martes, 30 de septiembre de 2014

10 pasos para escribir un buen cuento



En esta sección encontrarás 10 sencillos pasos para escribir un cuento lleno de magia y felicidad. Espero que te sirva.

1)     No escribas un buen cuento.
2)     Sal de tu casa con pesimismo y camina con rumbo incierto. 
3)     Después de caminar un rato, emborráchate en el bar de siempre.
4)     Infringe alguna ley o pasa por alto alguna regla moral. Lo que nos llevará al paso siguiente.
5)     Huye por tu vida. Lo que nos llevará al siguiente paso.
6)     Suplica que, por favor, no te golpeen ni en la cara ni en las partes pudendas.
7)     Vuelve, como puedas, al bar.
8)     Una vez en el bar, cuenta lo que te acaba de pasar, tergiversando la verdad, quedando como un héroe.
9)     Vuelve, como puedas, a tu casa.
10)  Escribe un mal cuento (aprovecha mientras estás borracho).

martes, 23 de septiembre de 2014

Razones metafísicas para no aparecer en las fotografías


-Oye Sémola, ponte pa’ la foto.

-No, no me gusta sacarme fotos.

-¿Por qué?- preguntó El Pecas, el más inexperto y pardillo del grupo. Tomé mucho aire y le respondí:

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Otra vuelta de la Fortuna


Recuerdo que anoche, antes de dormir, lancé una moneda al aire. Me dije “si sale cara, me suicido; si sale cruz, no”. Salió cara. De todas formas, ya tenía pensado suicidarme, aunque en varios años más, cuando tenga la cara destruida por el tiempo.
Al respecto, El Marcos Tres Bastos, el dueño del lugar donde vivo y gamblero por mérito propio, ya sabe cómo se suicidará. Resulta que hace años atrás se infiltró en un edificio a medio construir. Era de noche, no había nadie trabajando en él. Subió por las escaleras hasta llegar su azotea.

Por motivos que no comentaré, llevaba una buena provisión de cervezas, cigarros y flores.
Por motivos que no comentaré, se tumbó dentro del hoyo destinado a ser piscina y se quedó mirando el cielo
Por motivos que desconozco, la puerta que conectaba la azotea con el resto del edificio se atrofió, impidiendo su apertura; el Tres Bastos no pudo salir, o sea, no pudo entrar, no pudo bajar. Esto lo descubrió ya en la mañana, cuando despertó dispuesto a irse.

Allá arriba sobrevivió un poco más de tres días bebiendo cerveza, comiéndose las flores y tragándose una que otra polilla. Los trabajadores tendrían varias semanas libres, nadie iría a la construcción por un tiempo debido a problemas con la inmobiliaria. En esos tres días se volvió loco, e intentó lanzarse por la borda del edificio varias veces, pero algo detuvo todos sus intentos. No fue el miedo. No fue la esperanza.

He visitado ese edificio un par de veces, pidiendo exclusivamente subir a la azotea. Resulta que alrededor de él, aunque un poco lejos, hay varios edificios de altura similar, estos ya estaban habitados cuando el Marcos se quedó varado en el cielo. Cada vez que se disponía a saltar y hacer valer su derecho a matarse, veía que una persona lo estaba mirando. De más está decir que el Tres Bastos gritó por ayuda innumerables veces. Los edificios colindantes están lejos, no creo que lo hayan escuchado, pero es perfectamente visible. Como dije, alguien lo vio: esa persona lo miró tres días seguidos, inmóvil la mayoría de las veces, sentado frente a un gran ventanal. Tres días seguidos viéndolo morir.

El Tres Bastos se logró salvar por cosas de la Fortuna, nuestra diosa. Un ingeniero de la empresa inmobiliaria subió a la azotea y encontró al pobre manojo de locura cantando y gritando incoherencias. No revelaré más al respecto, es una historia áspera, extraña y atemorizante. Mi amigo apareció en televisión por el altercado, pero nunca se dijo que estaba loco,  ni se dijo que volvió a la azotea y que, incluso, vivió en ella hasta que lo echaron cuando el edificio comenzó a ocuparse, ni tampoco se dijo nada de esa persona que lo miraba desde su ventana. Yo tampoco diré nada. Solo diré que desde esa misma azotea se matará el Marcos Tres Bastos y lo hará cuando se auto-convenza de que el mundo, y el universo entero, seguirán su curso con o sin él.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Lucifer les habla a sus ángeles antes del exilio


Yo no soy de hacer rabietas. YO NO SOY DE HACER RABIETAS. Pero las hago. No puede ser que un día de mierda termine así.  El mundo se cae a pedazos, tengo un dedo roto, perdí plata, perdí el tiempo y gané enemigos, como tres, uno tras otro, así: uno, dos, tres. Yo no hago shows. No, no hago escenas. Yo no soy peleador, ni exagerado, ni sacogüea, pero, PERO, tengo problemas serios con las personas felices. Es que no pueden. No pueden estar felices. Te creo que sonrían, incluso que se rían a carcajadas, pero no que sean felices. Eso no lo perdono. Eso no lo respeto. No pueden ser felices hoy. De todos modos no los voy a detener. Ríanse, güeón. Ríanse, ríanse, ríanse. De mí, de todos, me da lo mismo. Tomen sus pilchas y canten a coro. Sí, a coro, todos juntos, las canciones de María Colores, canciones de centro comercial y de ascensor. Canten, canten, canten. Dele, canten más fuerte. Hagan que me arrepienta. No me agradezcan, no me agradezcan, que pa’ eso estoy. Más fuerte, mierda. Denme excusas para suicidarme. Denme más excusas pa’ irme de esta güeá. MÁS FUERTE. Denme excusas para odiarlos, para morir con la guata dura de tanto odiarlos. Yo no hago shows. No. No soy de esos. Soy re-piola. El más piola. El piola. Pero por la chucha que los detesto, cabros, los detesto en serio. Y lo digo de a de veras, güeón. Lo digo con la sinceridad que siempre me ha caracterizado. Se los digo a todos y a cada uno: No pueden ser felices. Y si caigo…Escúchenme bien esta güeá. Si caigo, caen varios conmigo. Mañana, güeón. Sí, mañana, güeón. Sí. Sí. Hoy me emborracho y mañana bajo. No, si no tengo caña, no estoy borracho, no tengo resaca. Mañana bajo, que eso les quede claro a todos los culia’os, mañana bajo y me cago a la humanidad entera. Recen ahora po’, recen, uy, sí, miren cómo tiemblo, tengo susto, güeón, uy, cuida’o, cuidadito.

martes, 9 de septiembre de 2014

La orgía final (resumen)


Ayer el Pelao, mi más poderoso enemigo, me entregó un cuento para que le diera mi opinión. Me dijo “es un cuento cochino”. Por cochino se refiere a sexual. Al principio me decepcioné, pues creí que se trataba de un desesperado intento por figurar en el estéril campo de la literatura nacional, pero cuando lo leí noté que era una buena historia, tenía el mismo rasgo que el Pelao siempre le pone a sus obras literarias: yo lo llamo el “aislamiento mágico” –un mal nombre, por cierto-.


Se trata de una joven que está viajando en el Metro. Viene de la universidad, por lo que, además de cansada, carga varios libros y materiales académicos que aumentan su agotamiento. Hay pocas personas en el tren, es tarde, todas viajan en la misma sintonía, terminando la jordana con un triste viaje de retorno a sus hogares. Algo raro pasa. Entre la estación Cristóbal Colón y Tobalaba, el tren normalmente se demora 4 minutos en recorrer la distancia que separa ambas estaciones, pero la joven sentía que llevaba más de ese tiempo avanzando sin llegar nunca a al siguiente andén. De hecho, la totalidad de los pasajeros lo notó: el tren subterráneo llevaba mucho más de 4 minutos a toda máquina y no parecía estar atravesando ninguna estación, aunque se mantenía en el túnel y en los rieles. Es como si la gran cuncuna -oruga- subterránea hubiese entrado en un círculo, solo que era evidente el hecho de que recorría una distancia recta, aparentemente infinita. Los pocos pasajeros – que al parecer eran unos 30, pocos para el Metro de Santiago- se agruparon y comenzaron a discutir qué medidas tomar ante esta pesadilla. Todas las hipótesis que maquinaron eran peligrosas: los pasajeros temían asomarse por las ventanas, las alarmas no funcionaban, aunque la luz nunca se cortó. Decidieron pasar la noche en el tren. Una señora portaba muchos víveres, lo que les permitió tener una estadía no tan aterradora. El tren nunca más se detuvo. Evidentemente morirían de hambre en algún momento. La historia prosigue con una descripción de cómo los pasajeros intentaron sobrevivir. Su mayor entretención, cosa obvia, fue el sexo, mucho sexo. En parejas, de a dos, de a tres, todos juntos, etc. En las vísperas de su fallecimiento, uno de los jóvenes le confesó su amor a la protagonista. Ésta le respondió: “Si me amas a mí, nos amas a todos”. La muerte se los llevó uno a uno mientras se perdían en la orgía del final de sus días. Todos murieron felices.

martes, 2 de septiembre de 2014

Wörterbuch


-Entonces, la mina me dijo que yo era un ‘maldito galán’ y yo le respondí que ella era una maldita hermosa…

Lo interrumpí en ese punto, pues había distorsionado lo que pasó ayer de modo que, técnicamente, estaba mintiendo. No me habría entrometido, todos nos mentimos siempre y nadie nos detiene, pero el Tito llevaba un buen rato prevaricando, hasta que dijo algo que me molestó. Dijo que yo me había conformado con la “amiga fea” de la mujer que él, supuestamente, estaba cortejando. La amiga no era fea, era hermosa. Y yo no me conformé con ella, pues ni siquiera le hablé. Por otro lado, él tampoco estaba cortejando a nadie, era el más ebrio del local, como buen día lunes. Entonces me propuse ventilar su pequeña verdad.

-Tito, no, te equivocas, no dijo “galán”, dijo “gañán”- repliqué. El Pecas, el Trulu y el Bastos, quienes estaban escuchando, me miraron con cara de pregunta -“Gañán” es como decir “mal educado”- respondí.