domingo, 13 de julio de 2014

Enfermarse es malo

(Estaba muy enfermo, con fiebre y sin internet. Acá, algo que fue producto de la fiebre y el aburrimiento)

Mis resfriados son terribles, porque me agarran desde los pulmones hasta el pensamiento. Parten como una pequeña molesta entre las cejas, volviéndose luego mocos y dolor. Es un dolor que no termina en los nervios, no señor, termina en lo más profundo de mi mente y es que, cuando duermo constipado, sueño torrentes perversiones, se rebela un Sémola que ama a la muerte y que canta canciones que versan sobre rocas y huesos. Se me presentan espectros rancios, sin dientes, sin ojos, o me veo a mí mismo dentro de un laberinto vertical, de manera que si quiero salir, debo caer o escalar. Me llega una tristeza que me recuerda la infancia que tanto odio y que tano extraño.

¿Es condena, acaso, tener que crecer?

Se supone que es hermoso y fructífero, pero si miro mi pasado, veo un conjunto de personas borradas: siguen ahí, las he visto, pero son otros. Están tan orgullosos de ser un hermoso engrane dentro de La Máquina, que se preocuparon de borrar eso que tenían, ese pelo mal peinado, o esos zapatos sin lustrar. Los veo tan felices y completos que me pregunto, siempre, si estoy equivocado. Es una pregunta recurrente, me temo, y todos nos la hacemos varias veces a lo largo de los años. La respuesta, al menos la que se ajusta mejor a mí situación particular, me la entregó el viejo Vilches antes de irse al otro mundo. Me dijo que, en efecto, yo estaba equivocado. Y muy equivocado. Me dijo que eso de vivir como vivíamos era una pelotudez, que la gente debía esforzarse por algo o alguien, que “es mejor morir por algo que vivir por nada”, que allá a donde vamos nosotros no hay más que una condena lenta en el vacío, mientras que al resto le espera  salvación, perdón o reconocimiento… Ay, Vilches, siempre metiendo tus dedos en herida ajena (herida que es la misma para todos los gambleros).


Por algún recoveco de mi pieza se cuela una fría corriente de aire, eso me impide calentar la habitación. Si no arreglo esa fuga, no mejoraré nunca de mi catarro. Pero cuando la filtración de aire estoy seguro que la dejaré tal cual.

1 comentario:

  1. Mi impresión es que no somos lo que queremos ser, sino lo que somos, luego, aunque estemos equivocados, no hay posibilidad -ni la hubo nunca- de rectificación. Tape bien esa corriente.

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