miércoles, 12 de febrero de 2014

Tardía continuación, inconclusa, de la conclusión. Aventura de año nuevo.

(La verdad, no subiré todo lo que pasó pa' año nuevo. Primero, por pudor. Segundo, por que no lo he escrito todo y, tercero, porque es penosamente largo. Me empecé a obsesionar con anotar detalles que a mí me parecieron relevantes  y graciosos, pero cuando los leía, notaba que no eran más que polvo. Así que hasta acá llega la cosa. Por lo menos hasta que logre sintetizar de manera más responsable y empática todo lo que me aconteció. PD: podría decirse, a modo de conclusión, que no conocí al Nicanor: Él me conoció a mí, joer).


Ahí mismo, dentro de nuestra celda temporal, en el cierto retén que no pretendo recordar, nos encontramos con que los carabineros estaban bien poco interesados en tomarnos los datos, o lo que sea, éramos nosotros dos (el Baraja y Yo), además de un viejo desnutrido que estaba como muerto. Lo miré y creí ver mi futuro. Entonces me acerqué, lo senté en una posición más digna y comencé a reanimarlo. El viejo, al verme, me abrazó y me dijo “Feliz año nuevo, hijo”. A pesar de su olor a orina y de su cara de adicto al neoprén, recordé a mi padre y, en su honor, le dije “Feliz año nuevo, papito”.
Por algún motivo secreto, desperté abrazando al viejo, lo que era lógico, pero también estaba abrazando al Baraja, que a su vez me abraza a mí y al viejo flaco. Reaccioné cuando una voz externa dijo “miren trío de maricones como duerme”. Eran los carabineros. Nos sacaron y nos dijeron que tuviéramos ojo, que nos soltaban así nomás (sin levantar cargos) por la fecha, pero que anduviéramos con cuidado. Al salir, el Baraja me preguntó por el Pecas, cosa grave, aún era medio pollo el chico, por lo que, en volada de tragedia de año nuevo, pudo haberle pasado algo. Fuimos al punto de encuentro y, en efecto, lo encontramos. Estaba durmiendo aferrado a una botella de coca-cola que en su interior tenía un líquido ámbar. “Hey, Pecas, arriba”. “Caaabros, dónde estaban, los extrañé”. Se levantó y nos abrazó, emocionado.
El sol estaba fatal, la resaca se mezclaba con su luz y con el polvo de los caminos, para formar una especie de nirvana de cemento: la peor de las resacas. Resolvimos ir a dormir los tres a la playa, cuando notamos que el viejo de la comisaría aún nos estaba siguiendo. Se llamaba Loco Cádiz, nombre demasiado rebuscado como para dejarlo ahí solo, al pobre. Era un mendigo de Valparaíso, según nos contó, ¿qué hacía allá? Ve tú a saber. Lo acogimos como uno de los nuestros. Llegamos a la playa y nos echamos en la arena, el viejo, calladito, se fue a un rincón, levantó unas marcas que había en la arena de la playa y comenzó a cavar. Yo lo miraba anonadado. Del hoyo sacó un melón con vino. “Lo guardaba pa’ la mañana”, estaba refrescante aquel vino, tomamos hasta llegar a ese estado en que la resaca, ante la nueva ingesta, se detiene hasta días posteriores . Acá un consejo, para que no les dé resaca, nunca dejen de tomar. Yo me dormí después de un rato, desperté, calculo, como a las 14 horas, estaban contando sus experiencias y, aunque no lo crean, a mí me fue mejor que a los 3. El Baraja tuvo el desacierto de abrazar a una abuela que pensó que la estaban raptando, el Pecas se perdió del grupo con el que andaba, y tuvo que abrazar a un caballero con la esperanza de que no se notara tanto cuando abrazara a la hija, a la que no abrazó. El viejo Cádiz dijo que él estaba buscando a su mujer. Es claro que, si estás buscando a tu mujer, pero en lugar de ello te encuentras con nosotros, es porque tu noche no fue la más buena. A pesar de las tragedias, estábamos todos con muy buen ánimo, charlando felices y satisfechos. Por el horizonte una figura se acercaba, era el Pelado, mi más mortífero enemigo de la vida. Venía igual que como lo habíamos dejado, y se negó, avergonzado, a contarnos lo que le había pasado a él – claramente, también le fue mal-. Pero, ni tonto ni perezoso, un poco ebrio, como nosotros, me dijo: “Oye Sémola, ¿no supiste?, en este momento se está haciendo una fiesta en honor a Nicanor Parra.”
Ya lo había olvidado, él era la meta desde el principio, lo pasé por alto ante el fervor de la fiesta. El Loco Cádiz nos dijo que él sabía llegar a Las Cruces, y que conocía personalmente a “Nicanor Barra”, agregó el viejo mentiroso. Entonces, los 4, nuevamente, equipados esta vez con su arma secreta, el Loco Cádiz, partimos para finalizar lo que habíamos dejado pendiente debido a importantísimos asuntos que tuvimos que atender. Y para seguir la jarana, el Pela’o sacó una botella de champagne que abrimos y bebimos al seco, incluyendo a nuestro nuevo amigo.

2 comentarios:

  1. Bueno, esto va a ser como un coitus interruptus; pero oye, que nos quiten lo bailao. (Que el Pelao al menos se porta, por lo del champán, digo)

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  2. Porque diablos te das tantas vueltas, a mi solo me interesa saber que hablaste con el maestro, pues ya tengo re claro que son unos alcohólicos empedernidos...
    (Esta semana es el Carnaval con la fuerza del Sol (14,15 y 16 de Febrero) aquí en Arica así que cuando se me pase la caña (como el lunes o martes) les contare que me paso por aquí ;) )

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