miércoles, 20 de agosto de 2014

De la majestuosidad luciferina del Diablo



Ayer tuve que ir al Banco; es increíble que viejas deudas -de una vida que ya no vivo- aún me persigan para acosarme. Me puse en la fila, en la eterna fila frente a la única caja disponible, y, ante mí encontré a un viejísimo amigo, a quien no veía desde que salí del colegio. El Diablo. Sí, Lucifer, Mefistófeles, el Mandinga. Me saludó efusivamente y me explicó que quería sacar algunos ahorros del banco para darse “uno de esos lujos que antes me daba”.

Deben saber que el Príncipe Caído ya no es lo de antes; desde que el Neoliberalismo hace de las suyas, el Averno ya no tiene tanto sentido. De hecho, al pobre lo echaron del Infierno, tal como cuando lo corrieron del Cielo. Como lo desterraron por segunda vez, simpatizó con nuestra causa, al punto de comportarse como un Gamblero más, solo que este utiliza trucos mágicos y cambia de forma, pero no es algo que lo haga más importante. Sigue siendo lindo, pero es una belleza medieval que ya no vende mucho.

Como dije, la última vez que me lo topé estaba en la entrada de mi colegio, esperándome después de mi graduación; ahí mismo me recomendó que entrara a estudiar Literatura. Un pésimo consejo, ya ven, pues fracasé estrepitosamente.


Aunque es mi amigo, no confío en él. Usa su magia para hacer puras barbaridades: Un par de personas me han contado una anécdota bien cochina que lo involucra directamente. Imagínate esto, estás en un bar, conoces a una muchacha hermosa e inteligente. Vas con ella a un Motel y fornican durante horas. La chica, osada y hermosa, te dice “hazme sexo oral”, y cuando te disponer a meter tu lengua en el Paraíso, sorpresa, la chica se transforma en hombre y te confiesa que es el Diablo. Imaginad cuántos centímetros de virilidad debe tener Lucifer entre sus piernas e imaginen el terror que provocaría tener toda esa masa venas cerca de tu rostro. Maldito Anticristo súcubo.

Al igual que todo ser con sustrato de ángel, le es posible estar en varios lugares al mismo tiempo. Así que les advierto, amiga, amigo, tengan cuidado, porque durante la hora y media que estuvimos haciendo fila, me confesó que estaba dispuesto a provocar pánico por donde anduviese y, como ya no maneja ni el poder, ni las guerras, ni el dinero, recurrirá a uno de sus últimos recursos, la Lujuria. Me lo dijo apelando a ese viejo sentimiento romántico que lo inmortalizó. Todo lo que habló concluía con una lánguida mirada a un punto sobre el horizonte, tendiendo hacia el cielo, recordando viejas batallas y victorias, “cosas que no volverán jamás”.

4 comentarios:

  1. ¡qué chasco se hubiera llevado el Diablo si en aquel momento en que operó la transformación de súcubo en íncubo para sorprender a su incauto amante, éste, imitando el personaje de aquella película, impávido, hubiera respondido, ... bueno, nadie es perfecto... y continuase con su labor disfrutándola igualmente... !

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    1. Pensé lo mismo, pero luego me imagino un falo diabólico y la sorpresa se me asoma inconscientemente.

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  2. Sémola... El diablo me visita muy a menudo, me da ideas extrañas, algunas deliciosamente tentadoras, otras macabras.
    Sémola, eres hetero probado??? Me encantaría sodomizarte.

    Saludos desde CiudadPasiva.

    PD: La foto que usaste en esta entrada la usaba en mi blog hace unos meses, dejé al ángel caído por un velocímetro...

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    1. Una vez dudé brígido de mi sexualidad: desperté medio en pelota en una cama, junto a una mina y un compadre completamente desnudos. Yo no recordaba nada, ni la mina tampoco y el compadre... ¡¡estaba muerto!! Nunca supe lo que pasó jajajaja, se llevó el secreto a la tumba, pero no creo haberme pelado. No creo.

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