sábado, 19 de abril de 2014

De la página en blanco



El orto día salí borracho de una local en Recoleta y llegué sin un zapato a mi casa. Eso pasó hace más de una semana. Hace más de una semana que no salgo de mi pieza, pues tengo solo un par de zapatos. Bueno, tenía. Le pedí al Baraja que me buscara mi querido zapato pero dijo que no lo pilló. Al darlo por muerto, decidí no salir del Saturno hasta tener un par nuevo…
Como tenía para rato, pensé en avanzar la novela que me encargó, antes de morir, el legendario Vilches. Pero la inspiración es cosa seria. En estos 8 o 9 días, creo que no he avanzado ni dos páginas. Hago de todo por acabar con la uniformidad blanca de la hoja, pero me distraigo fácilmente: me hago un café, miro por la ventana, duermo una siesta, releo lo que había escrito antes, café, y se me pasa el día. De cualquier forma, de lo poco que llevo, estoy bastante orgulloso.
Ese Vilches era un cabrón instruido, por lo que sus referencias -las "recomendaciones" que me dejó antes de irse-, más que ser literarias, fueron todas teóricas. Tengo que aceptar que entendí muy poco de todos los textos que me dejó por leer. Es un infierno la crítica literaria, un verdadero Infierno. Cuando llegué a esa conclusión, entendí por qué el Vilches me pidió que leyera a aquellos autores: porque era un bromista. Me hizo perder el tiempo a propósito, leyendo a rusos, alemanes, uno que otro franchute, etc. No me dejaron nada, solo me aburrían, ante lo cual me hice la pregunta: ¿por qué me habrá pedido que lea esta mierda? Recordé nuestras conversaciones, muchas de ellas, en donde, antes de marcharse, me decía cosas como “En ese local hay una chica que se muere por ti”, “Llama a este número y pregunta por un tal ‘Colombia’, él te dirá cómo se llega al Marcoleta”, “Recuerda ver tele hoy, posiblemente aparezca en pantalla”. Todas y cada una de esas recomendaciones eran mentiras. Y no tenía sentido que me mintiese, pero lo hacía. Yo caí las primeras 20 veces, por lo menos, hasta que me percaté que uno de sus pasatiempos era jugarme extrañas bromas. Antes de irse a Brasil me dejó la lista de autores. Murió y, por la pena, pasé por alto el hecho de que era un conchesumadre, y tuve que volver a la universidad, a su biblioteca, a buscar libros aburridos y complejos. Cuando terminé todos los jodidos textos, me di cuenta que había caído nuevamente en su trampa, solo que fue la última. 

2 comentarios:

  1. No contaba con morirse. La idea era sacar su libro -un complejo relato de misterio y sexo con garotas -¿se escribe así?- y espías norteamericanos que descubrían su homosexualidad en las fabelas de Rio do Janeiro -antes de que tú sacaras el tuyo, para así tener él alguna oportunidad. Te la jugó bien jugada, amigo.

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  2. jajaja no había leído esto. La Broma Final, así le decía el buen Vilches.

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