martes, 30 de diciembre de 2014

P.E.C.H.O.S.

YA, YA, YA. Se acaba el año, felicidad, buenos deseos, wena vibra, triunfos para el próximo, horóscopo, etc, etc, etc. Lo mismo de siempre, en realidad.

El año pasado conocí a Nicanor Parra, aunque dudo que él recuerde quién soy. Este año la cosa se viene media rancia, porque TODOS tienen mucho dinero disponible para gastar, incluso yo, así que de seguro será la fiesta más memorable del universo. Ya estoy un poco ebrio, de hecho, me tomé una de esas latas largas de cerveza y no saben cuánto me ha costado escribir estas poquitas palabras. Como que los dedos se me ponen a bailar. Flojos los güeones, como su dueño.

El próximo año pretendo, eso sí, buscar un trabajo decente. 

viernes, 26 de diciembre de 2014

La venganza

No he escrito mucho últimamente porque, al ser final de año y ese tipo de cosas, pretendo terminar algunos proyectos (y por terminar me refiero a empezar).

Seré breve.

Anoche estaba durmiendo cuando un sonido extraño me despertó. Era como un seseo rápido y monótono. Prendí la luz de la lámpara y el ruido cesó. “Por la mierda, es un ratón”, pensé. Lo imaginé royendo alguno de mis libros (olvidé decir que de allá venía el ruidito, de mis repisas). Como son lo único de valor que tengo, me levanté y comencé a sacarlos en bloque, de manera de pillar al infeliz roedor. De pronto, cuando sacaba una edición de Rayuela que aún no leo, el sonido vuelve y se acentúa. Sss, sss, sss, sss. Era una avispa atrapada en una telaraña. Oh, por Dios. Supe de inmediato que uno de mis más grandes enemigos de toda la historia había vuelto: La Araña Literaria.

Un animal ilógico. No entiendo por qué algo tan chico como una arañita tiene el veneno suficiente para matar a un ser que no se pueden comer. Recuerdo haber visto hace tiempo en un documental en donde se explicaba que algunas arañas, recién nacidas, aún siendo macroscópicas, soltaban un filamento varias veces más largo que la misma arañita. Esto lo hacían subiéndose a la copa de un árbol. Luego, dado su diminuto tamaño y, por ende, su extrema fricción con el aire, el bicho volaba a merced del viento. Vuelan. Y así poblaron todo el mundo, no necesitaron de Noé. Incluso se habían encontrado especímenes a nivel estratosférico. De nada sirvieron mis esfuerzos, tarde o temprano mi pequeño verdugo vendría a cobrar venganza.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Amigo Secreto


El año pasado fue la primera vez que jugamos al Amigo Secreto. El Baraja, el Tres Bastos, Trulu, Pecas, el Pelao de mierda y vuestro servidor. Yo le salí al Tito, cosa que supe porque el Trululú me llegó con la copucha. Eso de inmediato me dio mala espina, porque si hay algo en lo que el Baraja es experto, es en decepcionar a las personas, superándose siempre cada vez más.
En fin, me esperaba algo terrible de regalo, alguna bagatela sin valor o, por ejemplo, algo como lo que pasó para mi cumpleaños, cuando me regaló un anillo de acero. Me dijo “te lo regalo porque a ti se te perdió el tuyo”. Cuando la realidad de los hechos era que él me lo había “perdido” y que, además, el anillo que me estaba regalando era el original mío, o sea que lo tuvo todo ese tiempo. El año pasado me dije “pucha que será una navidad atroz”. A mí se salió el Pecas y le regalé un sombrero que no se ha sacado desde ese día. En esas vísperas, cuando llegó el momento de recibir nuestros regalos, el Baraja fue el primero en entregar el suyo. Sabrán mi notable decepción cuando lo vi con las manos vacías parado en medio de todos. “A mí me salió el Sémola. Compadre, te hice una canción”. Acto siguiente, sacó su saxofón y nos dejó a todos con la boca abierta. Interpretó una pieza excelente. Dijo que se le había ocurrido cuando leyó un cuentito donde relato el momento en que nos conocimos. Confesó que, por primera vez, con ese cuento, se había sentido importante y valorado. La pieza de saxofón tenía el sugestivo y épico nombre de “La Leyenda del Sémola” y fue su retribución por lo del cuento.

Este año preparé un súper regalo. No diré quién es el objetivo, pues el sapo del Tito de repente se mete a mi blog. Además, ahora juegan el Hijo del Vilches y Zapatito Nuevo. Ojalá sea una Feliz Navidad.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Prejuicios chilenos



Ayer, llamó por teléfono mi mamá. Dijo que necesitaba un favor urgente. Me preocupé, nunca me llaman a menos que haya pasado algo verdaderamente grave. Emprendí de inmediato el viaje. Cuando llegué a mi antigua casa, entré en seguida, pues la puerta estaba abierta. Sentada en el sillón estaba mi mamá. Me mira, solemne, un poco triste, melancólica y dice:

-Necesito que le lleves este vestido a tu tía, para que lo arregle.

-Pero maami, yo pensé que había pasado algo maaalo. 

Argumentó que de verdad era una urgencia, porque mi hermana tenía que ocupar ese vestido en una obra la próxima semana y que nadie más se lo podía llevar a mi tía. Ella vive a un número importante de cuadras, entonces decidí que iría en la bicicleta de mi hermana. Me puse un buzo que encontré, metí el vestido de mi hermana en el canastito y bajé con la bicicleta.