domingo, 6 de abril de 2014

Sueño de un Sémola por la Noche



Debo contarles mi sueño antes de que se me olvide. Fue raro. Lo soñé la otra noche.

Un borracho, de corbata y maletín, me contaba una historia más perturbadora que niño asesino. Se supone que un grupo de científicos, del cual él era un auspiciador, había creado una bacteria con la capacidad de descomponer los hidrocarburos  en átomos agua y carbono. Tate. Para mí, que soy un ignorante en ese tipo de artes, eso no me decía  nada; el borrachín luego me explica que, por fin, gracias a la bacteria, muchos de los residuos plásticos del planeta podrían “desaparecer”, ya que si se exponía, por ejemplo, una botella de plástico ante una cepa, los bicharracos convertirían aquella botella en una masa de polvo cuyo nivel de contaminación sería mucho menor, esto en cuestión de días…

La cosa es que si todo fuese tan bueno y pulcro, el hombre no estaría borracho, demacrado, sudando frío y asustado, hablándome mientras se le descarriaban los ojos. “Pero no nos imaginamos que eso, eso sería tan peligroso” susurró. Me dijo que las empresas petroleras se habían enterado del bicho, y que, por algún motivo que yo ignoraba, querían el control de la bacteria. Claro, no lo harían por las buenas. Los científicos sintetizaron la bacteria con el fin de ayudar a la humanidad, pero las petroleras la querían evitar pérdidas: “Es cosa de que suelten la cepa en las refinerías para que el petróleo se vaya al carajo y, con el petróleo esfumado, ellos no ganan más plata y pierden su poder”, explicó el borracho.
El grupo científico, como buenos justicieros, estuvo de acuerdo con hacer colapsar al mundo con la finalidad ulterior de un futuro mejor. Soltaron la cepa bacteriana en esa isla de basura que flota en el Pacífico. Teóricamente, con el tiempo, la cepa llegaría a las refinerías de todo el mundo, acabando con el oro negro; así, al ser el petróleo un bien tan caro y tan escaso, los esfuerzos de la humanidad se aunarían en crear algún sistema de energía renovable, sana y limpia. 
“¿Y entonces qué pasó, por qué estás tan asustado?”, le pregunté ante su nueva palidez. “Pasó que una peste acaba de llevarse a un millón de asiáticos… Nadie sabe de dónde viene dicha peste; lo que sí saben es que es rápida y letal: la bacteria en cuestión se come el carbono de las células tan rápido que parce ácido”. Bebí mi trago y le pregunté si éste era el fin de la humanidad. Rió fuertemente y me dijo: “es el fin de toda la vida”.

Desperté asustado y prendí el televisor. Los chinos siguen vivos.

2 comentarios:

  1. Este sueño hay que divulgarlo. Eso de que los chinos siguen vivos.., si nos vamos a fiar de las noticias ya los podemos dar por muertos. Recuerda lo de Bhopal 500000 personasumanas muertas del zapatazo y todavía seguimos hablando del "terrible genocidio judío" como si fuera lo más terrible que ha ocurrido en los últimos 75 años -y eso es de lo que me acuerdo ahora porque acabo de leer un libro que lo menciona-. Amigo no dudes de que se trata de un sueño premonitorio. Lo de la isla basura -no lo olvidemos, es más grande que Australia- tampoco se comenta mucho por aquí.

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    1. Bhopal??? Lo buscaré, no me suena. Pero es verdad, el otro día vi un documental sobre el genocidio armenio y tenía la misma pinta (espero que no sea lo mismo que lo de Bhopal, ya que quedaría como un idiota). Un abrazo!!

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