miércoles, 19 de febrero de 2014

Sobre mi primer Súper Héroe: Súper Corbata.



Producto de aquella versión falsa de la adultez, que me mostraban en todas partes cuando era niño, mi idea de ella fue siempre –incluso ahora- bastante idiota. De todos modos, no había una tendencia a idealizar. Después de ver durante toda mi primera infancia a mi padre llegar pálido, más arrugado, triste, de un trabajo de 9 horas diarias, todos los días, flaco, más pobre, pero siempre peinado, siempre con corbata, y siempre alegando que el trabajo dignifica, ahora grande, veo hacia atrás y noto que no había dignidad en él.

Ahí creé mi fantasía, esos personajes que en principio son para divertirse, pero que terminan siendo algo así como un gran grillete. Era un súper héroe, se llamaba, nada más ni nada menos, que Súper Corbata. Era un oficinista bastante normal, pero cuando había problemas, tomaba su corbata de oficinista –que tenía dos agujeros, pudiendo funcionar a modo de antifaz- y se enmascaraba para luchar contra el crimen. Primero, Súper Corbata fue un chico joven y fuerte con súper poderes. Después, envejeció y comenzó a usar armas de fuego. Después, ya no apresaba a los malhechores, los mataba, y no de frente: caminaba sigilosamente tras ellos y, cuando estaba bien cerca, ¡zas!, los estrangulaba con una de sus corbatas. Después, ya no solo mataba lo que comúnmente se conoce como un delincuente, ahora le arrebataba la vida a quién pillara caminando solitario por ahí, “para practicar”, según él, pero no nos engaña: matar por la espalda le comenzó a producir placer, mucho placer.

Nadie nunca sospechó de Súper Corbata, y, mi primer personaje súper héroe se transformó en mi primer asesino en serie. Nunca más imaginé súper héroes. No valía la pena, se volverían locos como éste; a Súper Corbata no lo culpo, bajo la rutina asesina, lleno de deudas, hambriento, esclavo del poco dinero, no es difícil perder la empatía. Por supuesto, nadie nunca logró pillar al Súper Corbata. Descubrieron que él era el “asesino de la corbata” por una nota suicida que dejó antes de colgarse -cosa obvia- con su propia corbata. Escribo esto porque hoy, mientras paseaba por la calle, vi a un sujeto demacrado como los que ya describí, y su corbata tenía dos discretos agujeros a modo de antifaz.

8 comentarios:

  1. Quizás no todos tus súper héroes se vuelvan asesinos en serie, creo que "Súper Corbata" fue otra de las ideas locas de tu mente y hoy en día como esta la sociedad si existiera este súper héroe seria hasta comprensible en lo que se convirtió.
    Creemos que nuestra felicidad esta en las cosas que compramos, en el dinero que tenemos en el banco, en la casa o en el auto que tenemos, pero en realidad la felicidad esta en las cosas sencillas de la vida, esas que te permiten tener un equilibrio... ;)

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    1. Hoy en día el verdadero super poder es estar forrado en plata.

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  2. Puede que solo fuera un señor con la corbata raída. No comprendo por qué la pieza de ropa más estúpida es una de las que más cuestan. Más que unos calcetines o que unos calzoncillos. Y ahora me doy cuenta por primera vez en el universo que CALCetines y CALZoncillos tienen la misma raíz.

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    1. Hay gente que colecciona corbatas. Corbatas.

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  3. Súper Corbata, no sé, de repente hice cruce de ideas y me lo imaginé como un personaje de Bukowsky, loco y sin sentido. Bukowsky jamás creo asesinos... Bueno, eso fue mi extraño aporte... Saludos

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    1. Todo bien (mientras no seas el Alma de Buk).
      Un abrazo.

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  4. Me ha encantado la idea de que el superhéroe se convierta en un villano. La diferencia entre ambos está en algo que llamamos moral, y que es tan subjetiva como tratar de clasificar una piedra por sus gustos artísticos.

    PD: No me gustan las corbatas, pero pienso compartir tu entrada en todas mis redes sociales ^^

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    1. Gracias por pasar!! Yo creo que a muy pocos piensan cosas buenas sobre las corbatas. Si fuera por mí, elegiría como prenda distintiva de lo corporativo un gran y negro sombrero de copa, al menos serviría de algo, no como las corbatas.
      Un abrazo!
      S.

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