martes, 9 de septiembre de 2014

La orgía final (resumen)


Ayer el Pelao, mi más poderoso enemigo, me entregó un cuento para que le diera mi opinión. Me dijo “es un cuento cochino”. Por cochino se refiere a sexual. Al principio me decepcioné, pues creí que se trataba de un desesperado intento por figurar en el estéril campo de la literatura nacional, pero cuando lo leí noté que era una buena historia, tenía el mismo rasgo que el Pelao siempre le pone a sus obras literarias: yo lo llamo el “aislamiento mágico” –un mal nombre, por cierto-.


Se trata de una joven que está viajando en el Metro. Viene de la universidad, por lo que, además de cansada, carga varios libros y materiales académicos que aumentan su agotamiento. Hay pocas personas en el tren, es tarde, todas viajan en la misma sintonía, terminando la jordana con un triste viaje de retorno a sus hogares. Algo raro pasa. Entre la estación Cristóbal Colón y Tobalaba, el tren normalmente se demora 4 minutos en recorrer la distancia que separa ambas estaciones, pero la joven sentía que llevaba más de ese tiempo avanzando sin llegar nunca a al siguiente andén. De hecho, la totalidad de los pasajeros lo notó: el tren subterráneo llevaba mucho más de 4 minutos a toda máquina y no parecía estar atravesando ninguna estación, aunque se mantenía en el túnel y en los rieles. Es como si la gran cuncuna -oruga- subterránea hubiese entrado en un círculo, solo que era evidente el hecho de que recorría una distancia recta, aparentemente infinita. Los pocos pasajeros – que al parecer eran unos 30, pocos para el Metro de Santiago- se agruparon y comenzaron a discutir qué medidas tomar ante esta pesadilla. Todas las hipótesis que maquinaron eran peligrosas: los pasajeros temían asomarse por las ventanas, las alarmas no funcionaban, aunque la luz nunca se cortó. Decidieron pasar la noche en el tren. Una señora portaba muchos víveres, lo que les permitió tener una estadía no tan aterradora. El tren nunca más se detuvo. Evidentemente morirían de hambre en algún momento. La historia prosigue con una descripción de cómo los pasajeros intentaron sobrevivir. Su mayor entretención, cosa obvia, fue el sexo, mucho sexo. En parejas, de a dos, de a tres, todos juntos, etc. En las vísperas de su fallecimiento, uno de los jóvenes le confesó su amor a la protagonista. Ésta le respondió: “Si me amas a mí, nos amas a todos”. La muerte se los llevó uno a uno mientras se perdían en la orgía del final de sus días. Todos murieron felices.

No hay comentarios:

Publicar un comentario