lunes, 28 de abril de 2014

La llave de hueso, la llave de piedra, la llave de madera (Reseña).



[…] Se trata de un conjunto de folios que conforman algo muy parecido a un libro, pero el sentido de éstas, su disposición, no es lo suficientemente lineal como para considerarse tal. Las páginas de pergamino, según cuentan, se abren en varios sentidos, dando la sensación de que hubiese varios libros en una misma encuadernación. Hasta el momento se han identificado tres grandes secuencias, las cuales podrían considerarse “capítulos” distintos. Para alguien entendido en la literatura peninsular del siglo XIX, la Encriptofábula se encuentra escrita con un castellano común a la época, pudiéndose relacionar con variantes dialectales del norte de España. Internamente, según supimos, se trata de un texto escrito en verso, cuyas páginas están numeradas con una letra y un dígito que nada tienen que ver con el orden del texto versado. Asimismo, si se lee el relato en verso de una manera “acróstica”, es posible identificar otra unidad textual, en latín, un poco más compleja de entender. Según supimos, el mensaje que contiene este gran acróstico poco tiene que ver con el significado de los versos que lo componen, sin embargo, por sí mismo el acróstico presenta una clara unidad temática. Por tal motivo, la Encriptofábula representa un verdadero desafío para el filólogo que tenga la oportunidad de investigarla. Además de lo comentado, sobre el texto en latín no supimos mucho, igual suerte para el código (la letra y el número) en la esquina de las páginas. Esto sobre los aspectos formales de la obra. [...]


Sabido es que alrededor de la Encriptofábula se tejen varios mitos que no nos interesa traer a colación. Es claro que su carácter de “libro maldito” se debe más a estrategias publicitarias que otra cosa, ya que las tragedias -supuestamente asociadas a su reproducción- tienen un fuerte componente sensacionalista, sucesos que las casas de subastas se preocuparon de cultivar […]

[…] Para empezar a leer el libro, como comentábamos más arriba, es necesario seguir cierto “ritual” escrito en la contratapa del mismo. En estricto rigor no es un ritual; se trata de instrucciones precisas y claras sobre cómo fabricar una llave, instrumento que serviría para activar un artilugio adosado en ambas tapas del mamotreto, pudiendo abrirse solo con esta llave hecha de un material idéntico o muy parecido al de la pequeña cerradura. Se advierte, además, que el uso de una madera distinta de la que se recomienda para la fabricación de la llave, dañaría el mecanismo por el cual se abre la Encriptofábula, rompiéndolo, debido a la dureza de la llave, o bloqueándolo con los fragmentos de una clave más blanda que se rompa al activar el cerrojo. Según nos cuentan, más adentro se repite otro “ritual” que explica algo muy parecido, solo que el material para fabricar esta llave es roca - al parecer, una roca nada común-. Del mismo modo, el informante nos comenta que hay una tercera cerradura, minúscula, ya en un nivel bastante profundo. Puede que este último “ritual” haya potenciado el supuesto malditismo del volumen, pues el material que se recomienda para la manufactura de la llave es hueso, preferiblemente extraído de la osamenta de un niño que haya muerto de causas no naturales. […]



[…] La primera parte del texto narra lo que acontece cuando el hombre más viejo y más sabio de la humanidad, medita en el “Camino de la Luna”. El nombre de este personaje no nos es revelado por el Informante. Logramos entender que se trata de una especie de alquimista, o de un brujo, una suerte de Arquímedes, en el peor de los casos. La historia parte cuando este hombre, que es el más viejo y sabio de la humanidad, se encuentra con otro, al que se referirán como “El Caminante”. El relato se estructura dialógicamente, podría remitirse su estilo a los diálogos socráticos, por citar algo que se parezca. Si bien es un texto escrito en el siglo XIX - cf apartado final sobre la autoría- , el saber que contiene podría ser más viejo, ya que las conversaciones en esta primera parte versan sobre conocimiento rúnico, sobre los dibujos que hacen las estrellas y las olas, entre otras cosas (los detalles se explican en el contenido del presente artículo). Es importante señalar que la sabiduría del Caminante era superior a la del hombre más sabio, no sabríamos precisar en qué sentido. Esta sección termina cuando el caminante continúa su viaje. Tras haber desarrollado un artilugio apropiado para abrir la segunda parte del códice (la llave de piedra), la historia prosigue en una situación parecida a la sección anterior: el Sabio mirando hacia el Camino de la Luna. Nuevamente, por la vía viene El Caminante, igual de joven, solo que varios años después. El Informante precisa que al venir del mismo camino y de la misma dirección, se entiende que le ha dado la vuelta al mundo: la historia de los dos personajes continúa una vuelta al mundo después de su último encuentro. Es notable cómo el Informante comienza a expresarse de maneras más oscuras sobre la segunda parte, creemos que se debe a que no logró entender a cabalidad de qué trataba, desconocemos si se refiere metafóricamente a lo sucedido. Nos cuenta que El Caminante trae el fin del mundo y que el Sabio solo puede esperar. Los temas ahora son notablemente más esotéricos, por decirlo de algún modo. Hablan del espíritu de la tierra, del alma de la humanidad, del fuego, de la luna. El Caminante le enseña una canción al Sabio, bastante horrible, que habla de recién nacidos quemados en una pira. Además, la actitud del Caminante parece haber cambiado, ya no busca largas discusiones con el Sabio, ya no busca instruirlo, solo busca desbaratarlo, desencajarlo. Desconocemos muchos de los temas que nos plantea el Informante. Al final de esta parte, El Sabio decide seguir al Caminante en su viaje, mientras que en el horizonte se ve un “gran incendio” que no sabríamos interpretar. No tenemos información sobre la tercera parte del libro, ya que es la sección que todos los dueños han considerado “Maldita”, por lo que no registraron nada al respecto, ya sea por desconocimiento o por pudor. Creemos, dada la evidencia que se precisará más adelante, que relataría el viaje que emprende el Sabio con el Caminante. Como no podemos profundizar más sobre este tercer capítulo, procederemos a reseñar cómo se perdió la Encriptofábula, barajando varias de las hipótesis que, claro, la “prensa” especializada nunca le hará saber. Partiremos refiriéndonos a las controvertidas hipótesis sobre su autoría […]

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