miércoles, 7 de mayo de 2014

Sobre la hermosa danza de las estrellas en amplio valle del universo



Hoy estaba con el Titín sentado en las banquitas de La Quintanormal, leyendo el horóscopo de un diario viejo. Hace rato ya que dejé de buscar mi zapato; por lo que me armé de valor, de un calcetín extra, y decidí salir como si nada me faltase. Pero me falta un zapato. Como decía, estábamos hablando sobre el horóscopo, de su signo, que los Acuarios son los más hombres, que los Acuarios les ganan a los Tauros y sobre todo a los Piscis, que son unos maricones. Yo le rebatía que no tiene sentido que las estrellas intervengan ni en la personalidad ni en el destino y, para mi sorpresa, él tampoco pensaba eso, solo que, me dijo, era interesante ver cómo su signo aplastaba en gallardía a todo el resto de los animales -y a la balanza-.

Mientras hablábamos pasó una chica. Muy linda. Tenía como treintayrica años. Nos vio y se nos acercó con la mayor naturalidad. Acá viene lo bueno. Le dijo al Tito que estaba conmovida por cómo él me leía el diario, viendo que, a todas luces, yo era un indigente (mi zapato). El Tito respondió que aquella es la gran labor que heredó de sus antepasados, que ayudar no era una cosa de la religión, sino del género humano. La mujer, emocionadísima, se presentó como académica de la insigne Universidad de Chile, profesora de la carrera de periodismo. Me preguntó mi nombre. Le dije que me llamaba Sémola, y que gracias a mi altruista amigo llevaba varios días sin drogarme, que me había pagado una ducha y que, además, me leía el horóscopo para subirme el ánimo: podría encontrar un trabajo pronto, le dije. Se enterneció mucho más.
Notó que leíamos un diario viejo, de otro día, y se ofreció a leerme el horóscopo actual, buscando por internet de celular, claro, era una chica moderna. Yo le dije que prefería que se lo leyesen a mi genial amigo, que si el mío decía algo triste me sentiría muy mal. La mujer le preguntó su fecha exacta de nacimiento, para que fuera más precisa la profecía -aunque, en realidad, quería saber la edad de mi amiguín-. Creo que el Baraja mintió un poco con el año, pero el día posiblemente era el correcto: 20 de Febrero. La señorita se dispuso a leer el signo Piscis. El Navaja la paró, diciéndole que él era Acuario. No, le dijo, usted el Piscis.


Me reí tanto que les contagié las carcajadas. Le dijimos la verdad de nuestras identidades, que los dos éramos unos futuros y potenciales indigentes, con la diferencia de que yo había perdido un zapato. La chica se tomó la mentira con mucho humor y, como regalo de despedida, le dio su teléfono al Tito Baraja, mi amigo sirenita. 

4 comentarios:

  1. ¡Pero es que ese tío no nació, ese tio fue depositado en una nube de algodón sobre la Tierra en medio de cánticos gozosos de ángeles imberbes!

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  2. ajjajaja al leer pense inmediatamente en esto "Me sentía triste porque no tenía zapatos, hasta que me encontré con un hombre que no tenía pies." jajajajaja buena, me gusto

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