Como odio los ascensores, tuve que interrumpir el cierre de uno para lograr subirme rápidamente. Adentro, me encontré con un tipo alto y terniado. No lo miré mucho, pues me dio vergüenza. Educado como soy, le pedí disculpas, que odiaba hacer trámites, además que estos cerdos fascistas me echaron por supuestos robos de libros, cuestión que nunca probaron.

-¿Qué libros?

Debo aceptar que me sorprendió su pregunta, sobre todo porque mi estado de ebriedad era obvio (nadie le hace preguntas de ese tipo a un borrachito). Le expliqué que se perdió un poco de todo mientras estuve ahí. Y que, sí, sí robé, pero un ejemplar estándar de un libro de Borges que nunca tuve y que nunca había leído. También le dije que daba lo mismo, porque todos los que trabajan en la Feria robaban un poco y, además, de seguro ese libro se pudriría ahí, porque la gente que compraba en esa librería compraba “obras de triste valor literario”. Cuando dije esto me detuve. Solo un estúpido como yo diría tamaña aberración a alguien en un ascensor que se encuentra en el mismo edificio de donde te echaron por robo. Lo miré aterrado y le pregunté si trabajaba en la Feria Chilena del Libro. Me miró y, haciendo un gesto con la mano, me hizo entender que no.

-          Oye y por qué dices que la gente de ahí compra pura porquería.
-          Porque los libros que compran siempre traen fotitos de sus autores.
-          ¿Y eso es malo?
-          Peor que malo: terrible. Imagina que tu pega es escribir. Listo. No tienen por qué posar sexy en una foto con la excusa de, no sé, de que las viejas te van a comprar el libro porque les calienta el flaco de la contraportada.
-          Quizás se hace porque es más fácil recordar un rostro que un nombre…

Podría haber contra argumentado algo genial. Desde que salí del ascensor se me han ocurrido como 50 contraargumentos geniales que pude haber respondido sin miedo a recibir un contraataque. No dije ni pío porque me miró con cara de lobo de mar, con la misma expresión de alguien que sabe que sabe más que tú (perdón por eso, jajaja). Ahí, de repente, caché que me parecía conocido. “Un gusto”, le dije cuando me bajé en el piso correspondiente. Me respondió “lo sé”. No estoy muy seguro, pero creo que era Simonetti. Menos mal que no hablé mucho más, porque ese sujeto siempre aparece en las contraportadas de sus libros. No lo culpo, tiene buena pinta. Si yo fuera la mitad de buen mozo me sacaría fotos hasta de mis axilas.

martes, 7 de julio de 2015

El Gato Valentino

Me quejé todo el verano por el horroroso calor que había hecho. Hasta la fecha, también me he quejado por el poco carácter del Invierno, como si hubiese que pedirle “por favor” para que llueva o haga más frío. Ahora me quejo porque tengo mucho frío. Olvidé arreglar los hoyos que tenía mi pieza y me está entrando aire helado por todos lados. Y como soy el campeón para buscar excusas, acá traigo una nueva: así no se puede trabajar, así no se puede escribir. Mis queridos deditos no responden al ritmo acostumbrado. Me cuesta moverlos para escribir. Así que, en lugar de hacer eso, me puse a buscar en un viejo discoduro algún material para reciclar, cuestión que hago más veces de las que desearía. Y encontré algo.
Antes, cuando era un niño-niño, un verdadero retoño del señor, tenía la esperanza de escribir una súper novela para niños, escrita por un niño. La idea es genial, hay que aceptarlo. Pero crecí, no terminé nunca la novela, me salió pelo, espinillas y me volví mañoso. De volver a escribirla (en realidad, a continuarla), sería simplemente un baboso dentro de la edad adulta intentando pervertir niñitos con su novela de mala muerte. Tenía la pretensión de que la historia fuese algo así como el legendario Papelucho, pero resulta que la cuestión con la que acabo de reencontrarme no es muy distinta a mi vida actual. Tiene gracia el asunto, sobre todo porque había olvidado por completo la existencia de estos escritos y porque, cuando los escribí, tenía como 15 años, lo que corresponde como a 6 años mentales en escala gamblerística, aunque biológicamente ya estaba lejos de ser un niño. Podría decirse que fui un profeta de mí mismo, pero dejémoslo en que solo le achunté. Debí apostar, era seguro. Dejo parte del primer capítulo, ya que la idiotez es extensa. Le borré clichés,mantuve algunos y arreglé varios horrores ortográficos. Mantuve  también la mayoría de las fórmulas, para que sonara igual como quería que sonara cuando tenía esa edad, época en la que solo había leído a Pérez-Reverte. Cosas de joven.

[Acabo de leer entero todo lo que tenía del Gato Valentino (que son como 7 capítulos) y es demasiado genial. No puedo creerlo, es un anti-héroe en regla. Replanteando un poco lo anterior, este gato ESTÁ MUY LEJOS DE SER como soy ahora. El giro es otro: El gato es como ME GUSTARÍA ser ahora. Pero ya saben, mis brazos flaquitos y mis instintos de ratón me impiden ser como el felino. A lo más, llegaré a ser como una musaraña o un mapachito, una cosa así.]


I El Gato Valentino

Sintió con sus agudas orejas que algo le acechaba. Se detuvo, alzó su nariz y olió la brisa. Pero nada. Entonces la rata siguió su camino hasta la pared donde se encontraba la entrada a su madriguera. Justo ahí, donde la muralla de ladrillos tenía un hoyo, que era la entrada al nido de guarenes. Caminaba un poco, se detenía a oler y caminaba otro poco, manteniéndose siempre pegada al ángulo que forma el muro con la calle, por sus esquinas.

Aún se salva, pensó Valentino. No me ha visto porque estoy escondido en contra de la luz del farol. Tampoco me ha olido porque estoy acechándola contra el viento. Era un gato gris, mediano. Como un año entero llevaba recorriendo el mundo, lo que es mucho para un gato callejero, ya que suelen morir meses después de callejear. Pero Valentino sabía lo que hacía. A pesar del mestizaje y la domesticación, la raza gatuna recordaba en su sangre los movimientos estratégicos de los grandes felinos. La rata se movía nuevamente, la cola del maldito roedor hacían que Valentino respirara nervioso y eso era lo que había alertado previamente al ratón. Pero el gato ahora se controlaba para no emitir ningún sonido. Seguía acercándose sigiloso y paciente. Cuando estaba a un metro del guarén, sucedió. Músculos tensos. Boca tres cuartos abierta. Orejas hacia atrás. Cola levantada. De un parpadeo salta un metro en dirección al ratón y le golpea la cabeza, haciendo que ruede al centro de la calle, chillando. No te salvas, no te salvas. Le mordió la espalda al guaren en busca de llegar lo más pronto posible a su pescuezo, pero el roedor se defendió mordiéndole la pata a Valentino y este se vio obligado a soltar al feo mamífero, que era grande, a pesar de ser una rata. Maldito guaren, era comida como para dos días. Se había escapado y Valentino ya tenía una nueva cicatriz que mostrar. Claro, jamás diría que se la hizo un ratón. Mentiría, como todos los gatos, y diría que se la hizo un perro, un perro que huyó después de recibir su merecido. La rata ya había escapado. Valentino dijo al viento - Ratón culia’o- y se lamió la pata herida. Mejor en la mañana me cago un pájaro, es más fácil. Sepan ustedes que los gatos son los animales que más groserías dicen, vayan acostumbrándose.

Es tradición para los gatos hacerse llamar con el nombre que algún humano les dio, por muy ridículo que fuere. Era una costumbre vieja e irrenunciable, como caminar o maullar. Pero Valentino nunca tuvo un dueño humano. La sola palabra “dueño” le asqueaba. Su nombre era básicamente el mismo que el de su madre, quien se llamaba Valentina. La última vez que parió gatos, como hace un año atrás, su dueño se los quitó y los mandó a nadar cerca de una acequia que corría al costado de la casa. Uno a uno se los quitó,  para luego tirarlos por los aires como si fueran piedras. Glup, glup, sonaba cuando entraban al agua. Cinco gatos en total fueron brutalmente asesinados esa noche. Valentina fue dejada en paz por el tirano de su dueño y, cuando volvió a estar sola, dio a luz al último gato de la camada: Valentino. Ahora, varios meses después, vivía rondando la ciudad y ya se había acostumbrado a ese ritmo. Dormía cerca del campo, en el límite entre la urbe y la montaña. Generalmente, los gatos son criaturas astutas que viven en colonias si sus dueños humanos no existen, pero Valentino era raro. Desde que aprendió a escalar y a saltar se fue sin despedirse y comenzó a caminar por la vida. O a “gatear”, como dicen los felinos, y noten la diferencia, ya que para los humanos gatear es moverse sobre sus cuatro apéndices a eso de los 5 meses, de manera torpe y lenta y los gatos, para esa fecha, ya pelean con sus padres y se acuestan con sus primas, tías o lo que sea – o lo que se pueda-. Básicamente de eso se trata esta historia: de peleas y sexo.

martes, 30 de junio de 2015

Fulano de tal


Llegará el día en que haya caminado tanto por Santiago que terminaré transitando por los surcos que yo mismo he labrado en el pavimento. En principio, es un acto solitario, aunque me he equivocado tanto en eso de “mis principios” que es mejor dejarlo ahí, sin definirlo mucho.
Hoy (bueno, anoche) aproveché que jugaba la selección para salir a caminar por lugares que frecuentemente están muy transitados. Ya es una costumbre, como que es más fácil tragarse a pasos la calle si está pelada. Para mi sorpresa, me topé con alguien, con una señora bastante vieja. Estaba al medio de la calle sosteniendo un espejo de la mitad de su tamaño. Por algún motivo consideré que era una falta de respeto sostener el espejo hacia afuera, reflejando la miseria ajena que, en ese caso, era solamente la mía, porque en la calle no había nadie más. Me fui de ahí, pero al pasar un rato noto que la señora caminaba atrás mío. Tan racional como siempre, llegué a una clara conclusión: ERA UNA BRUJA. La última vez que me encontré con una fue TERRIBLE. Entonces, para perderla, caminé en sentido contrario. Caminé hacia la bruja. Mientras me acercaba veía cómo la mancha multiforme de mi figura reflejada en el cristal tomaba trazos más humanos. Un poco deforme por la curvatura natural del espejo, pero humanos, innegablemente humanos. Cuando pasé junto a la vieja me susurró algo que no me preocupé de registrar (sí, estaba muerto de miedo). No me siguió más. Me devolví por donde vine, como siempre y, así como un día despiertas y te das cuenta que no has muerto, caché que estaba junto a la tienda de los chinos. Esos que venden jugos de ALOE.

viernes, 26 de junio de 2015

El Sémola: 26 años rompiendo los barrotes de la esclavitud.


Justo cuando estaba a punto de caer en la rutina, cuando estaba en el filo de convertirme en un trabajador ejemplar, me pasó algo increíble. Hace tiempo, tuve que ir a dejar unos papeles a la oficina de un supermercado. Su secretaria era muy linda, por lo tanto, me enamoré. De cualquier cosa sacaba excusas para ir a ese despacho. Ayer nuevamente fui y dije mis chistes de costumbre, me hice el lindo, etc, etc. La chica se reía, se notaba que le caía bien o que me encontraba simpático. En ese momento era seguro que tenía al menos alguna remota posibilidad de meterle mi lengua (aunque sea remota, para mí ya es suficiente).
Iba saliendo del despacho, cuando caché que tenía un zapato desabrochado. Por la cresta. Para abrochármelo, me saco el bolso que ando cargando desde que trabajo como junior, y, terminada la maniobra, salgo del antejardín, olvidando el bolso ahí mismo. Nunca ando con bolsos ni mochilas ni nada de eso, por los mismo siempre me pasan esas weás, que se me olvidan de maneras idiotas. Al percatarme que estaba sin el bolso, me devolví. Lo había dejado en el antejardín, a un paso de la reja. Me dio vergüenza tocar el timbre para que me abrieran, ya que, además de que pensarían que soy un idiota, la secretaria comenzaría a sospechar que quiero morir a su lado. Entonces, me saqué la chaqueta y metí el brazo entre los barrotes de la reja.

Así es, quedé atrapado.

sábado, 6 de junio de 2015

El mundo de los blogs

No he escrito mucho porque estoy trabajando de nuevo. Es por poco tiempo, como tres semanas, así que en lugar de esforzarme en que salga mal, haré que salga perfecto, de manera que, cuando me vaya, me extrañen y, finalmente, les termine produciendo tanto daño como si trabajara pésimo. No se entendió mucho, estoy ebrio. Soy despachador de papeles: un junior. Aunque no lo crean, es el puesto con más alcurnia que he tenido en mi vida entera.

Son más de las 22hrs, ya estoy borrachito como dije y el Dios de internet se dignó a que me llegara una señal peregrina que me está otorgando un buen rato en la red. Mirando por aquí y por allá, llegué a un blog que se llama La Isla de los Blogs. Me dije “oh, había una comunidad de blogs y me acabo de enterar”. Ingresé al sitio y se trata de una idea bastante buena: la página se encarga de hacer reseñas de otros blogs. Solo en el 2015 han reseñado más de 60 blogs, todos en español, y tal cuestión es, como mínimo, MO NU MEN TAL.

jueves, 28 de mayo de 2015

Décimas del roto choro (poema de Pablo de Rokha)

No recordaba algunos versos importantes de las Décimas del roto choro de Pablo de Rokha, entonces lo escribí en gugle, pero no encontré nada (nada decente). No puede ser que falte este poema en internet. Lo subo yo para la posteridad. El texto lo extraje de uno de mis libros. No pondré nada referente a la edición ni mucho menos, porque ya está gratis en Memoria Chilena, solo que es una imagen de la página y no el texto mismo (lo que dificulta su acceso). Es muy evidente el hecho de que se trata de una obra panfletaria para ensalzar el comunismo: algo que yo no haría hoy, pero que sin duda habría hecho antes. (Sobre todo porque hoy la imagen de Neruda inunda sus murales, como si hubiese sido el único).








Décimas del roto choro (en Romancero proletario) 
Pablo de Rokha
                                                                                                                                                                    Gualetudo y tirillento,
como un tony de sainete,
o una gran mar de tormento,
azotado por el viento
de la canción popular,
va de pajar en pajar,
andrajosos de aventura,
buscando la sepultura
donde echarse a descansar.

lunes, 25 de mayo de 2015

De los sabios consejos de la conciencia de uno mismo


Hoy en la mañana desperté carente de ideas. Ideas literarias. Dormí poco porque tuve unas pesadillas bien densas, así que mis neuronas no funcionaban a su ritmo habitual. A veces las ganas de escribir no van de la mano con las capacidades para escribir [ni con la calidad, hay que decirlo]. Y ocurría eso: quería escribir, pero mis sinapsis chapoteaban en lugar de volar. Entonces, en busca de inspiración, hice lo de siempre para remediarlo: salir a caminar. Caminé cerca de tres horas por una ruta redundante, sin destino aparente. Nada, seguía bloqueado. Resulta que en lugar de imaginar “ficción” (lo pongo entre paréntesis porque en realidad lo que necesito imaginar son fórmulas que den cuenta de algo que no necesariamente es ficción, ya ven, como este blog que habla de mi vida), recreaba mentalmente imágenes que podrían haber ocurrido pero que nunca ocurrieron, como qué hubiese pasado si fuera más alto, rico, con casa propia, rubio, cosas así.

domingo, 17 de mayo de 2015

Recuerdos del difunto Vilches


—¿Con el Diablo?
—Se lo juro, con el mismísimo Diablo, el Mefistófeles —dije.
—Creo que no es lo mismo…
—Qué cosa— dije.
—Mefistófeles y el Diablo. Me parece que son cosas distintas. Personajes distintos.
—No, parece que Mefistófeles y Lucifer son cosas distintas— dije.
—Pero Lucifer y el Diablo son la misma weá.
—Ah, tiene razón. Pero en Fausto ¿Se leyó Fausto? —dije.
—Claro, de hecho una vez interpreté a Fausto.
—Ya po, ahí aparece Mefistófeles y parece que es como el Diablo igual po— dije.
—Tenís razón, Sémola.
—Pero lleguemos a un consenso con el nombre— dije.
—¿Por qué? No me parece necesario.
—Lo es— lo dije justo antes de tomar un buen trago de cerveza.
—¿Por qué?
—Porque dependiendo del nombre es la imagen o la implicancia que tiene el Diablo. Además siempre hablo de él, tengo una especie de manía— dije.

martes, 5 de mayo de 2015

El secreto de la felicidad


¡¡He descubierto el secreto de la felicidad!! Me tomó casi dos semanas descubrirlo. Todo partió después de la última entrada que escribí. Creo que al día siguiente el Tito Baraja me regaló un juego de computador, me lo debía no sé si de la Navidad o de mi último cumpleaños. Aunque minimalista, es un juego excelente. Es de piratas. Jugué, por Dios que jugué. Noche y día, sin parar, sin comer mucho, durmiendo poco, soñando con el videojuego cuando dormía, soñando con el videojuego cuando estaba despierto sin jugarlo. Eso hasta ayer en la mañana, cuando me di cuenta de que pasé más de una semana girando yo en torno a este juego.

Me di cuenta que fui feliz, pero aun así estaba desconforme (o disconforme): como que ser feliz tiende a cierta poderosa inercia que sin embargo es fácilmente desguazada por el espíritu. Movimiento rectilíneo uniforme. Apagué el computador y comencé a escribir esto que posiblemente leen ahora.

jueves, 23 de abril de 2015

La noche del Libro

Hoy fue día del libro. Feliz día del libro. Pero ahora es de noche. La noche del Libro. Al respecto dos anécdotas sobre libros.

La primera: desde que vivo solo hay un libro que me ha mucha dado pelea. Es una edición vieja y gastada de La Casa de los Espíritus de Isabel Allende. Solo me quiero deshacer de él, pues descubrí que varios bichos viven entre sus páginas. Eso me atormenta, porque en cualquier momento fundan colonias en otro de mis amados libritos. Como yo jamás voy a botar un libro, he intentado regalarlo todo este tiempo, fracasando siempre. “Apuesto que es uno de tus trucos”. “Odio a Isabel Allende, si pudiera retrocedería en el tiempo y…”. “No, porque me pedirás cosas a cambio”. Entonces ahí sigue, mirándome desde mi escritorio. Lo ocupo de posavasos, de tranca para la puerta, de mata bichos, etc. Podría dejarlo en algún lado para que alguien X lo recoja, pero no es suficiente, una maldición así debe ser entregada con pericia. Se me ocurrió la genial idea de ir a mezclarlo entre los libros de la Feria Chilena del Libro, lugar macabro y capitalista del cual me despidieron hace un tiempo por supuestos robos.

martes, 21 de abril de 2015

La balada del Caído

[Instrucciones:

Léase con tono umbrío, aunque musical, imaginando que se emborracha solitario dentro de un bar ruinoso, fingiendo cargar sobre sus espaldas un peso descomunal, cuando en la realidad no hay peso que pueda resistir. Lea y musicalice profundizando su voz, como si de pronto vuestro pecho fuera una caverna llena de espacio, nido de ecos, caja de nada. A preferencia del lector, intercambie la palabra “Santiago” por el nombre de la urbe más cercana o más lejana, la que usted quiera. Muchos mueren luchando, nosotros lo haremos bailando].


La balada del Gamblero

 I

Sin niuno en el bolsillo
y con un ron entre las tripas,
vas cayendo y te desquitas
con Santiago y sus vecinos.

El Gato Blanco fue vendido
entre trampas y cigarros,
con esta caña no me paro
pa ver esté* mundo torcío.

Cien lagrímas* cruel rocío
no hay lugar para las dudas,
no recuerdes que no ayudas,
que la primera en ser quemada
fue la esperanza con sus críos.
La piedad fue desarmada
como el fango contra el río:
El silencio está podrío,
el silencio está podrío.

miércoles, 8 de abril de 2015

Sobre las metas en la vida. Las verdaderas metas en la vida.


Nunca conté cómo terminó eso del año nuevo, cuando con el Tito nos robamos unos fuegos artificiales con los que casi incendiamos un parque entero. Tampoco he contado cómo terminó la gesta del Detective Sémola, hombre como muchos, valiente como pocos y mentiroso como ninguno, logré resolver el caso menos importante del planeta. Nunca me he referido explícitamente a mi conversación con Nicanor Parra, larga charla que redefinió (lo habré escrito bien? Re-de-fi-nió) la visión que yo tenía sobre la literatura y las lechugas. La joven del ombligo, eso terminó de varias maneras, todas desquiciadas. En general, hay muchas cosas que no he contado, como cuando me puse a pelear con un payaso (perdí) o como cuando choqué con una paloma (perdí también). Mis derrotas, mis queridas derrotas, cuando corrí por Banderas semidesnudo escapando de un neonazi celoso. Cuando me detuvieron por dormir en el Palacio de la Moneda. Cuando, borracho, pensé que era un fantasma, lo que terminó conmigo en el hospital. Cuando me encontré un billete de $1000 que luego se transformó en cien lucas. Cuando vomité a un carabinero. Cuando desperté dentro de una librería. Cuando me robé un ejemplar del Quijote. Cuando me robé otro ejemplar del Quijote (el primero lo extravié). Cuando perdí una partida de ajedrez con un ingeniero maestro. Cuando, desde varios metros de distancia, le di a un tarro con una piedra. Cuando soñé con Quevedo. Cuando recorrí Chile casi entero a pie. Cuando desperté hipotérmico a las orillas del Mapocho…

Solo yo viví y sobreviví a tales calamidades. 

Esto que leen está escrito por un hombre que ha vivido (y muerto) dos veces en busca de alcanzar la negrura necesaria para escribir como esta historia se lo merece, riendo tanto y tan fuerte que la vergüenza y la dignidad se transformaron en tiernos ropajes por quemar. Nunca he contado quién es El Copa Rota, ni tampoco he explicado qué tatuajes tengo en qué partes por cuáles motivos. No he dicho por qué me llaman (y me llamo) El Sémola.