miércoles, 26 de noviembre de 2014

Cuento: Presión Social.

(Como no me ha pasado nada y como el Detective Sémola es un verdadero inútil, prefiero pegar íntegro un cuentito que escribí hace algún tiempo -como hace dos años-)

Presión Social

Cansado, después de un agotador mes casi infinito, llegaba a casa con mi pequeño sueldo. Al doblar por una esquina poco transitada, se me acerca un tipo de mala cosecha y me amenaza con un cuchillo, exigiendo el dinero de mi salario. Era un asalto y él su perpetrador. Le dije:

“Amigo, no eres menos ni más que yo. Sé que robas porque es lo único que sabes hacer, que te viste obligado, que la vida no se te ha dado fácil; pero, por favor, considera que yo también tengo que mantener a 2 niños y que con mi sueldo, sí, el que me vas a robar, apenas me alcanza”

El tipo, aunque mostró cierta conmoción a través de sus ojos, me acercó más la cuchilla, al tal punto que podía sentir su temperatura en la piel de mi cuello. Me respondió:

“No me importa, no me cuentes tus problemas, no me importa, solo dame la plata”.

La terrible angustia de verme sin fondos al inicio de mes me empujó a responderle:

- Bueno, lo siento. Tendrás que robarle a un muerto, porque no puedo permitir que te lleves mi dinero.

- De qué estás hablando- bramó, y sentí que el filo me rozaba la garganta.

Levanté mis manos en señal de rendición, cerré los ojos, tragué saliva y comencé a decir lo que, quizás, serían mis últimas palabras.

- Que yo no apruebo la violencia, sería incapaz de hacerte daño. Tal cosa sería caer dentro del sistema nefasto en el que estamos inmersos. Tampoco puedo entregarte mi plata, la necesito, y no tengo el valor para llegar con las manos vacías a mi hogar. Entonces, prefiero morir, amigo. Solo pido que, cuando me acuchilles, intentes matarme rápidamente. No quiero que mi familia sepa que agonicé de dolor antes de estirar la pata, eso los haría sufrir más aun.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

La naturaleza cacomórfica y monstruocefálica de Ismael

[[Teletón Chile, simplemente referida como «la Teletón», es un evento benéfico televisivo realizado anualmente en ese país desde 1978, salvo en aquellos años cuando se realizan elecciones presidenciales. La Teletón de Chile, la cual fue liderada por Don Francisco, fue la primera teletón y, debido a su éxito, ha sido imitada en otros países de la región.]]


En esta ciudad insana, acequia de la hispanidad, hay algunos monstruos que por mí son muy queridos. Monstruos en el sentido estricto: adefesios que “presagian” calamidades que ocurren constantemente, insignias de su naturaleza cacomorfa o monstruocefálica. Uno de ellos se llama Ismael. A pesar de tener tan literario nombre, su estampa se aleja de cualquier forma de belleza -pero no de arte-. Ismael nació con una condición invalidante, sus piernas terminan a la altura de la rodilla en un nodo grueso y amorfo, junto con pequeños apéndices inservibles. Una de sus manos, además, es como una ramita flácida de piel, adornada con dedos igualmente atrofiados. Tiene un solo brazo funcional que utiliza para moverse sobre una patineta que él mismo adaptó para tal propósito (yo la bauticé como Pequod, jejeje). 

No le tengo lástima. Es un desgraciado, sí -¿quién no?-, pero la lástima se reserva solo para aquellas personas lastimosas. Este sujeto es un mal parido cualquiera, grosero como pocos e inteligente como menos.

Lo conocí hace un par de años, cuando yo aún era un pollo inocente y estafable. Ese mismo día tuve la estúpida idea de preguntarle si alguna vez había ido a la Teletón, “para que te arreglen, po, para que te mejores”. Me lanzó una mirada intensa, chorreando desdén. Luego, agregó:

Yo no soy defectuoso, soy diferente. No quiero que me torturen con operaciones de mierda, ni quiero dar lástima con mi cuerpo. Yo quiero que todos me acepten así como soy; que pueda encontrar un trabajo apto para mí y que, sobre todo, no me traten como si estas piernas fueran fruto de un accidente.

No supe qué contestarle. Su postura ante el tema era sólida y, de golpe, noté que las capacidades de este monstruo eran muy superiores a las mías. También comprendí que su dignidad le impedía postrarse para mendigar–Ismael vende pequeñas chucherías, es común verlo en el centro- , a tal punto que constantemente rechaza el dinero de quienes se lo facilitan con ánimo de limosna. “Como si ellos fueran superiores a mí”.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Detective Sémola II

(Ahora que soy un detective debo cambiar mi registro habitual y escribir como escribiría un supuesto detective)



Desperté alterado por un rayo de luz que se infiltró en mi habitación a través de la ventana. Estaba viviendo una resaca íntima, por lo que no tenía planes soportar la insistencia de sol. Agobiado, moví la persiana y corté el haz de luz.

Hoy se cumplen 4 días desde que no sabe nada de El Pecas. El maldito, mágicamente, se esfumó. Intuyo que su desaparición tiene algo que ver con el libro. Este pedazo de páginas, expresión de la tortura que vivimos a diario, engloba misterios que es mejor no develar. Mi olfato me dice, sin embargo, que la piedra de Roseta -que me ayudará a resolver este acertijo- yace en la persona que controla los hilos de esta comedia. Si resuelvo el enigma, doy con El Pecas. Partiré visitando a la legendaria Violeta, Prostituta de renombre, conocedora de todos los pasos que se dan en esta ciudad. Sé dónde encontrarla, pero algo me huele mal: la oscura vida que llevo me agudizó la intuición, puedo oler cuando hay trampas ante mi nariz. De cualquier forma, si alguien sabe dónde está el Pecas, es Violeta. El paso siguiente será encontrar e interrogar al cretino de mi amigo.

Y así voy quemando mis días con la lentitud de un cigarro húmedo, mientras veo cómo se arrinconan los unos a los otros en este laberinto al que llamamos Santiago. Solo acá he visto personas vivas tan muertas como cadáveres, transitando sin reparar en que, bajo sus pies y sobre sus cabezas, existe una constante fuerza capaz de lanzarlos a la deriva de la violencia. Esa potente fuerza recibe muchos nombres: dinero, drogas, sexo, pobreza, desesperación. Pero yo la llamo, simplemente, “Santiago”.


(Ojo, que al idiota del Pecas lo vi el martes en la mañana. Se le había quedado su sombrero en mi pieza. Igual es posible que la Violeta sepa algo del asunto del libro. Fingiré que el Pecas está perdido para darme importancia)

domingo, 9 de noviembre de 2014

Detective Sémola I


Hace aproximadamente un mes estuve de cumpleaños (6 de octubre). Como todos los años, recién ayer me llegó el primer regalo. “Regalo”. Me lo obsequió el siempre afable Pecas.

“Mira, mira, me , teee, te, te regalo este libro porque yo cacho, sé, sé que te gusta leer así, entonces como que te quería hacer este regalo y, claro, po, toma, feliz cumpleaños”.

Se trataba de una edición en rústica, vieja y gastada de 1984. Tenía subrayadas algunas partes en él, unos papelitos adosados que marcaban pasajes interesantes y, además, la contratapa estaba espectacularmente doblada. Lo miré a la cara y le pregunté “Pecas, ¿quién te dio este libro'”. El Pecas respondió evasivamente, diciendo que lo había comprado en una librería de segunda mano. El canalla me mentía, o al menos no decía toda la verdad: ese mismo ejemplar de 1984 fue mío alguna vez, lo perdí hace un par de años, cuando recién estaba dejando de ser un indigente. Lo perdí estando borracho, para variar.
Luego de que el Pecas se fuera, dando excusas sobre un compromiso al que no debía faltar, revisé más en detalle el libro. Tenía cosas nuevas. Las zonas subrayadas con grafito y los papelitos indicadores de pasajes eran de mi autoría, pero las líneas subrayadas con lápiz rojo, un extraño dibujo al final, la marca de un beso con lápiz labial burdeo y un montón de otras cosas, eran nuevas. Bueno, “nuevas”. Lo que más me intrigó de todo era el mensaje que acompañaba la huella del beso:

“Algún día volveré a tus brazos, Sémola”.


Estaba dicho, este misterio debía ser resuelto por un detective curtido, duro e inflexible: Yo. Desde mañana seré como Sam Spade, como Maigret, como Heredia, como Nick Belane, seré el detective más misterioso de Santiago. Me llamarán “la Sombra de la Noche”, “el Puño del olvido”, “El galán del Centro”, “el Azote del crimen”. Soy lo que mi ciudad necesitaba. Desde mañana seré El Detective Sémola. Y daré con quién me haya escrito aquel misterioso mensaje. Hoy no haré nada, pues tengo una resaca de aquellas.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Disciplina rígida, Pasión magma escarlata.


En el último tiempo, no digamos que he plasmado cosas de calidad en este blog. Lo que sucede es que estoy volcando toda mi creatividad en La Novela Gamblera, mi proyecto estrella. Se trata de la novela más definitiva de la historia de las novelas. Se trata de la obra más fundacional de Chile. Se trata de la joya más brillante de la hispanidad. Tal labor, pues, requiere el 100% de mis neuronas y esfuerzos. Es un reto que solo YO puedo llevar a cabo –al ser una persona con mucho tiempo libre-; encomendado desde la muerte, con la misión de sellar la literatura a través de una obra que estremezca sus bases, romperé las fronteras del arte con el puño de lo literario.

A continuación veréis solo una pequeña muestra de este tan genial trabajo, fruto del esfuerzo de semanas, de meses y, por qué no, de toda una vida. Podréis deleitaros con la fortaleza y la madurez de una prosa que es constantemente esculpida, hora a hora, minuto a minuto: cada segundo del día en que no estoy pendiente de comer o dormir, estoy tallando las letras de lo que será mi pasaje -y el de muchos- a la inmortalidad.

Sin más dilaciones, hela acá: un segmento íntegro, terrible, tremendo y catastrófico de lo que puede hacer la mente del humano cuando se ve empujada por una disciplina rígida, propulsada por una pasión de magma escarlata. Acá, amigos míos, acá los dejo con el inicio de mi novela: