lunes, 21 de julio de 2014

SOY BATMAN


Varias preguntas parten como tímidas interrogantes y terminan siendo principios. Preguntas milenarias, tales como ¿qué tan bueno soy en la cama? O ¿de qué tamaño es mi pene respecto a la mayoría? Una prostituta, amablemente, me respondió ambas: normal y normal. Pero hay otra pregunta que requirió más esfuerzo. Una pregunta que ha formado a guerreros, héroes, mártires y santos.


¿Qué tan valiente soy? 

En esa negra época en la que fui mendigo, me medí con varios trabajos en busca de reflejar mi valentía. No contaba estar borracho, puesto que todos sabemos que estar ebrio te otorga súper poderes. La cosa era hacer algo que pusiera en jaque mi sangre fría (esto rima con "valentía")

Pensé en robar un banco. Mala idea desde el inicio, mi pinta andrajosa era tan atorrante que activaba las alarmas de cualquier recinto con tan solo acercarme.

Rescatar gente de un incendio. Eso lo intenté, pero los bomberos me tuvieron que corretear con el chorro de las mangueras, ya que pretendía entrar a un edificio, en llamas, que no tenía a nadie en su interior.

Frustrar un asalto. Calamitoso error; pasó cuando vi cómo asaltaban a un kiosquero, grité “paren, paren”, con una voz de mierda, como si fuera un pájaro, pues el miedo hizo estragos en mis cuerdas vocales; los dos asaltantes me sacaron la madre.

Colarse en la fila de un recital. También fallé, me corrieron los asistentes como si fuera un despojo -y lo era, ni siquiera tenía entradas-. 

Entonces, lleno de fracasos, decidí reivindicar mi valor y preferí hacer algo repugnante: asaltar a un ciego.

jueves, 17 de julio de 2014

El Gamblero más importante

Antes de morir, el Vilches dejó una lista de “profecías”. Lo pongo entre comillas porque no se ha cumplido casi ninguna. La que se acaba de cumplir es la tercera, el resto dudo que ocurra. Todos saben que él me dejó la misión de convertir la gesta de gamblera en literatura, por ende, todos los  brujos del asfalto me han buscado desde entonces para contarme sus experiencias, llevándome inquietantes sorpresas, como la del Tres Bastos, quien estuvo una semana “encerrado” en la azotea de un edificio a medio construir, o el Trululú, quien caminando por el Mapocho llegó hasta el mar. Pero ya lo había anunciado el Vilches,

Llegará un Gamblero que será el principal y el más importante, atento con él, porque su condición lo hará más notable que todos nosotros.

domingo, 13 de julio de 2014

Enfermarse es malo

(Estaba muy enfermo, con fiebre y sin internet. Acá, algo que fue producto de la fiebre y el aburrimiento)

Mis resfriados son terribles, porque me agarran desde los pulmones hasta el pensamiento. Parten como una pequeña molesta entre las cejas, volviéndose luego mocos y dolor. Es un dolor que no termina en los nervios, no señor, termina en lo más profundo de mi mente y es que, cuando duermo constipado, sueño torrentes perversiones, se rebela un Sémola que ama a la muerte y que canta canciones que versan sobre rocas y huesos. Se me presentan espectros rancios, sin dientes, sin ojos, o me veo a mí mismo dentro de un laberinto vertical, de manera que si quiero salir, debo caer o escalar. Me llega una tristeza que me recuerda la infancia que tanto odio y que tano extraño.

¿Es condena, acaso, tener que crecer?

Se supone que es hermoso y fructífero, pero si miro mi pasado, veo un conjunto de personas borradas: siguen ahí, las he visto, pero son otros. Están tan orgullosos de ser un hermoso engrane dentro de La Máquina, que se preocuparon de borrar eso que tenían, ese pelo mal peinado, o esos zapatos sin lustrar. Los veo tan felices y completos que me pregunto, siempre, si estoy equivocado. Es una pregunta recurrente, me temo, y todos nos la hacemos varias veces a lo largo de los años. La respuesta, al menos la que se ajusta mejor a mí situación particular, me la entregó el viejo Vilches antes de irse al otro mundo. Me dijo que, en efecto, yo estaba equivocado. Y muy equivocado. Me dijo que eso de vivir como vivíamos era una pelotudez, que la gente debía esforzarse por algo o alguien, que “es mejor morir por algo que vivir por nada”, que allá a donde vamos nosotros no hay más que una condena lenta en el vacío, mientras que al resto le espera  salvación, perdón o reconocimiento… Ay, Vilches, siempre metiendo tus dedos en herida ajena (herida que es la misma para todos los gambleros).


Por algún recoveco de mi pieza se cuela una fría corriente de aire, eso me impide calentar la habitación. Si no arreglo esa fuga, no mejoraré nunca de mi catarro. Pero cuando la filtración de aire estoy seguro que la dejaré tal cual.