martes, 3 de diciembre de 2013

LA MEJOR RESEÑA DEL MUNDO sobre un libro que no es tan bueno: "El Crucero" (primera parte)

El título ya nos da pistas de qué puede tratarse, y, de entrada, la primera línea marca el ritmo de lo que será una historia cuya principal falencia son las comas y las tildes de palabras esdrújulas. “Nadie intuía lo que le esperaba el futuro del crucero”, primera oración, un poco sin sentido; un narrador omnisciente relata las vivencias en una embarcación de lujo, en donde los tripulantes pasan unas vacaciones de lo más caras: tragos con sombrilla, mujeres espectaculares, abuelos millonarios, mar, sol, etc. Todo iba bien hasta que, de pronto, una tarde hermosa en las aguas del Atlántico, hacia el este, emerge una figura inmensa y desproporcionadamente viva, sí, como Godzila, pero más atroz, una masa gigantesca, color “gris puro” (creo que no conozco ese color), que reflejaba en su piel la luz del ocaso, se movía, entonces, hacia el este. Lo último que se sabe de aquello, es un extraño mensaje radial que les informa, textual: “extrañas e inmensas criaturas están devastando las ciudades de todo el mundo”. No se vuelve a hablar de aquellos monstruos. En el crucero, todos se desesperan, no es pa’ menos, pero, extrañamente, la “estructura social” del barco sigue igual pesar del Armagedón: unos servidos y otros sirvientes. Esto, hasta que, uno de los tripulantes, que era escritor -y que al mismo tiempo era pelado-, decide formar una revolución con los trabajadores. Lo logra, y él toma la capitanía del crucero.
No sé si ya habrán leído Moby Dick, cuando leí aquel libro por primera vez, esperé como 100 capítulos a que apareciera la legendaria ballena. Antes de su magnífica aparición, relataban la vida del Pequod, lo que terminó por fascinarme tanto como la ballena albina. Acá paso algo PARECIDO. Lo único que quieres saber es qué pasará cuando, eventualmente, tengan que bajarse del barco; en lugar de eso, el narrador omnisciente hace una descripción de cómo, bajo el liderazgo de este insigne tripulante escritor, se mantiene la vida en el crucero: comienzan a pescar para comer; lo peces se mantienen vivos en los estanques hasta que se los comen; alguien crea un molino que carga lentamente las baterías eléctricas del buque; otro diseña un aparato que evapora el agua salada y provee a la tripulación de agua bebestible; otro, el antiguo capitán, piensa todo el día en cómo aprovechar de mejor manera el combustible del armatoste; otros están encargados de cocinar; otros están encargados de mantener el higiene del lugar; hay un grupo de enfermeros, que distribuyen medicamentos y comida; otro, un grupo bien interesante, está encargado de levantar el ánimo de la tripulación; otros cuidan a los niños; otros, con lo que encuentran a bordo, logran hacer un huerto con papas y lechugas; otros logran hacer harina de pescado… básicamente es una sociedad equilibrada y sana, casi anarquista, todos hacen algo de provecho para todos, y lo hacen felices, y todo gracias al mejor escritor del buque (que hasta la fecha, es el mundo).
Cierto día se topan con otro barco.
Hablan alemán e inglés, pero eran alemanes. Por suerte hay varios tripulantes que se manejan en la lengua de Goete. Los tipos están hechos un desastre, desnutridos y estresados, era un barco petrolero, con 35 almas en él. Obviamente los alojan, luego de sacar las cosas que puedan servir para mantener el crucero (incluyendo petróleo). Todo bien, se crean algunos romances, el escritor confiesa, ante un espejo, que está sufriendo de curiosidad por ver la tierra, por ver a los monstruos, hay una que otra pelea, nada grave, hasta que, cierto día, otro barco. Esta vez todos hablaban inglés en aquel navío, pero como lengua franca, aunque son de un lugar no especificado, griegos, según yo. Los tripulantes del crucero hacen exactamente lo mismo que con los alemanes. Pero entre ellos hay una manzana podrida. La historia da un giro de lo más extraño. Su extrañeza radica, no tanto en el hecho mismo, sino que, en cómo deviene el resto de la historia luego de este hecho. Tres días después de que estos veintitantos tripulantes se unieran, aparece un muerto: hay un asesinato.

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