lunes, 13 de enero de 2014

Aventura de (b)año Nuevo. Segunda parte.


(Vuelvo a tener internet. No se enojen por la foto de Parra, él me autorizó)

Íbamos camino a Las Cruces, discutiendo en torno a quién reviviríamos en el caso hipotético de que fuésemos dioses omnipotentes, discusión bastante común, en serio. Se sorprendieron los gambleros cuando dije que yo traería de vuelta a Freddy Mercury, según el Pecas, todos esperaban que dijese el nombre de algún escritor, como el Pela’o, que postuló a Bukowski.Todos saben que los escritores merecen estar muertos, para qué revivirlos, y más si moriste de una lenta leucemia. El Baraja iba a opinar cuando el tipo que nos transportaba en su pequeño taxi nos indicó, mediante una muy poco educada mueca, que nos bajáramos. Según el Pelado, el tipo siempre fue malas pulgas.
Nos dejó en la carretera, eran como las 10 de la noche, ya estábamos bastante ebrios y, la verdad, la bajada del vehículo fue tan repentina, que no sabíamos dónde estábamos. El instinto nos hizo caminar hacia cierta dirección. Luego de un par de minutos caminando, un automóvil se detiene cerca de notros y, de adentro, nos pregunta si “¿por allá queda la fiesta de Cartagena?”, “Sí” respondí apresurado, impactado y sin saber, realmente, si por allá estaba Cartagena. El Tito hizo la jugada “Les decimos donde queda exactamente si nos llevan”. Aleluya. Eran 2 muchachas bastante bellas las que nos hablaron. Debido a esa carnavalización tan típica de la fiesta del final de año, las chicas nos aventaron con buen ánimo, confianza, y sin muchas preguntas. Por caprichos de la Fortuna, realmente hacia aquel azimut se encontraba la celebración del año nuevo. Al parecer, el Baraja sí conocía el lugar, o quizás, bajo los efectos del alcohol, recordó el camino mientras avanzábamos. En cualquier caso, nos sirvió para conocer a las muchachas. Eran de Santiago, como nosotros, y vestían ambas unos trajes ajustadísimos y cortos que tentaban a imaginarlas así, sin nada puesto. Para mi lástima, el Pela’o, mi más horroroso enemigo, enganchó con una en el acto, con la que me correspondía. La otra era disputada por el Baraja y el Pecas. Fue una cosa de Suerte, ya que ellos quedaron atrás de la misma chica, por eso la disputa. Si bien el Baraja siempre ha tenido buenas historias con las chicas, el Pecas sacó a relucir un intelecto que nunca antes habíamos visto en él.
A pesar de ser menor que nosotros, mal que mal, es gamblero: para nosotros hablar es un arte, y con sus verbos y sustantivos, todos notamos cuando la chica le tocó cariñosamente la mano al Pecas para indicarle algo en el camino. “Buen jugado” le dije en bajini, quise decir “bien jugado”, pero el alcohol… “La hiciste”, le dijo el Pelado. El Baraja, picado, le apretó una nalga al pobre Pecas. Se la pellizcó. Se la retorció. Yo hubiese gritado de dolor y de sorpresa, pero la concentración del muchacho era tal, que, al parecer, se esperaba una bellaquería como aquella, por lo que se tragó estoicamente el dolor y se limitó a decir “Ay, Baraja, no me toques, si sabes que me gustan las mujeres”. Jaque mate le dicen a eso. Hasta el Baraja se rió. Nos bajamos en un solar los 6, las chicas se encontrarían con otro grupo de amigos allá. Si bien había música que no era de mi agrado, el ambiente festivo era tal y había tanta mujer bonita, que mi ánimo se elevó por las nubes, lo mismo para mis compinches. Las chicas ya andaban del brazo con los otros dos implicados, “le” Pecas y “don” Pelado. Yo y el Baraja, solos, no nos menguaríamos por nada del mundo, además, cuando llegó el grupo que esperaba a las chicas, éstas nos presentaron como conocidos, lo que sirvió para que viéramos a las hermosas amigas…
Qué les puedo decir. Les puedo decir mucho, de hecho, pero sería todo irrelevante ante mi sorpresa: entre ellas, había una vieja conocida que cayó como milagro. Nada de eso. Cayó como meteoro, como ese que extinguió a los dinosaurios, o como bomba, como la de Hiroshima. Además de su característico color de cabello, tenía una hermosa rosa puesta en él, era nada más y nada menos que la gran Violeta.

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