martes, 14 de enero de 2014

Aventura de (p)año nuevo. Tercera y penúltima parte.



Y nos embriagamos, por Zeuz, por el año viejo que fue tan provechoso, por el año nuevo, por la chucha, por la mierda, Portugal, porcino, pormenores. Confesé que mi novela tenía pretensiones de lo más irresponsables, al punto de querer igualarse a las grandes novelas de siglos pasados. El Pecas confesó que se había ganado medio millón de pesos en el hipódromo, y que, celebrando, se durmió cerca del Marcoleta donde, desde luego, le robaron todo; no lo había querido contar por vergüenza, pero no tenía de qué avergonzarse: el Baraja, en las mismas circunstancias, una vez perdió su saxofón, que según él es único e irremplazable; yo, por mi parte, una vez desperté en la calle sin pantalones, fue en mi primer carrete como nuevo miembro de la elitista sociedad gamblera. No recuerdo realmente todas las cosas que hice esa noche de año nuevo, lo importante es lo que pasó con Violeta.
Le pregunté si seguía en el asunto de la prostitución. Se acercó a mi oído para responderme,  tan coqueta ella siempre y, en lugar de hablar, sentí como su lengua se pasaba por el borde externo de mi -mil veces- bendita oreja. Voto a Dios, tenía una erección final, definitiva. Pero claro, me hice el duro: sin cambiar mi expresión facial, puse mi mano en su cintura y la presioné levemente hacia mí. Sabes que siempre me has gustado, le dije. “Le gusto a casi todos, deberías decirme algo que nadie me haya dicho”.   Pardiéz, en ese momento la sangre que debería estar en mi cerebro estaba en mi Pene, y la poca sangre que me quedaba disponible, tenía alcohol suficiente como para eliminar la hepatitis del mundo. Pero la inspiración es la inspiración, dije:
-Por ti, hermosa Violeta, sería capaz de devorarme un Quijote y una Biblia en un mismo día.
-Te refieres a leerlos.
-No, a comérmelos.
-¡Upa! No me lo esperaba – dijo, riéndose ante tamaña estupidez- te cobraré la palabra.
-O sea -agregué-, que cuando haga lo de los libros serás mía.
- No- y rió.
-Entonces, ¿de qué servirá?- pregunté.
-De nada.
-Lo haré de todas formas, y posiblemente sea lo más importante que haga en mi vi- y me interrumpió con un beso en los labios. Feliz año nuevo, me dijo, y se fue. “Feliz” mis polainas, MARAVILLOSO, ES LA PALABRA. Estaba seguro de que no me la volvería a encontrar en esa misma noche, posiblemente ella ya venía acompañada de un macho recio y perfecto. Cuando ellos mueran, yo estaré ahí para ella, pero como aún no pasaba aquello y como un beso para mí era lo suficientemente bueno para vender mi dignidad, fui en busca de los chicos. Encontré al Pecas con el Baraja, éste último un poco molesto dada la sequía de féminas. Me contaron que el Pelado se había marchado con la chica, y cuándo le preguntaron si lo podían acompañar, él les respondió que comieran mierda, que él no se haría cargo de ningún imbécil. El Baraja estaba enojado porque él quería seguir aquella tradición de abrazar a una mujer como primer abrazo del nuevo año, nos quedaban como veinte minutos. Nos propusimos hacer lo que fuese para abrazar a una mujer. Lo que fuese. Nos bebimos al seco la botella de vodka que nos quedaba y, zas, nos separamos. Nos encontraríamos en aquel mismo punto después de las 12 de la noche.
Utilicé la estrategia del macho silencioso... Me acerqué a un grupo de chicas y puse cara de serio y de grave y de masculino y de lobo solitario. La cosa debería funcionar de la siguiente manera: como ellas estaban igualmente ebrias, seducidas por mi gran estampa, se acercarían y me pedirían, me rogarían, un abrazo. 11:58, aún no me miraban. 11:59, nada. Entonces, a la chucha. 10, 9, 8, siete, seis, CINCO, CUAAATRO, TRES, DOOOOS, UNOOO. En este punto, posiblemente, las chicas estaban entre ellas, a punto de abrazarse, cuando, de pronto, vieron que un sujeto se metía entre ellas, abalanzándose, un sujeto medio feo, ebrio hasta por las gónadas, gritando, “abrácenme guachas ricas, abraaaaaaaacenme, abraaacenme”, les agarró el poto, los pechos e intentó besar a más de alguna, lo logró, sí, lo logró, fue un ataque sorpresa, abrazó como a tres, pero claro, eran lesbianas, y pelean mejor que cualquier gamblero, por muy ebrio que esté, entonces, cuando se vieron alrededor de aquel Baco llamado Sémola, todas, al mismo tiempo, zas, me pegaron. No me defendí, solo sentí que una multitud me arrastraba hacia cierto lugar: una patrulla de Carabineros. Me metieron a la fuerza, “al mal, combatir sin temor”, gritaba mientras ofrecía una lamentable resistencia. Tenía los labios hinchados y me sangraba la nariz. Pero no estaba solo, dentro de la patrulla estaba mi buen amigo el Tito Baraja, llorando. Nos abrazamos y nos deseamos un feliz año nuevo.

Claro, esto no termina acá. 

6 comentarios:

  1. ¡Así se hace la vida!. Feliz esa vejez llena de recuerdos amargos.

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    1. Las costras terminarán formando una implacable armadura.

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  2. Aun no llegas a la parte mas importante de tu aventura... A todo esto porque siempre terminas siendo llevado por lo señores carabineros?
    Ademas creo que tienes una fijación con las prostitutas (usa condón xD)

    P.D: Estoy en Santiago hasta el 20 de Enero (me carga esta maldita ciudad)

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    1. No con TODAS las prostitutas, solo con las que conozco, jajajaja.
      Tenle amor a mi Santiago querido, es la única ciudad con Elektras y Sémolas.

      Un abrazo desde este cuartucho que se caer por el peso de las cucarachas que están tramando alguna bellaquería, las muy malditas.

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    2. Amor ? Amor le tengo a Arica y para aya iba despues de porfin terminar todo en la universidad, pero mi amigo me arrastro hasta aqui, y tuve que aplazar incluso mi viaje a Bolivia!!!

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    3. Arica?? Puros pecados por allá.

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