jueves, 30 de enero de 2014

Inicio del capítulo 4 de una Novela que jamás terminé



"Su cuerpo era lo más cercano al cuerpo que elegiría el Diablo para una orgía. Un cuerpo maldito. Una trampa de la naturaleza, con todas las curvas lentas y deliciosas que recorren la carne de aquel sexo que algunos -tontos- llaman “el sexo débil”. Devil, diría yo. Indirectamente, las mujeres manejan el mundo, y si lo manejaran directamente, olvídense de que desaparecerían las guerras o el hambre. Al contrario, no me sorprendería que un mundo liderado por mujeres volviera a ser bárbaro como antaño. Más allá de las necesidades biológicas que cualquier animal como yo sufre, soy bastante misógino. Prepárate para sufrir alma joven y, en caso de que mujer seas, prepárate para reventar corazones y alargar colmillos."

No soy yo quien habla. El protagonista, supuestamente, es un loco que se conocía como Nicola. 

domingo, 26 de enero de 2014

Sobre el arte de decir nada

Llevo días sin escribir, porque, además de los típicos problemas técnicos de mi internet, moviendo mi cama, me enterré una astilla entre el dedo índice y la uña, por lo que me duele mucho teclear. No sé qué se siente perder un hijo, pero no debe ser algo muy distinto a lo que siento en mi querido dedito. 



¡¡Por las pistolas de Larra!! Cada vez que pienso en “la trampa” recuerdo que ya llevo cierto tiempo con este blog, han sido días difíciles, sobre todo largos, imposible de recordarlos todos, todo junto, puaf, de una. Haré un alto acá, si creen que hago eso de prosa poética o algún experimento parecido a los cadáveres exquisitos o pluma libre ( aunque nunca he visto una pluma, a lo mucho un lápiz, pero es culpa de ellos: los lápices  y las plumas -si las hubiesen- se apoyan mucho en el pulso del soplapijas que las sostiene, además, nunca he confiado en su forma, perfectamente pueden servir para escribir que para matar, están hechas para apuñalar, por eso cuando escuchaba eso de “la pluma es más fuerte que la espada” imaginaba a esos monjes shaolin de películas foráneas y raras del lejano Hong Kong, decía, me imaginaba a esos monjes shaolín, peleando uno a uno contra un caballero andante, esquivando sin más las estocadas en primera y en tercera, paso, primera, HOP, tuché, así me los imaginaba: la pluma, o el lápiz, como una herramienta humilde y serena, pero letal en las manos indicadas. Esto, se supone, era una de esas pequeñas oraciones que pones entre paréntesis pero que terminan rajando la hoja, cesárea al papel, como ese cuento que hay un paréntesis que dura 100 hojas, y dentro de él, otro que dura 30 hojas, y así, hasta completar, en total, 36 paréntesis, y el último contiene un portal al infierno. Los invito a probarlo, no tiene por qué no funcionar, sería ilógico. Se supone que la unidad temática es un principio en las obras de pensamiento. Pero así no es la vida y así no es mi prosa. Algún día cerraré ese paréntesis, hoy no.

sábado, 18 de enero de 2014

Aventura de (c)año nuevo. Lo que me dijo el Baraja en la patrulla.

“Sémola, perdóname, terminé hace semanas de transcribir el duelo entre payas y rapeos, pero me da vergüenza mostrártelo, porque te vas a burlar de mi letra y de mi ortografía, que es muy mala, de chico mi papá me pegaba para que mejorara la letra, pero soy tonto, no sé, no puedo...”. Fue lo que me dijo el Baraja ese día, casi muerto de ebriedad, mientras nos transportaban al retén. Hace poco lo llamé recordándole el episodio, con la finalidad de que me diese los manuscritos y me dijo, de la nada, que acababa de quedar sordo y ciego, y que nunca más podría verme. Una gran mentira, ya que lo he visto un par de veces desde entonces. Ya estáis avisados, amigos. 

miércoles, 15 de enero de 2014

resumen de LA HISTORIA MÁS COMPLEJA E INNOVADORA DE LA SEMANA.

[No acostumbro a escribir cuentos. Encontré esta cosa entre mis papeles. Me pareció gracioso]


Esta es la historia del gran Raúl. Raúl trabaja en una oficina haciendo algo que no importa. En realidad, lo que importa es el hijo de Raúl, Raulito, que es amigo de un sujeto que tiene superpoderes: puede detener el corazón de las personas con tan solo desearlo. Cosa rara en mundo de los superpoderes. Cierto día, el amigo del hijo de Raúl, estaba con una señora que se caracterizaba por su gran par de pechos que, según contaban, tenían cerebro propio, ya que acostumbraban a jugar ajedrez con la señora, y ¡vaya que eran buenos!. A tal punto eran autónomos –los pechos- que la señora parecía ancilar a ellos, pues solía hacer todo lo que éstos le dictaban, incluso pasar por alto las atrocidades que cometía su marido, que era violador de niños, un mal nacido, que a vista y paciencia de ese gran par de melones, había ultrajado al pequeño Raulito, quien, a su vez, le contó a su amigo (el de los superpoderes). Éste se hizo cargo de la señora y de los pechos, los mató sin pensarlo mucho. El problema era el marido, ya que, como todo violador, no tenía corazón. “Pero tienes garganta”, le dijo Raúl mientras lo degollaba en cierta estación de metro.

martes, 14 de enero de 2014

Aventura de (p)año nuevo. Tercera y penúltima parte.



Y nos embriagamos, por Zeuz, por el año viejo que fue tan provechoso, por el año nuevo, por la chucha, por la mierda, Portugal, porcino, pormenores. Confesé que mi novela tenía pretensiones de lo más irresponsables, al punto de querer igualarse a las grandes novelas de siglos pasados. El Pecas confesó que se había ganado medio millón de pesos en el hipódromo, y que, celebrando, se durmió cerca del Marcoleta donde, desde luego, le robaron todo; no lo había querido contar por vergüenza, pero no tenía de qué avergonzarse: el Baraja, en las mismas circunstancias, una vez perdió su saxofón, que según él es único e irremplazable; yo, por mi parte, una vez desperté en la calle sin pantalones, fue en mi primer carrete como nuevo miembro de la elitista sociedad gamblera. No recuerdo realmente todas las cosas que hice esa noche de año nuevo, lo importante es lo que pasó con Violeta.
Le pregunté si seguía en el asunto de la prostitución. Se acercó a mi oído para responderme,  tan coqueta ella siempre y, en lugar de hablar, sentí como su lengua se pasaba por el borde externo de mi -mil veces- bendita oreja. Voto a Dios, tenía una erección final, definitiva. Pero claro, me hice el duro: sin cambiar mi expresión facial, puse mi mano en su cintura y la presioné levemente hacia mí. Sabes que siempre me has gustado, le dije. “Le gusto a casi todos, deberías decirme algo que nadie me haya dicho”.   Pardiéz, en ese momento la sangre que debería estar en mi cerebro estaba en mi Pene, y la poca sangre que me quedaba disponible, tenía alcohol suficiente como para eliminar la hepatitis del mundo. Pero la inspiración es la inspiración, dije:
-Por ti, hermosa Violeta, sería capaz de devorarme un Quijote y una Biblia en un mismo día.
-Te refieres a leerlos.
-No, a comérmelos.
-¡Upa! No me lo esperaba – dijo, riéndose ante tamaña estupidez- te cobraré la palabra.
-O sea -agregué-, que cuando haga lo de los libros serás mía.
- No- y rió.
-Entonces, ¿de qué servirá?- pregunté.
-De nada.
-Lo haré de todas formas, y posiblemente sea lo más importante que haga en mi vi- y me interrumpió con un beso en los labios. Feliz año nuevo, me dijo, y se fue. “Feliz” mis polainas, MARAVILLOSO, ES LA PALABRA. Estaba seguro de que no me la volvería a encontrar en esa misma noche, posiblemente ella ya venía acompañada de un macho recio y perfecto. Cuando ellos mueran, yo estaré ahí para ella, pero como aún no pasaba aquello y como un beso para mí era lo suficientemente bueno para vender mi dignidad, fui en busca de los chicos. Encontré al Pecas con el Baraja, éste último un poco molesto dada la sequía de féminas. Me contaron que el Pelado se había marchado con la chica, y cuándo le preguntaron si lo podían acompañar, él les respondió que comieran mierda, que él no se haría cargo de ningún imbécil. El Baraja estaba enojado porque él quería seguir aquella tradición de abrazar a una mujer como primer abrazo del nuevo año, nos quedaban como veinte minutos. Nos propusimos hacer lo que fuese para abrazar a una mujer. Lo que fuese. Nos bebimos al seco la botella de vodka que nos quedaba y, zas, nos separamos. Nos encontraríamos en aquel mismo punto después de las 12 de la noche.
Utilicé la estrategia del macho silencioso... Me acerqué a un grupo de chicas y puse cara de serio y de grave y de masculino y de lobo solitario. La cosa debería funcionar de la siguiente manera: como ellas estaban igualmente ebrias, seducidas por mi gran estampa, se acercarían y me pedirían, me rogarían, un abrazo. 11:58, aún no me miraban. 11:59, nada. Entonces, a la chucha. 10, 9, 8, siete, seis, CINCO, CUAAATRO, TRES, DOOOOS, UNOOO. En este punto, posiblemente, las chicas estaban entre ellas, a punto de abrazarse, cuando, de pronto, vieron que un sujeto se metía entre ellas, abalanzándose, un sujeto medio feo, ebrio hasta por las gónadas, gritando, “abrácenme guachas ricas, abraaaaaaaacenme, abraaacenme”, les agarró el poto, los pechos e intentó besar a más de alguna, lo logró, sí, lo logró, fue un ataque sorpresa, abrazó como a tres, pero claro, eran lesbianas, y pelean mejor que cualquier gamblero, por muy ebrio que esté, entonces, cuando se vieron alrededor de aquel Baco llamado Sémola, todas, al mismo tiempo, zas, me pegaron. No me defendí, solo sentí que una multitud me arrastraba hacia cierto lugar: una patrulla de Carabineros. Me metieron a la fuerza, “al mal, combatir sin temor”, gritaba mientras ofrecía una lamentable resistencia. Tenía los labios hinchados y me sangraba la nariz. Pero no estaba solo, dentro de la patrulla estaba mi buen amigo el Tito Baraja, llorando. Nos abrazamos y nos deseamos un feliz año nuevo.

Claro, esto no termina acá. 

lunes, 13 de enero de 2014

Aventura de (b)año Nuevo. Segunda parte.


(Vuelvo a tener internet. No se enojen por la foto de Parra, él me autorizó)

Íbamos camino a Las Cruces, discutiendo en torno a quién reviviríamos en el caso hipotético de que fuésemos dioses omnipotentes, discusión bastante común, en serio. Se sorprendieron los gambleros cuando dije que yo traería de vuelta a Freddy Mercury, según el Pecas, todos esperaban que dijese el nombre de algún escritor, como el Pela’o, que postuló a Bukowski.Todos saben que los escritores merecen estar muertos, para qué revivirlos, y más si moriste de una lenta leucemia. El Baraja iba a opinar cuando el tipo que nos transportaba en su pequeño taxi nos indicó, mediante una muy poco educada mueca, que nos bajáramos. Según el Pelado, el tipo siempre fue malas pulgas.
Nos dejó en la carretera, eran como las 10 de la noche, ya estábamos bastante ebrios y, la verdad, la bajada del vehículo fue tan repentina, que no sabíamos dónde estábamos. El instinto nos hizo caminar hacia cierta dirección. Luego de un par de minutos caminando, un automóvil se detiene cerca de notros y, de adentro, nos pregunta si “¿por allá queda la fiesta de Cartagena?”, “Sí” respondí apresurado, impactado y sin saber, realmente, si por allá estaba Cartagena. El Tito hizo la jugada “Les decimos donde queda exactamente si nos llevan”. Aleluya. Eran 2 muchachas bastante bellas las que nos hablaron. Debido a esa carnavalización tan típica de la fiesta del final de año, las chicas nos aventaron con buen ánimo, confianza, y sin muchas preguntas. Por caprichos de la Fortuna, realmente hacia aquel azimut se encontraba la celebración del año nuevo. Al parecer, el Baraja sí conocía el lugar, o quizás, bajo los efectos del alcohol, recordó el camino mientras avanzábamos. En cualquier caso, nos sirvió para conocer a las muchachas. Eran de Santiago, como nosotros, y vestían ambas unos trajes ajustadísimos y cortos que tentaban a imaginarlas así, sin nada puesto. Para mi lástima, el Pela’o, mi más horroroso enemigo, enganchó con una en el acto, con la que me correspondía. La otra era disputada por el Baraja y el Pecas. Fue una cosa de Suerte, ya que ellos quedaron atrás de la misma chica, por eso la disputa. Si bien el Baraja siempre ha tenido buenas historias con las chicas, el Pecas sacó a relucir un intelecto que nunca antes habíamos visto en él.
A pesar de ser menor que nosotros, mal que mal, es gamblero: para nosotros hablar es un arte, y con sus verbos y sustantivos, todos notamos cuando la chica le tocó cariñosamente la mano al Pecas para indicarle algo en el camino. “Buen jugado” le dije en bajini, quise decir “bien jugado”, pero el alcohol… “La hiciste”, le dijo el Pelado. El Baraja, picado, le apretó una nalga al pobre Pecas. Se la pellizcó. Se la retorció. Yo hubiese gritado de dolor y de sorpresa, pero la concentración del muchacho era tal, que, al parecer, se esperaba una bellaquería como aquella, por lo que se tragó estoicamente el dolor y se limitó a decir “Ay, Baraja, no me toques, si sabes que me gustan las mujeres”. Jaque mate le dicen a eso. Hasta el Baraja se rió. Nos bajamos en un solar los 6, las chicas se encontrarían con otro grupo de amigos allá. Si bien había música que no era de mi agrado, el ambiente festivo era tal y había tanta mujer bonita, que mi ánimo se elevó por las nubes, lo mismo para mis compinches. Las chicas ya andaban del brazo con los otros dos implicados, “le” Pecas y “don” Pelado. Yo y el Baraja, solos, no nos menguaríamos por nada del mundo, además, cuando llegó el grupo que esperaba a las chicas, éstas nos presentaron como conocidos, lo que sirvió para que viéramos a las hermosas amigas…
Qué les puedo decir. Les puedo decir mucho, de hecho, pero sería todo irrelevante ante mi sorpresa: entre ellas, había una vieja conocida que cayó como milagro. Nada de eso. Cayó como meteoro, como ese que extinguió a los dinosaurios, o como bomba, como la de Hiroshima. Además de su característico color de cabello, tenía una hermosa rosa puesta en él, era nada más y nada menos que la gran Violeta.

jueves, 9 de enero de 2014

Aventura de año nuevo. Primera parte.


Al fin he vuelto a Santiago, me demoré nueve días en volver. No. Diez. Diez días en volver. TODOS TIENEN LA CULPA, en otras palabras: PASÉ EL MEJOR AÑO NUEVO DE MI VIDA.

Partió el asunto cuando nos encontrábamos tomando unas cervezas en el Saturno. Aún lúcido, el Baraja de siempre contaba la historia sobre la vez en que le escondieron marihuana dentro de su saxofón. Eso no es lo relevante. Dentro de la misma historia dijo que, antes, cuando era chico, inventaba canciones para saxo y, cuando el tema quedaba bueno , decía que era de alguien más, de alguien connotado, de algún saxofonista famoso, cosa que cuando lo interpretara no le criticaran nada y simplemente se llevara elogios. Ahí lo interrumpí.

Yo hago lo mismo, o sea, yo hice lo mismo.
¿Ah, sí? dijo el Pecas.
Sí, cuando estaba borracho en la universidad recitaba mis poemas y decía que eran de Nicanor Parra, para lo mismo, para que no me criticaran.
Pero qué imbécil que eres, Sémola. Yo decía que mis composiciones eran de saxofonistas muertos, cosa que nunca pudiesen comprobar si eran realmente temas de ellos.
Sí, pero siempre pensé que Nicanor moriría pronto. En esos años el viejo ya era viejo.

En eso, una voz irrumpe en la cocina. Era el Pelado, mi más terrible y letal enemigo del universo. Había estado escuchando todo lo hablado. Y dijo: 
El cinco de este mes [ lo que cuento transcurre el 31 de diciembre como a las 19 horas], el viejo Parra cumplió 99 años.
¿En serio?- inquirí.
Sí, y ahora, en este momento, se está celebrando que, si llega a finales del 2014, tendrá 100. Hay una especie de fiesta, incluso, allá en Las Cruces.
¡Pardiéz!
Es mucho tiempo vivo dijo el Pecas, que era el más joven. El Pela’o agregó:
Pero deberías hacer algo, mal que mal, él se ha estado llevando el crédito de tus mejores poemas, y eso únicamente por ser famoso y amado.
Tiene razón el cabeza de rodilla dijo el Tito, refiriéndose a lo dicho por el Pelado.
Creo que tendremos que ir a Las Cruces (que es la playa donde vive el antipoeta) y decirle unas cuantas verdades a ese plagiador de mierda- dije y, como por arte de poesía, todos entendieron que el plan del Baraja, de pasar el año nuevo en la torre, se había ido al carajo otro año más.
Tengo un amigo que irá a Valparaíso en un rato más, él nos puede dejar camino a Las Cruces- Dijo el Pelado, y de paso, con ese “nos”, se incluyó en la aventura.


Y henos ahí: 4 gambleros de tomo y lomo, dispuestos a sacrificar al ungido Parra en pro de una aventura que desde su inicio ya sonaba a fracaso. El Tito Baraja, el Pela’o, el Pecas y el letal Sémola, unidos únicamente por la gamblerística, cabalgan hacia la costa con la finalidad de "dar cara" ante el patrón de los antipoemas. Claro, esto no termina acá, mañana os cuento qué ocurrió.