jueves, 13 de noviembre de 2014

Detective Sémola II

(Ahora que soy un detective debo cambiar mi registro habitual y escribir como escribiría un supuesto detective)



Desperté alterado por un rayo de luz que se infiltró en mi habitación a través de la ventana. Estaba viviendo una resaca íntima, por lo que no tenía planes soportar la insistencia de sol. Agobiado, moví la persiana y corté el haz de luz.

Hoy se cumplen 4 días desde que no sabe nada de El Pecas. El maldito, mágicamente, se esfumó. Intuyo que su desaparición tiene algo que ver con el libro. Este pedazo de páginas, expresión de la tortura que vivimos a diario, engloba misterios que es mejor no develar. Mi olfato me dice, sin embargo, que la piedra de Roseta -que me ayudará a resolver este acertijo- yace en la persona que controla los hilos de esta comedia. Si resuelvo el enigma, doy con El Pecas. Partiré visitando a la legendaria Violeta, Prostituta de renombre, conocedora de todos los pasos que se dan en esta ciudad. Sé dónde encontrarla, pero algo me huele mal: la oscura vida que llevo me agudizó la intuición, puedo oler cuando hay trampas ante mi nariz. De cualquier forma, si alguien sabe dónde está el Pecas, es Violeta. El paso siguiente será encontrar e interrogar al cretino de mi amigo.

Y así voy quemando mis días con la lentitud de un cigarro húmedo, mientras veo cómo se arrinconan los unos a los otros en este laberinto al que llamamos Santiago. Solo acá he visto personas vivas tan muertas como cadáveres, transitando sin reparar en que, bajo sus pies y sobre sus cabezas, existe una constante fuerza capaz de lanzarlos a la deriva de la violencia. Esa potente fuerza recibe muchos nombres: dinero, drogas, sexo, pobreza, desesperación. Pero yo la llamo, simplemente, “Santiago”.


(Ojo, que al idiota del Pecas lo vi el martes en la mañana. Se le había quedado su sombrero en mi pieza. Igual es posible que la Violeta sepa algo del asunto del libro. Fingiré que el Pecas está perdido para darme importancia)

3 comentarios:

  1. Yo ya me perdí. Signo inequívoco de que va complicándose el relato.

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  2. Ay, pequeñito Sémola de Santiago de Sudamérica, yo, como el Amo y Señor de la Baraja, es decir, como Domnus del azar y, por lo mismo, su manipulador, te digo que todos, todos los hilos que mueven tu puta y fome vida, los domino yo, ahueonao, idiota. Y pa que no quedes como tontón frente a los seguidores de este marica diario virtual tuyo, te daré una pista: el libro lo tuve yo por muchos años, hasta que se lo pasé a alguien más. Descubre quién es po; eso sí, no cometas la idiotez de seguir al Pecas, ese huevón no podrá ser pista de nada.
    Oye y te espero a las 5.53 donde siempre, llega con cerveza esta vez...hace más calor que la rechucha, me quiero matar conchetumare.

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