martes, 30 de diciembre de 2014

P.E.C.H.O.S.

YA, YA, YA. Se acaba el año, felicidad, buenos deseos, wena vibra, triunfos para el próximo, horóscopo, etc, etc, etc. Lo mismo de siempre, en realidad.

El año pasado conocí a Nicanor Parra, aunque dudo que él recuerde quién soy. Este año la cosa se viene media rancia, porque TODOS tienen mucho dinero disponible para gastar, incluso yo, así que de seguro será la fiesta más memorable del universo. Ya estoy un poco ebrio, de hecho, me tomé una de esas latas largas de cerveza y no saben cuánto me ha costado escribir estas poquitas palabras. Como que los dedos se me ponen a bailar. Flojos los güeones, como su dueño.

El próximo año pretendo, eso sí, buscar un trabajo decente. 

viernes, 26 de diciembre de 2014

La venganza

No he escrito mucho últimamente porque, al ser final de año y ese tipo de cosas, pretendo terminar algunos proyectos (y por terminar me refiero a empezar).

Seré breve.

Anoche estaba durmiendo cuando un sonido extraño me despertó. Era como un seseo rápido y monótono. Prendí la luz de la lámpara y el ruido cesó. “Por la mierda, es un ratón”, pensé. Lo imaginé royendo alguno de mis libros (olvidé decir que de allá venía el ruidito, de mis repisas). Como son lo único de valor que tengo, me levanté y comencé a sacarlos en bloque, de manera de pillar al infeliz roedor. De pronto, cuando sacaba una edición de Rayuela que aún no leo, el sonido vuelve y se acentúa. Sss, sss, sss, sss. Era una avispa atrapada en una telaraña. Oh, por Dios. Supe de inmediato que uno de mis más grandes enemigos de toda la historia había vuelto: La Araña Literaria.

Un animal ilógico. No entiendo por qué algo tan chico como una arañita tiene el veneno suficiente para matar a un ser que no se pueden comer. Recuerdo haber visto hace tiempo en un documental en donde se explicaba que algunas arañas, recién nacidas, aún siendo macroscópicas, soltaban un filamento varias veces más largo que la misma arañita. Esto lo hacían subiéndose a la copa de un árbol. Luego, dado su diminuto tamaño y, por ende, su extrema fricción con el aire, el bicho volaba a merced del viento. Vuelan. Y así poblaron todo el mundo, no necesitaron de Noé. Incluso se habían encontrado especímenes a nivel estratosférico. De nada sirvieron mis esfuerzos, tarde o temprano mi pequeño verdugo vendría a cobrar venganza.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Amigo Secreto


El año pasado fue la primera vez que jugamos al Amigo Secreto. El Baraja, el Tres Bastos, Trulu, Pecas, el Pelao de mierda y vuestro servidor. Yo le salí al Tito, cosa que supe porque el Trululú me llegó con la copucha. Eso de inmediato me dio mala espina, porque si hay algo en lo que el Baraja es experto, es en decepcionar a las personas, superándose siempre cada vez más.
En fin, me esperaba algo terrible de regalo, alguna bagatela sin valor o, por ejemplo, algo como lo que pasó para mi cumpleaños, cuando me regaló un anillo de acero. Me dijo “te lo regalo porque a ti se te perdió el tuyo”. Cuando la realidad de los hechos era que él me lo había “perdido” y que, además, el anillo que me estaba regalando era el original mío, o sea que lo tuvo todo ese tiempo. El año pasado me dije “pucha que será una navidad atroz”. A mí se salió el Pecas y le regalé un sombrero que no se ha sacado desde ese día. En esas vísperas, cuando llegó el momento de recibir nuestros regalos, el Baraja fue el primero en entregar el suyo. Sabrán mi notable decepción cuando lo vi con las manos vacías parado en medio de todos. “A mí me salió el Sémola. Compadre, te hice una canción”. Acto siguiente, sacó su saxofón y nos dejó a todos con la boca abierta. Interpretó una pieza excelente. Dijo que se le había ocurrido cuando leyó un cuentito donde relato el momento en que nos conocimos. Confesó que, por primera vez, con ese cuento, se había sentido importante y valorado. La pieza de saxofón tenía el sugestivo y épico nombre de “La Leyenda del Sémola” y fue su retribución por lo del cuento.

Este año preparé un súper regalo. No diré quién es el objetivo, pues el sapo del Tito de repente se mete a mi blog. Además, ahora juegan el Hijo del Vilches y Zapatito Nuevo. Ojalá sea una Feliz Navidad.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Prejuicios chilenos



Ayer, llamó por teléfono mi mamá. Dijo que necesitaba un favor urgente. Me preocupé, nunca me llaman a menos que haya pasado algo verdaderamente grave. Emprendí de inmediato el viaje. Cuando llegué a mi antigua casa, entré en seguida, pues la puerta estaba abierta. Sentada en el sillón estaba mi mamá. Me mira, solemne, un poco triste, melancólica y dice:

-Necesito que le lleves este vestido a tu tía, para que lo arregle.

-Pero maami, yo pensé que había pasado algo maaalo. 

Argumentó que de verdad era una urgencia, porque mi hermana tenía que ocupar ese vestido en una obra la próxima semana y que nadie más se lo podía llevar a mi tía. Ella vive a un número importante de cuadras, entonces decidí que iría en la bicicleta de mi hermana. Me puse un buzo que encontré, metí el vestido de mi hermana en el canastito y bajé con la bicicleta.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Cuento: Presión Social.

(Como no me ha pasado nada y como el Detective Sémola es un verdadero inútil, prefiero pegar íntegro un cuentito que escribí hace algún tiempo -como hace dos años-)

Presión Social

Cansado, después de un agotador mes casi infinito, llegaba a casa con mi pequeño sueldo. Al doblar por una esquina poco transitada, se me acerca un tipo de mala cosecha y me amenaza con un cuchillo, exigiendo el dinero de mi salario. Era un asalto y él su perpetrador. Le dije:

“Amigo, no eres menos ni más que yo. Sé que robas porque es lo único que sabes hacer, que te viste obligado, que la vida no se te ha dado fácil; pero, por favor, considera que yo también tengo que mantener a 2 niños y que con mi sueldo, sí, el que me vas a robar, apenas me alcanza”

El tipo, aunque mostró cierta conmoción a través de sus ojos, me acercó más la cuchilla, al tal punto que podía sentir su temperatura en la piel de mi cuello. Me respondió:

“No me importa, no me cuentes tus problemas, no me importa, solo dame la plata”.

La terrible angustia de verme sin fondos al inicio de mes me empujó a responderle:

- Bueno, lo siento. Tendrás que robarle a un muerto, porque no puedo permitir que te lleves mi dinero.

- De qué estás hablando- bramó, y sentí que el filo me rozaba la garganta.

Levanté mis manos en señal de rendición, cerré los ojos, tragué saliva y comencé a decir lo que, quizás, serían mis últimas palabras.

- Que yo no apruebo la violencia, sería incapaz de hacerte daño. Tal cosa sería caer dentro del sistema nefasto en el que estamos inmersos. Tampoco puedo entregarte mi plata, la necesito, y no tengo el valor para llegar con las manos vacías a mi hogar. Entonces, prefiero morir, amigo. Solo pido que, cuando me acuchilles, intentes matarme rápidamente. No quiero que mi familia sepa que agonicé de dolor antes de estirar la pata, eso los haría sufrir más aun.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

La naturaleza cacomórfica y monstruocefálica de Ismael

[[Teletón Chile, simplemente referida como «la Teletón», es un evento benéfico televisivo realizado anualmente en ese país desde 1978, salvo en aquellos años cuando se realizan elecciones presidenciales. La Teletón de Chile, la cual fue liderada por Don Francisco, fue la primera teletón y, debido a su éxito, ha sido imitada en otros países de la región.]]


En esta ciudad insana, acequia de la hispanidad, hay algunos monstruos que por mí son muy queridos. Monstruos en el sentido estricto: adefesios que “presagian” calamidades que ocurren constantemente, insignias de su naturaleza cacomorfa o monstruocefálica. Uno de ellos se llama Ismael. A pesar de tener tan literario nombre, su estampa se aleja de cualquier forma de belleza -pero no de arte-. Ismael nació con una condición invalidante, sus piernas terminan a la altura de la rodilla en un nodo grueso y amorfo, junto con pequeños apéndices inservibles. Una de sus manos, además, es como una ramita flácida de piel, adornada con dedos igualmente atrofiados. Tiene un solo brazo funcional que utiliza para moverse sobre una patineta que él mismo adaptó para tal propósito (yo la bauticé como Pequod, jejeje). 

No le tengo lástima. Es un desgraciado, sí -¿quién no?-, pero la lástima se reserva solo para aquellas personas lastimosas. Este sujeto es un mal parido cualquiera, grosero como pocos e inteligente como menos.

Lo conocí hace un par de años, cuando yo aún era un pollo inocente y estafable. Ese mismo día tuve la estúpida idea de preguntarle si alguna vez había ido a la Teletón, “para que te arreglen, po, para que te mejores”. Me lanzó una mirada intensa, chorreando desdén. Luego, agregó:

Yo no soy defectuoso, soy diferente. No quiero que me torturen con operaciones de mierda, ni quiero dar lástima con mi cuerpo. Yo quiero que todos me acepten así como soy; que pueda encontrar un trabajo apto para mí y que, sobre todo, no me traten como si estas piernas fueran fruto de un accidente.

No supe qué contestarle. Su postura ante el tema era sólida y, de golpe, noté que las capacidades de este monstruo eran muy superiores a las mías. También comprendí que su dignidad le impedía postrarse para mendigar–Ismael vende pequeñas chucherías, es común verlo en el centro- , a tal punto que constantemente rechaza el dinero de quienes se lo facilitan con ánimo de limosna. “Como si ellos fueran superiores a mí”.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Detective Sémola II

(Ahora que soy un detective debo cambiar mi registro habitual y escribir como escribiría un supuesto detective)



Desperté alterado por un rayo de luz que se infiltró en mi habitación a través de la ventana. Estaba viviendo una resaca íntima, por lo que no tenía planes soportar la insistencia de sol. Agobiado, moví la persiana y corté el haz de luz.

Hoy se cumplen 4 días desde que no sabe nada de El Pecas. El maldito, mágicamente, se esfumó. Intuyo que su desaparición tiene algo que ver con el libro. Este pedazo de páginas, expresión de la tortura que vivimos a diario, engloba misterios que es mejor no develar. Mi olfato me dice, sin embargo, que la piedra de Roseta -que me ayudará a resolver este acertijo- yace en la persona que controla los hilos de esta comedia. Si resuelvo el enigma, doy con El Pecas. Partiré visitando a la legendaria Violeta, Prostituta de renombre, conocedora de todos los pasos que se dan en esta ciudad. Sé dónde encontrarla, pero algo me huele mal: la oscura vida que llevo me agudizó la intuición, puedo oler cuando hay trampas ante mi nariz. De cualquier forma, si alguien sabe dónde está el Pecas, es Violeta. El paso siguiente será encontrar e interrogar al cretino de mi amigo.

Y así voy quemando mis días con la lentitud de un cigarro húmedo, mientras veo cómo se arrinconan los unos a los otros en este laberinto al que llamamos Santiago. Solo acá he visto personas vivas tan muertas como cadáveres, transitando sin reparar en que, bajo sus pies y sobre sus cabezas, existe una constante fuerza capaz de lanzarlos a la deriva de la violencia. Esa potente fuerza recibe muchos nombres: dinero, drogas, sexo, pobreza, desesperación. Pero yo la llamo, simplemente, “Santiago”.


(Ojo, que al idiota del Pecas lo vi el martes en la mañana. Se le había quedado su sombrero en mi pieza. Igual es posible que la Violeta sepa algo del asunto del libro. Fingiré que el Pecas está perdido para darme importancia)

domingo, 9 de noviembre de 2014

Detective Sémola I


Hace aproximadamente un mes estuve de cumpleaños (6 de octubre). Como todos los años, recién ayer me llegó el primer regalo. “Regalo”. Me lo obsequió el siempre afable Pecas.

“Mira, mira, me , teee, te, te regalo este libro porque yo cacho, sé, sé que te gusta leer así, entonces como que te quería hacer este regalo y, claro, po, toma, feliz cumpleaños”.

Se trataba de una edición en rústica, vieja y gastada de 1984. Tenía subrayadas algunas partes en él, unos papelitos adosados que marcaban pasajes interesantes y, además, la contratapa estaba espectacularmente doblada. Lo miré a la cara y le pregunté “Pecas, ¿quién te dio este libro'”. El Pecas respondió evasivamente, diciendo que lo había comprado en una librería de segunda mano. El canalla me mentía, o al menos no decía toda la verdad: ese mismo ejemplar de 1984 fue mío alguna vez, lo perdí hace un par de años, cuando recién estaba dejando de ser un indigente. Lo perdí estando borracho, para variar.
Luego de que el Pecas se fuera, dando excusas sobre un compromiso al que no debía faltar, revisé más en detalle el libro. Tenía cosas nuevas. Las zonas subrayadas con grafito y los papelitos indicadores de pasajes eran de mi autoría, pero las líneas subrayadas con lápiz rojo, un extraño dibujo al final, la marca de un beso con lápiz labial burdeo y un montón de otras cosas, eran nuevas. Bueno, “nuevas”. Lo que más me intrigó de todo era el mensaje que acompañaba la huella del beso:

“Algún día volveré a tus brazos, Sémola”.


Estaba dicho, este misterio debía ser resuelto por un detective curtido, duro e inflexible: Yo. Desde mañana seré como Sam Spade, como Maigret, como Heredia, como Nick Belane, seré el detective más misterioso de Santiago. Me llamarán “la Sombra de la Noche”, “el Puño del olvido”, “El galán del Centro”, “el Azote del crimen”. Soy lo que mi ciudad necesitaba. Desde mañana seré El Detective Sémola. Y daré con quién me haya escrito aquel misterioso mensaje. Hoy no haré nada, pues tengo una resaca de aquellas.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Disciplina rígida, Pasión magma escarlata.


En el último tiempo, no digamos que he plasmado cosas de calidad en este blog. Lo que sucede es que estoy volcando toda mi creatividad en La Novela Gamblera, mi proyecto estrella. Se trata de la novela más definitiva de la historia de las novelas. Se trata de la obra más fundacional de Chile. Se trata de la joya más brillante de la hispanidad. Tal labor, pues, requiere el 100% de mis neuronas y esfuerzos. Es un reto que solo YO puedo llevar a cabo –al ser una persona con mucho tiempo libre-; encomendado desde la muerte, con la misión de sellar la literatura a través de una obra que estremezca sus bases, romperé las fronteras del arte con el puño de lo literario.

A continuación veréis solo una pequeña muestra de este tan genial trabajo, fruto del esfuerzo de semanas, de meses y, por qué no, de toda una vida. Podréis deleitaros con la fortaleza y la madurez de una prosa que es constantemente esculpida, hora a hora, minuto a minuto: cada segundo del día en que no estoy pendiente de comer o dormir, estoy tallando las letras de lo que será mi pasaje -y el de muchos- a la inmortalidad.

Sin más dilaciones, hela acá: un segmento íntegro, terrible, tremendo y catastrófico de lo que puede hacer la mente del humano cuando se ve empujada por una disciplina rígida, propulsada por una pasión de magma escarlata. Acá, amigos míos, acá los dejo con el inicio de mi novela:

viernes, 31 de octubre de 2014

Noche de Brujas


El año pasado, en esta misma fecha, varios niñitos golpearon mi puerta en búsqueda de dulces. Ni siquiera estaban todos disfrazados, solo vestían capas o portaban máscaras plásticas. Todos chilenos, ninguno peruano. Como no tenía dulces, varios de los malditos o me rayaron la puerta, o bien me reventaron huevos en mi ventana, o bien me dejaron obscenos dibujitos con caricaturas que me representaban lastimosamente. Decidido a que no se volvería a repetir esa misma historia, este puto año compré putos caramelos. Odio a los niños. No pretendía hacerlos felices con mis dulces, por lo que compré una bolsa grande de esas golosinas duras y fuertes, mentoladas. Se llaman “dulces” pero no son dulces, su sabor te despeja los bronquios dando la impresión de que te comiste un hielo. Todos ganan: ellos tienen sus caramelos, yo mantengo limpia mi puerta y, de paso, los hago comer estas mierdas.


Acá el problema. Este año en el Saturno solo hay un niñito, un peruano. A diferencia de los demonillos del año pasado, este llorón no tiene amigos que invitar y, para más remate, no celebra La Noche de Brujas (fiesta idiota que sirve solo para aumentar las caries). Niños malditos, me gasté tres mil pesos en golosinas que odio y que no me comeré jamás. Ahora voy saliendo a una fiesta. Pasaré por la casa del peruano y le regalaré la bolsa entera.

jueves, 23 de octubre de 2014

Flor


Como ya es costumbre en este insigne blog, relataré brevemente mi más reciente derrota. Ayer iba a juntarme con una mujer que conocí hace un par de semanas atrás. Era una mujer hermosísima, cabe decir. ES hermosísima. Fui a su encuentro entusiasmado, pues era evidente que yo también le gustaba.

Aaay, el amor. Todo sería perfecto si tuviera EL RESPETO MÍNIMO QUE MEREZCO. Nadie me respeta, pero es que nadie me respeta. Debe ser por mi pinta y porque soy flojo y pobre y no tengo ni dignidad ni amor propio. Pero conozco como a diez personas así. Incluso más de diez, deben ser como doce o trece (incluyendo al Tito). Todos igualmente fracasados, pero, eso sí, gozan de una inmunidad cósmica que yo no tengo.

Me juntaría son esta chica en una esquina del Parque Forestal. Cuando estaba llegando, se me acerca un tipo con cara simpática y me pide ayuda para mover un gran mueble. Solícito, accedí. Al dejar el armario donde correspondía, caché que mi mano y la manga de mi chaqueta estaban llenas de mierda. Sí: caca, excremento, surullo. Y lo mejor de todo, ERA HUMANA.

El compadre no sabía de dónde había salido la caca. Por mi parte, tengo una teoría. Tan solo la perfecta combinación de estos terribles y apocalípticos factores podría generar la flor de caca con la que me encontré: exceso de vino, falta de pudor, apremio y resaca. Por favor, no imaginen el olor que tenía aquel desperdicio.

Lo triste fue que me tuve que devolver al Saturno. Me bañé y me cambié de ropa, tonto de rabia. Cuando llegué por fin al lugar –con una hora de retraso-, la chica ya no estaba. Una vez más, GRACIAS, UNIVERSO.

martes, 14 de octubre de 2014

Baudelaire contra El Sémola

El Albatros

Por distraerse, a veces, suelen los marineros
Dar caza a los albatros, grandes aves del mar,
Que siguen, indolentes compañeros de viaje,
Al navío surcando los amargos abismos.

Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas,
Estos reyes celestes, torpes y avergonzados,
Dejan penosamente arrastrando las alas,
Sus grandes alas blancas semejantes a remos.

Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil!
Él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco!
¡Éste quema su pico, sádico, con la pipa,
Aquél, mima cojeando al planeador inválido!

El Poeta es igual a este señor del nublo,
Que habita la tormenta y ríe del ballestero.
Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío,
Sus alas de gigante le impiden caminar.


Charles Baudelaire

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“[…] Aún estamos en esos tiempos. La gloria les pertenece a los que nacieron EN la gloria. Pero, aunque muera anónimo y de hambre, yo no quiero ser como esos poetas, Tito. Si Baudelaire nos conociera se daría cuenta de su error: el poeta no es el albatros, es el marinero que lo tortura”.

El Sémola (luego de haber llorado, una vez más, por perder otro concurso literario)

jueves, 9 de octubre de 2014

Mi canto a la vida

(Me da mucha vergüenza subir esto, pero es un lindo ejercicio para mi feo blog. Lo siguiente lo escribí el martes por la madrugada. No recuerdo exactamente el momento en que lo hice, no recuerdo en qué estaba pensando cuando lo escribí y, ahora que lo leo, no sé qué pasa con mi cristianismo. Debe ser algo muy fuerte que tengo muy adentro, algo que niego, pero en un nivel MUY inconsciente. Me considero una persona poco espiritual, si creo en Dios es por tradición y no por convicción; pero, al parecer, cuando estoy borracho, soy un profeta de lo más detestable. Espero no herir ninguna sensibilidad –excepto la de Dios-).

sábado, 4 de octubre de 2014

Millonario o superdotado ¿Qué prefieres ser?


En una reciente encuesta programada por el Ilustre Gobierno de Chile en conjunto con la BBC de Londres, se realizó la siguiente pregunta a un grupo de Gambleros: millonario o superdotado ¿Qué prefieres ser? 
A continuación presentamos las respuestas.

El Sémola: Mira, bueno, en realidad es una pregunta fácil de responder, pues claramente la sociedad actual está centrada en proyectar un progreso que sea comprobable a través de las posesiones materiales y monetarias; si nos referimos a la inteligencia, me gustaría citar a Borges cuando dice que…

martes, 30 de septiembre de 2014

10 pasos para escribir un buen cuento



En esta sección encontrarás 10 sencillos pasos para escribir un cuento lleno de magia y felicidad. Espero que te sirva.

1)     No escribas un buen cuento.
2)     Sal de tu casa con pesimismo y camina con rumbo incierto. 
3)     Después de caminar un rato, emborráchate en el bar de siempre.
4)     Infringe alguna ley o pasa por alto alguna regla moral. Lo que nos llevará al paso siguiente.
5)     Huye por tu vida. Lo que nos llevará al siguiente paso.
6)     Suplica que, por favor, no te golpeen ni en la cara ni en las partes pudendas.
7)     Vuelve, como puedas, al bar.
8)     Una vez en el bar, cuenta lo que te acaba de pasar, tergiversando la verdad, quedando como un héroe.
9)     Vuelve, como puedas, a tu casa.
10)  Escribe un mal cuento (aprovecha mientras estás borracho).

martes, 23 de septiembre de 2014

Razones metafísicas para no aparecer en las fotografías


-Oye Sémola, ponte pa’ la foto.

-No, no me gusta sacarme fotos.

-¿Por qué?- preguntó El Pecas, el más inexperto y pardillo del grupo. Tomé mucho aire y le respondí:

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Otra vuelta de la Fortuna


Recuerdo que anoche, antes de dormir, lancé una moneda al aire. Me dije “si sale cara, me suicido; si sale cruz, no”. Salió cara. De todas formas, ya tenía pensado suicidarme, aunque en varios años más, cuando tenga la cara destruida por el tiempo.
Al respecto, El Marcos Tres Bastos, el dueño del lugar donde vivo y gamblero por mérito propio, ya sabe cómo se suicidará. Resulta que hace años atrás se infiltró en un edificio a medio construir. Era de noche, no había nadie trabajando en él. Subió por las escaleras hasta llegar su azotea.

Por motivos que no comentaré, llevaba una buena provisión de cervezas, cigarros y flores.
Por motivos que no comentaré, se tumbó dentro del hoyo destinado a ser piscina y se quedó mirando el cielo
Por motivos que desconozco, la puerta que conectaba la azotea con el resto del edificio se atrofió, impidiendo su apertura; el Tres Bastos no pudo salir, o sea, no pudo entrar, no pudo bajar. Esto lo descubrió ya en la mañana, cuando despertó dispuesto a irse.

Allá arriba sobrevivió un poco más de tres días bebiendo cerveza, comiéndose las flores y tragándose una que otra polilla. Los trabajadores tendrían varias semanas libres, nadie iría a la construcción por un tiempo debido a problemas con la inmobiliaria. En esos tres días se volvió loco, e intentó lanzarse por la borda del edificio varias veces, pero algo detuvo todos sus intentos. No fue el miedo. No fue la esperanza.

He visitado ese edificio un par de veces, pidiendo exclusivamente subir a la azotea. Resulta que alrededor de él, aunque un poco lejos, hay varios edificios de altura similar, estos ya estaban habitados cuando el Marcos se quedó varado en el cielo. Cada vez que se disponía a saltar y hacer valer su derecho a matarse, veía que una persona lo estaba mirando. De más está decir que el Tres Bastos gritó por ayuda innumerables veces. Los edificios colindantes están lejos, no creo que lo hayan escuchado, pero es perfectamente visible. Como dije, alguien lo vio: esa persona lo miró tres días seguidos, inmóvil la mayoría de las veces, sentado frente a un gran ventanal. Tres días seguidos viéndolo morir.

El Tres Bastos se logró salvar por cosas de la Fortuna, nuestra diosa. Un ingeniero de la empresa inmobiliaria subió a la azotea y encontró al pobre manojo de locura cantando y gritando incoherencias. No revelaré más al respecto, es una historia áspera, extraña y atemorizante. Mi amigo apareció en televisión por el altercado, pero nunca se dijo que estaba loco,  ni se dijo que volvió a la azotea y que, incluso, vivió en ella hasta que lo echaron cuando el edificio comenzó a ocuparse, ni tampoco se dijo nada de esa persona que lo miraba desde su ventana. Yo tampoco diré nada. Solo diré que desde esa misma azotea se matará el Marcos Tres Bastos y lo hará cuando se auto-convenza de que el mundo, y el universo entero, seguirán su curso con o sin él.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Lucifer les habla a sus ángeles antes del exilio


Yo no soy de hacer rabietas. YO NO SOY DE HACER RABIETAS. Pero las hago. No puede ser que un día de mierda termine así.  El mundo se cae a pedazos, tengo un dedo roto, perdí plata, perdí el tiempo y gané enemigos, como tres, uno tras otro, así: uno, dos, tres. Yo no hago shows. No, no hago escenas. Yo no soy peleador, ni exagerado, ni sacogüea, pero, PERO, tengo problemas serios con las personas felices. Es que no pueden. No pueden estar felices. Te creo que sonrían, incluso que se rían a carcajadas, pero no que sean felices. Eso no lo perdono. Eso no lo respeto. No pueden ser felices hoy. De todos modos no los voy a detener. Ríanse, güeón. Ríanse, ríanse, ríanse. De mí, de todos, me da lo mismo. Tomen sus pilchas y canten a coro. Sí, a coro, todos juntos, las canciones de María Colores, canciones de centro comercial y de ascensor. Canten, canten, canten. Dele, canten más fuerte. Hagan que me arrepienta. No me agradezcan, no me agradezcan, que pa’ eso estoy. Más fuerte, mierda. Denme excusas para suicidarme. Denme más excusas pa’ irme de esta güeá. MÁS FUERTE. Denme excusas para odiarlos, para morir con la guata dura de tanto odiarlos. Yo no hago shows. No. No soy de esos. Soy re-piola. El más piola. El piola. Pero por la chucha que los detesto, cabros, los detesto en serio. Y lo digo de a de veras, güeón. Lo digo con la sinceridad que siempre me ha caracterizado. Se los digo a todos y a cada uno: No pueden ser felices. Y si caigo…Escúchenme bien esta güeá. Si caigo, caen varios conmigo. Mañana, güeón. Sí, mañana, güeón. Sí. Sí. Hoy me emborracho y mañana bajo. No, si no tengo caña, no estoy borracho, no tengo resaca. Mañana bajo, que eso les quede claro a todos los culia’os, mañana bajo y me cago a la humanidad entera. Recen ahora po’, recen, uy, sí, miren cómo tiemblo, tengo susto, güeón, uy, cuida’o, cuidadito.

martes, 9 de septiembre de 2014

La orgía final (resumen)


Ayer el Pelao, mi más poderoso enemigo, me entregó un cuento para que le diera mi opinión. Me dijo “es un cuento cochino”. Por cochino se refiere a sexual. Al principio me decepcioné, pues creí que se trataba de un desesperado intento por figurar en el estéril campo de la literatura nacional, pero cuando lo leí noté que era una buena historia, tenía el mismo rasgo que el Pelao siempre le pone a sus obras literarias: yo lo llamo el “aislamiento mágico” –un mal nombre, por cierto-.


Se trata de una joven que está viajando en el Metro. Viene de la universidad, por lo que, además de cansada, carga varios libros y materiales académicos que aumentan su agotamiento. Hay pocas personas en el tren, es tarde, todas viajan en la misma sintonía, terminando la jordana con un triste viaje de retorno a sus hogares. Algo raro pasa. Entre la estación Cristóbal Colón y Tobalaba, el tren normalmente se demora 4 minutos en recorrer la distancia que separa ambas estaciones, pero la joven sentía que llevaba más de ese tiempo avanzando sin llegar nunca a al siguiente andén. De hecho, la totalidad de los pasajeros lo notó: el tren subterráneo llevaba mucho más de 4 minutos a toda máquina y no parecía estar atravesando ninguna estación, aunque se mantenía en el túnel y en los rieles. Es como si la gran cuncuna -oruga- subterránea hubiese entrado en un círculo, solo que era evidente el hecho de que recorría una distancia recta, aparentemente infinita. Los pocos pasajeros – que al parecer eran unos 30, pocos para el Metro de Santiago- se agruparon y comenzaron a discutir qué medidas tomar ante esta pesadilla. Todas las hipótesis que maquinaron eran peligrosas: los pasajeros temían asomarse por las ventanas, las alarmas no funcionaban, aunque la luz nunca se cortó. Decidieron pasar la noche en el tren. Una señora portaba muchos víveres, lo que les permitió tener una estadía no tan aterradora. El tren nunca más se detuvo. Evidentemente morirían de hambre en algún momento. La historia prosigue con una descripción de cómo los pasajeros intentaron sobrevivir. Su mayor entretención, cosa obvia, fue el sexo, mucho sexo. En parejas, de a dos, de a tres, todos juntos, etc. En las vísperas de su fallecimiento, uno de los jóvenes le confesó su amor a la protagonista. Ésta le respondió: “Si me amas a mí, nos amas a todos”. La muerte se los llevó uno a uno mientras se perdían en la orgía del final de sus días. Todos murieron felices.

martes, 2 de septiembre de 2014

Wörterbuch


-Entonces, la mina me dijo que yo era un ‘maldito galán’ y yo le respondí que ella era una maldita hermosa…

Lo interrumpí en ese punto, pues había distorsionado lo que pasó ayer de modo que, técnicamente, estaba mintiendo. No me habría entrometido, todos nos mentimos siempre y nadie nos detiene, pero el Tito llevaba un buen rato prevaricando, hasta que dijo algo que me molestó. Dijo que yo me había conformado con la “amiga fea” de la mujer que él, supuestamente, estaba cortejando. La amiga no era fea, era hermosa. Y yo no me conformé con ella, pues ni siquiera le hablé. Por otro lado, él tampoco estaba cortejando a nadie, era el más ebrio del local, como buen día lunes. Entonces me propuse ventilar su pequeña verdad.

-Tito, no, te equivocas, no dijo “galán”, dijo “gañán”- repliqué. El Pecas, el Trulu y el Bastos, quienes estaban escuchando, me miraron con cara de pregunta -“Gañán” es como decir “mal educado”- respondí.

miércoles, 20 de agosto de 2014

De la majestuosidad luciferina del Diablo



Ayer tuve que ir al Banco; es increíble que viejas deudas -de una vida que ya no vivo- aún me persigan para acosarme. Me puse en la fila, en la eterna fila frente a la única caja disponible, y, ante mí encontré a un viejísimo amigo, a quien no veía desde que salí del colegio. El Diablo. Sí, Lucifer, Mefistófeles, el Mandinga. Me saludó efusivamente y me explicó que quería sacar algunos ahorros del banco para darse “uno de esos lujos que antes me daba”.

Deben saber que el Príncipe Caído ya no es lo de antes; desde que el Neoliberalismo hace de las suyas, el Averno ya no tiene tanto sentido. De hecho, al pobre lo echaron del Infierno, tal como cuando lo corrieron del Cielo. Como lo desterraron por segunda vez, simpatizó con nuestra causa, al punto de comportarse como un Gamblero más, solo que este utiliza trucos mágicos y cambia de forma, pero no es algo que lo haga más importante. Sigue siendo lindo, pero es una belleza medieval que ya no vende mucho.

Como dije, la última vez que me lo topé estaba en la entrada de mi colegio, esperándome después de mi graduación; ahí mismo me recomendó que entrara a estudiar Literatura. Un pésimo consejo, ya ven, pues fracasé estrepitosamente.

jueves, 14 de agosto de 2014

Resumen de por qué odio el Yoga



Estaba escribiendo una entrada, pero resultó absurdamente larga y aburrida, por lo que haré un resumen salvaje, concluyendo lo mismo: fui a una clase de yoga hace un par de días, no quería ir, pero fui. Como siempre, me humillaron. Picado, entendí que jamás sería parte de nada. El Tito de mierda también fue a la clase y no sufrió ningún percance. Asimismo el Trululú, de quien fue la idea inicial. Namasté, namasté, fin. El párrafo final lo pego íntegro. No es más que un refrito de otras cosas que he dicho varias veces:


[…] Y se fueron, vistiendo su ropa de marca especial para el yoga: lycra traída desde oriente. Zapatillas confeccionadas en el corazón de la India. Toallas tejidas en el Himalaya. Bolsos comprados en Ripley. Celulares con plan de pago. Todo, sus ropas, sus bolsos, sus teléfonos, sus zapatillas, incluso sus caras, parecían estar hechos a la medida, pues todo combinaba. Las cosas que llevaban eran parte de un conjunto, tenían una lógica propia, como si la empresa que hizo las calzas conociera a los sujetos que diseñaron las zapatillas. Los clichés y tópicos idiotas y optimistas que dijo el yogui al final, chocaron, chocan y chocarán, por siempre, contra el muro de facebuk de estas chiquillas: “Excelente clase de yoga, uf, agotada”, “Esperanzas para todos, que siempre sale el sol!!”, “Bonito mensaje nos deja el profe, a ponerle power a la vida!”. Si la costumbre ahora es mostrar, es hablar en voz alta, no para que te escuchen, sino pa’ escucharse uno mismo. No me importa el Yoga, pues no soy quién para criticar una disciplina. Pero sí me importa no hundirme cuando ellos se hundan. Mis esfuerzos apuntan a hundirme mucho antes. Por ellos es que yo siempre estoy equivocado, el punto es que me encaaanta estar tan equivocado.

viernes, 8 de agosto de 2014

Diseñado por sínicos, programado por cínicos: ORTOGRAFÍA.


Estaba revisando unos documentos de mi computador y me topé con que, hace ya mucho tiempo, más de un año, escribí la palabra “sínico”, justo acá, en mi querido Blog. Microsoft Word –que es donde escribo las entradas antes de subirlas- no la marcó como error ortográfico, pues así, con s, tiene significado y es algo como “de china”. Si lo japonés es nipón, lo de China es sínico. Y por este Software de pacotilla llevo más de un año haciendo el payaso, Word de mierda. Se da el lujo de tener aquello en su léxico, pero si uno escribe algo tan natural como “polera”, la cagá te la corrige, también “fome”; o si uno escribe “la micro”, lo marca con verde. De hecho, ahora mismo en “mi querido Blog”, se destaca como error ese “mi”, pero todos sabemos que es correcto no ponerle tilde. Para qué les digo el color que le da cuando tipeo “El Sémola”, siendo que ya todos me dicen así -incluso mi mami-. ¿Le habré explicado varias cientos de veces lo que es “gamblero”? pero insiste con que está mal escrito. Uno puede escribir “Werther” y no hace nada, claro, alemancito lindo romanticón; pero si pongo al campeón “D'artagnan”, ROJO. Es incluso un poco xenófobo. Si escribo al suave e iluminado “Borges” todo sigue bien; pero si me canso de ser decrépito y hago un verdadero gesto de humanidad escribiendo "Arlt", piensa que me confundo y que estoy mal. Y sigue, referentes imaginarios. La paz del Señor: el alfa de la vida “Edén” puede seguir escribiéndose sin perder el ritmo; pero ¡ay de quien escriba “Barataria”!, para Word eso es un horror de la ortografía. De hecho Word, Microsoft, Excel, PowerPoint, Office, Explorer, son perfectamente aceptables para esta máquina, a pesar de su evidente anglicidad, oh sí, ellos son de los nuestros; pero si escribo Nintendo, Pagliacci, Gokú, Magic (The Gathering) y The Clash, se tiñe todo de rojo. Tengo más ejemplos, pero me parece redundante agregarlos pues, como pueden ver, las máquinas nos odian…

La presente entrada es para que usted me llame la atención en caso de que encuentre acá algún horror cacográfico. Y me lo dice sin respeto, pues así me quedará para siempre en la memoria. Si cumple bien, efectivamente y de manera comunista, significa que usted actuó como un sínico. Pero si no lo hace, o lo hace mal, a sabiendas de que está mal, usted estará actuando cínicamente. Mejor me lo dicen de buena manera, pues últimamente ando muy sensible.

PD: Casi se me pasa. Había escrito "¡*hay* de quien escriba 'Barataria'!". HAY. Ese "quien" ¿llevará tilde?.

lunes, 21 de julio de 2014

SOY BATMAN


Varias preguntas parten como tímidas interrogantes y terminan siendo principios. Preguntas milenarias, tales como ¿qué tan bueno soy en la cama? O ¿de qué tamaño es mi pene respecto a la mayoría? Una prostituta, amablemente, me respondió ambas: normal y normal. Pero hay otra pregunta que requirió más esfuerzo. Una pregunta que ha formado a guerreros, héroes, mártires y santos.


¿Qué tan valiente soy? 

En esa negra época en la que fui mendigo, me medí con varios trabajos en busca de reflejar mi valentía. No contaba estar borracho, puesto que todos sabemos que estar ebrio te otorga súper poderes. La cosa era hacer algo que pusiera en jaque mi sangre fría (esto rima con "valentía")

Pensé en robar un banco. Mala idea desde el inicio, mi pinta andrajosa era tan atorrante que activaba las alarmas de cualquier recinto con tan solo acercarme.

Rescatar gente de un incendio. Eso lo intenté, pero los bomberos me tuvieron que corretear con el chorro de las mangueras, ya que pretendía entrar a un edificio, en llamas, que no tenía a nadie en su interior.

Frustrar un asalto. Calamitoso error; pasó cuando vi cómo asaltaban a un kiosquero, grité “paren, paren”, con una voz de mierda, como si fuera un pájaro, pues el miedo hizo estragos en mis cuerdas vocales; los dos asaltantes me sacaron la madre.

Colarse en la fila de un recital. También fallé, me corrieron los asistentes como si fuera un despojo -y lo era, ni siquiera tenía entradas-. 

Entonces, lleno de fracasos, decidí reivindicar mi valor y preferí hacer algo repugnante: asaltar a un ciego.

jueves, 17 de julio de 2014

El Gamblero más importante

Antes de morir, el Vilches dejó una lista de “profecías”. Lo pongo entre comillas porque no se ha cumplido casi ninguna. La que se acaba de cumplir es la tercera, el resto dudo que ocurra. Todos saben que él me dejó la misión de convertir la gesta de gamblera en literatura, por ende, todos los  brujos del asfalto me han buscado desde entonces para contarme sus experiencias, llevándome inquietantes sorpresas, como la del Tres Bastos, quien estuvo una semana “encerrado” en la azotea de un edificio a medio construir, o el Trululú, quien caminando por el Mapocho llegó hasta el mar. Pero ya lo había anunciado el Vilches,

Llegará un Gamblero que será el principal y el más importante, atento con él, porque su condición lo hará más notable que todos nosotros.

domingo, 13 de julio de 2014

Enfermarse es malo

(Estaba muy enfermo, con fiebre y sin internet. Acá, algo que fue producto de la fiebre y el aburrimiento)

Mis resfriados son terribles, porque me agarran desde los pulmones hasta el pensamiento. Parten como una pequeña molesta entre las cejas, volviéndose luego mocos y dolor. Es un dolor que no termina en los nervios, no señor, termina en lo más profundo de mi mente y es que, cuando duermo constipado, sueño torrentes perversiones, se rebela un Sémola que ama a la muerte y que canta canciones que versan sobre rocas y huesos. Se me presentan espectros rancios, sin dientes, sin ojos, o me veo a mí mismo dentro de un laberinto vertical, de manera que si quiero salir, debo caer o escalar. Me llega una tristeza que me recuerda la infancia que tanto odio y que tano extraño.

¿Es condena, acaso, tener que crecer?

Se supone que es hermoso y fructífero, pero si miro mi pasado, veo un conjunto de personas borradas: siguen ahí, las he visto, pero son otros. Están tan orgullosos de ser un hermoso engrane dentro de La Máquina, que se preocuparon de borrar eso que tenían, ese pelo mal peinado, o esos zapatos sin lustrar. Los veo tan felices y completos que me pregunto, siempre, si estoy equivocado. Es una pregunta recurrente, me temo, y todos nos la hacemos varias veces a lo largo de los años. La respuesta, al menos la que se ajusta mejor a mí situación particular, me la entregó el viejo Vilches antes de irse al otro mundo. Me dijo que, en efecto, yo estaba equivocado. Y muy equivocado. Me dijo que eso de vivir como vivíamos era una pelotudez, que la gente debía esforzarse por algo o alguien, que “es mejor morir por algo que vivir por nada”, que allá a donde vamos nosotros no hay más que una condena lenta en el vacío, mientras que al resto le espera  salvación, perdón o reconocimiento… Ay, Vilches, siempre metiendo tus dedos en herida ajena (herida que es la misma para todos los gambleros).


Por algún recoveco de mi pieza se cuela una fría corriente de aire, eso me impide calentar la habitación. Si no arreglo esa fuga, no mejoraré nunca de mi catarro. Pero cuando la filtración de aire estoy seguro que la dejaré tal cual.

miércoles, 25 de junio de 2014

Mi primer flor de soneto

Hace poco fui a mi vieja casa para atender un pequeño asunto familiar. Extrañamente, mis padres no han tocado mis cajas, siguen ahí, intactas con todos sus recuerdos adentro. Y como todo lo intacto y bello en esta tierra, me propuse manosearlas y desordenarlas un poco. Encontré algo demasiado entretenido como para no compartirlo. Se trata de un cuaderno del colegio, de Lenguaje y Comunicación ¿habré tenido unos 11 cuando lo ocupé? Espero que menos. En él había varios fragmentos y trozos de cosas que ahora "grande" sigo haciendo, solo que en aquella época eran, para mí, un verdadero orgullo. Extraño, pues mientras más miro el cuadernito noto que mi calidad escolar era equivalente a la de un pupitre con problemas de aprendizaje. Por ejemplo, en la clase de lírica, textual:

“El sonete es un pomea de 14 cilabas en cada estr. verso y cinco estrofas tres”

Es una lástima que no puedan ver mi grandiosa caligrafía, retrasada en todos los aspectos posibles. También es una lástima que no puedan ver los dibujos y anotaciones que hay al margen de la hoja, pues aquello me deja un poco mejor parado desde un punto de vista intelectual. Dibujé algo como una boca, de la cual salen algo como avispas con alas de murciélago y llegan a algo como un ojo y lo mastican. Está muy logrado para mi edad. Su sentido me es críptico, pero estoy seguro que algo tenía que ver con Rosita, la chica de quien estaba enamorado hasta los cocos. Mi amor por ella se acabó cuando a otras chicas también les comenzó a crecer busto. No me juzguen, tenía 12 años y una prometedora pubertad masturbera. En la hoja siguiente hay un ejercicio, dice “escriba un soneto” y se debía tener en cuenta, claro, la materia que habíamos pasado hasta entonces en clases. Pero esa información aterrizó en cualquier lugar menos en mi cabeza, por lo que mi soneto es cualquier cosa menos soneto. Es un SONETE. Se los dejo copiado íntegramente, lo que está tachado son palabras que fueron corregidas sobre la marcha, nunca fui muy aficionado a las gomas de borrar. Ojo que se llama “Sonete del perro” …

Sonete del gato perro

El gato es un animal que vive en el techo
El gato y sus amigos comen la cena
El gato es un animal echo y derecho
El gato y sus amigos me dan cena pena

El gato El hombre no lo quiere al gato feo
Porque dice que le rompe las plantas
Pero el gato se esconde en el cerro
Alli no lo encuentran el malo cartas [(no puedo entender qué sentido tiene este verso)]

El gato se va a dormir en la mañana
Porque sus amigos son de noche
Y duerme toda toda la mañana
Y en la noche hace mucho boche


Es el finnnn [(esto lo agregué al final)]

sábado, 21 de junio de 2014

Citas de Nick Cave

“Desde que recuerdo, siempre he querido llevar traje, antes que cualquier otra cosa; veía a los tipos que tocaban blues con su traje y creo que da una imagen perfecta. De todas formas, los llevo solo desde que pude permitirme comprarlos” 



“Mi musa no es ningún caballo y no participo en ninguna carrera de caballos, pero, aun cuando de hecho lo fuera, no la ataría jamás a esa carreta, a ese carro sangriento de cabezas cortadas y premios resplandecientes”

miércoles, 11 de junio de 2014

Nunca arrastres a un niño por el suelo


(Estaba releyendo mi blog. Me tomó un tiempo, pero al terminar saqué una conclusión: mucho de lo que me ha pasado no está escrito acá y, aún así, lo que sí está escrito suena tan inverosímil que, desde hoy, solo me remitiré a dar datos objetivos y precisos sin hacer mucho análisis ni reflexiones, pues siento que eso le quita realidad a las cosas que me pasan. De manera que quien lea pensará: ah, este loco ya no está exagerando, se quería hacer el bohemio, pero no es más que un bausán. Por eso, desde ahora, solo objetividad, señores, solo objetividad. Nada de versos ni de cosas raras. No. Ahora solo roca y hielo. Nada de referencias extravagantes ni de mentiras. No. Solo sobriedad. Esta es la última vez, por lo tanto, que escribo ebrio. Y no me colgaré más del internet de la iglesia, y si lo hago, donaré dinero los domingos. Ahora solo letras y referentes precisos. Habiendo establecido ya los límites, procederé a relatar, sucintamente, lo que me pasó el 6 de este mes.)

Un par de gitanas me pillaron arrastrando del pie a un niño – el hijo de una de ellas, 4 o 5 años de edad-; mientras lo arrastraba, su cabecita raspaba pavimento. No explicaré cómo sucedió, solo diré que fue un accidente. Ante tal escena que no tuve tiempo de explicar, las gitanas me golpearon hasta dejarme medio muerto. Cuando llegó Carabineros les expliqué todo y el maldito niño confesó que fue un accidente. En retribución, las romaníes me regalaron un zapato, el que me faltaba.

(85 palabras. Abortaré el plan de ser breve, el texto es más aburrido que navidad en China. Hablando de China, ya es un hecho: china, peruana, argentina, española, chilena, gringa, haitiana y una francesa me han golpeado injustamente. Me falta el continente africano y seré mundialmente aporreado, todo un orgullo. A todo esto, las gitanas son muy simpáticas: extraño contraste al comprobar la dureza de sus nudillos)

viernes, 30 de mayo de 2014

No te metas con los lingüistas: Anécdota de Andrés Bello.





Según la RAE, uno de los significados de sorprender es “descubrir lo que alguien ocultaba o disimulaba”, acepción que se ocupa, por ejemplo, en “te sorprendí”, cuando una mujer pilla a su marido entre las piernas de otra, cosa que se puede permutar por “te pillé”. Sin embargo, esta acepción no es original del idioma español, pues el verbo tiene un sentido distinto en su variedad más castiza: es el sentido que comúnmente le damos y se podría relacionar con la primera acepción de la RAE, en donde sorprender es conmover, suspender o maravillar con algo imprevisto, raro o incomprensible; por lo que, cuando alguien ve algo que no se esperaba, pasa a estar sorprendido. El uso de la primera forma (te pillé), al menos en Chile, es bastante viejo, se remonta a los años en que las salitreras controlaban el capital nacional, de manera que el significado de la entrada se permeó con su parónimo inglés “to surprise”, que perfectamente puede traducirse de modo equivalente a la forma “te pillé”, por lo que, cuando alguien dice “te sorprendí” como sinónimo de “te pillé”, está haciendo uso de un anglicismo. 

                     Antes de dar paso a la historia, convengamos en que los lingüistas son de la peor calaña, la peor de las peores, específicamente los lingüistas hombres decimonónicos. Remontándonos a la misma época de las Salitreras, pero en Santiago, ocurrió que cierto día el Ilustrísimo filósofo, poeta, traductor, filólogo, ensayista, educador, político, jurista y lingüista (esto lo saqué de la Wikipedia, ni aunque me interesara el tema me sabría tantas profesiones) Andrés Bello, que cuentan las bajas lenguas era un Don Juan, como decía, cierto día le dio por chuparle el cuerpo a una de las chicas que vivían frente a la casa de cierto tipo que no viene a la historia. Y, como su profesión tenía al lenguaje agarrado de los testículos, el desplante léxico del intelectual era capaz de derretir hasta el témpano más grueso. Y lo logró. Lo que no sabía Andrés Bello, era que su esposa Isabel Dunn (segunda esposa, la primera murió de tuberculosis), más inteligente y más sagaz que el lingüista, estaba prevenida de sus malos pasos y de sus intenciones poco sanas para con la chica, mujer a quien la señora Dunn había visto muy feliz al hablar con el intelectual en las tertulias de antaño, esas cosas aburridas que en la actualidad se podrían comparar con las fiestas. Entonces, esperaba tras un matorral Isabel Dunn, espiando cada paso de su marido, cuando notó que éste entraba en  la casona de la señorita cuyo nombre la historia omitió. La sra Dunn se dijo: “Ah, con que ahora te dio por usar la lengua en otras cosas que no son hablar, maldito hijo de la ilustración” e, intuyendo que el académico estaba BESANDO a tan olvidada señorita, Isabel Dunn salió de su escondite y fue a encarar la situación, dispuesta a destajar a quien osara cruzarse. Luego de atravesar todos los cuartos necesarios, llegó a dónde estaba el rufián y lo encontró practicando lo que en buen latín se dice cunnilingus, ante tal SORPRENDENTE escena, enfurecida, gritó:

-¡¡TE SORPRENDÍ!!

Andrés Bello, desorbitado ante tal felonía proveniente del inglés, respondió:


-No, por tu cara, la sorprendida eres tú.