sábado, 17 de mayo de 2014

De corbatas, rumores y gatos.

Hablo mucho. Tengo que controlarme. Hablar menos. A veces me sorprendo hablando solo, inventando canciones o cuentos medios tontos. Lo hago incluso cuando me baño o cuando lavo los platos. No habría problema si lo pensara solamente, claro que no, pues nadie escucha los pensamientos de uno. Pero no, tengo que decirlo en voz alta. El otro día, mientras lavaba, reinterpreté una discusión que tuve tiempo atrás. La diferencia es que en mi versión de los hechos yo salía ganando. Victoria dramática, pura gloria. Alguien escuchó esa autodisputa y me tildó de loco. “Te recomiendo que vayas al psiquiatra”.
Y bueno, eso es lo más interesante que me ha pasado esta semana. Ya basta. Se acabó. Dejaré mis hábitos de gamblero, me pondré corbata y buscaré un trabajo como Dios manda. Y pagaré el pasaje de la micro y esperaré con ansias el Mundial de fútbol y veré televisión hasta que me salgan hernias y leeré a libros con moralejas y pagaré las cuentas y volveré a la universidad a terminar una carrera, con título, mierda, profesional, con toda la parafernalia. DOCTOR SÉMOLA. No doctor honoris causa. No. Doctor médico. De esos lindos. Forrado en plata.

─ Buenos días Doctor Sémola.
─ Buenos días ¿Habrá pacientes hoy?
─ Sí, de hecho habrá varias. La primera llegará en unos momentos, pero antes quiero pedirle un favor.
─ Qué clase de favor.
─ Quiero que revise mi genital privado.
─ ¡Eso es antiprofesional! Yo soy su jefe, no su amante.
─ ¡Pero usted es el doctor con las manos más suaves de Chile!
─ ¡Aah! Me convenciste. Está bien, te revisaré. Bájate los pantalones.
─ Muchas gracias, doctor Sémola, muchas gracias. Le pagaré a final de mes.
─ ¡Olvídate del dinero! Esto yo lo hago porque las vaginas son mi pasión.
─ ¡Pero, Doctor, yo no tengo vagina! ¡Soy hombre!
─ ¡Eso está por verse! ¡Bájate los pantalones!
─ Mire.
─ ¡Crestamáquina!

Y me invitarán a la tele y almorzaré con un político y conduciré la sección de un matinal... Pero también estaré enfermo. Mortalmente enfermo. El cáncer del éxito me comerá desde adentro y, cierto día (día de certeza, como la muerte), cuando la presión de la estabilidad desequilibre mi cordura, me pondré la chaqueta y saldré a caminar. A lo lejos veré un par de bigotes: mi amigo, el Tito Baraja. Me hará un guiño. Lo saludaré con un abrazo. Llorando, le pediré perdón. Él, más viejo y más acabado, recriminará mi ausencia y me invitará volver al Marcoleta. Emborrachémonos. Yo demoleré mis altares y volveré como marqués por su marca. Ese será el fin del Doctor Sémola. Estoy tan seguro de que así será, que no me molesto ni en intentarlo.

2 comentarios:

  1. Exactamente, una versión gamblera, pero exactamente, la Última Tentación de Cristo, de Nikos Kazantzakis.

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  2. lo lei cual Alex de la naranja mecanuca narrando jajajaja

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