miércoles, 20 de agosto de 2014

De la majestuosidad luciferina del Diablo



Ayer tuve que ir al Banco; es increíble que viejas deudas -de una vida que ya no vivo- aún me persigan para acosarme. Me puse en la fila, en la eterna fila frente a la única caja disponible, y, ante mí encontré a un viejísimo amigo, a quien no veía desde que salí del colegio. El Diablo. Sí, Lucifer, Mefistófeles, el Mandinga. Me saludó efusivamente y me explicó que quería sacar algunos ahorros del banco para darse “uno de esos lujos que antes me daba”.

Deben saber que el Príncipe Caído ya no es lo de antes; desde que el Neoliberalismo hace de las suyas, el Averno ya no tiene tanto sentido. De hecho, al pobre lo echaron del Infierno, tal como cuando lo corrieron del Cielo. Como lo desterraron por segunda vez, simpatizó con nuestra causa, al punto de comportarse como un Gamblero más, solo que este utiliza trucos mágicos y cambia de forma, pero no es algo que lo haga más importante. Sigue siendo lindo, pero es una belleza medieval que ya no vende mucho.

Como dije, la última vez que me lo topé estaba en la entrada de mi colegio, esperándome después de mi graduación; ahí mismo me recomendó que entrara a estudiar Literatura. Un pésimo consejo, ya ven, pues fracasé estrepitosamente.

jueves, 14 de agosto de 2014

Resumen de por qué odio el Yoga



Estaba escribiendo una entrada, pero resultó absurdamente larga y aburrida, por lo que haré un resumen salvaje, concluyendo lo mismo: fui a una clase de yoga hace un par de días, no quería ir, pero fui. Como siempre, me humillaron. Picado, entendí que jamás sería parte de nada. El Tito de mierda también fue a la clase y no sufrió ningún percance. Asimismo el Trululú, de quien fue la idea inicial. Namasté, namasté, fin. El párrafo final lo pego íntegro. No es más que un refrito de otras cosas que he dicho varias veces:


[…] Y se fueron, vistiendo su ropa de marca especial para el yoga: lycra traída desde oriente. Zapatillas confeccionadas en el corazón de la India. Toallas tejidas en el Himalaya. Bolsos comprados en Ripley. Celulares con plan de pago. Todo, sus ropas, sus bolsos, sus teléfonos, sus zapatillas, incluso sus caras, parecían estar hechos a la medida, pues todo combinaba. Las cosas que llevaban eran parte de un conjunto, tenían una lógica propia, como si la empresa que hizo las calzas conociera a los sujetos que diseñaron las zapatillas. Los clichés y tópicos idiotas y optimistas que dijo el yogui al final, chocaron, chocan y chocarán, por siempre, contra el muro de facebuk de estas chiquillas: “Excelente clase de yoga, uf, agotada”, “Esperanzas para todos, que siempre sale el sol!!”, “Bonito mensaje nos deja el profe, a ponerle power a la vida!”. Si la costumbre ahora es mostrar, es hablar en voz alta, no para que te escuchen, sino pa’ escucharse uno mismo. No me importa el Yoga, pues no soy quién para criticar una disciplina. Pero sí me importa no hundirme cuando ellos se hundan. Mis esfuerzos apuntan a hundirme mucho antes. Por ellos es que yo siempre estoy equivocado, el punto es que me encaaanta estar tan equivocado.

viernes, 8 de agosto de 2014

Diseñado por sínicos, programado por cínicos: ORTOGRAFÍA.


Estaba revisando unos documentos de mi computador y me topé con que, hace ya mucho tiempo, más de un año, escribí la palabra “sínico”, justo acá, en mi querido Blog. Microsoft Word –que es donde escribo las entradas antes de subirlas- no la marcó como error ortográfico, pues así, con s, tiene significado y es algo como “de china”. Si lo japonés es nipón, lo de China es sínico. Y por este Software de pacotilla llevo más de un año haciendo el payaso, Word de mierda. Se da el lujo de tener aquello en su léxico, pero si uno escribe algo tan natural como “polera”, la cagá te la corrige, también “fome”; o si uno escribe “la micro”, lo marca con verde. De hecho, ahora mismo en “mi querido Blog”, se destaca como error ese “mi”, pero todos sabemos que es correcto no ponerle tilde. Para qué les digo el color que le da cuando tipeo “El Sémola”, siendo que ya todos me dicen así -incluso mi mami-. ¿Le habré explicado varias cientos de veces lo que es “gamblero”? pero insiste con que está mal escrito. Uno puede escribir “Werther” y no hace nada, claro, alemancito lindo romanticón; pero si pongo al campeón “D'artagnan”, ROJO. Es incluso un poco xenófobo. Si escribo al suave e iluminado “Borges” todo sigue bien; pero si me canso de ser decrépito y hago un verdadero gesto de humanidad escribiendo "Arlt", piensa que me confundo y que estoy mal. Y sigue, referentes imaginarios. La paz del Señor: el alfa de la vida “Edén” puede seguir escribiéndose sin perder el ritmo; pero ¡ay de quien escriba “Barataria”!, para Word eso es un horror de la ortografía. De hecho Word, Microsoft, Excel, PowerPoint, Office, Explorer, son perfectamente aceptables para esta máquina, a pesar de su evidente anglicidad, oh sí, ellos son de los nuestros; pero si escribo Nintendo, Pagliacci, Gokú, Magic (The Gathering) y The Clash, se tiñe todo de rojo. Tengo más ejemplos, pero me parece redundante agregarlos pues, como pueden ver, las máquinas nos odian…

La presente entrada es para que usted me llame la atención en caso de que encuentre acá algún horror cacográfico. Y me lo dice sin respeto, pues así me quedará para siempre en la memoria. Si cumple bien, efectivamente y de manera comunista, significa que usted actuó como un sínico. Pero si no lo hace, o lo hace mal, a sabiendas de que está mal, usted estará actuando cínicamente. Mejor me lo dicen de buena manera, pues últimamente ando muy sensible.

PD: Casi se me pasa. Había escrito "¡*hay* de quien escriba 'Barataria'!". HAY. Ese "quien" ¿llevará tilde?.