martes, 31 de diciembre de 2013

Del nuevo año y de pasadas celebraciones

Un año menos en este planeta, uno más en esta ciudad. 
El Tito Baraja tiene una tradición bastante peculiar para celebrar Año Nuevo, o Año Viejo: hace un plan de celebración complejo y perfecto, en donde cada cosa tiene una hora y un lugar determinados. Contempla, además, los licores que se beberán e incluso la música que se bailará, los comestibles y las posibles variantes. La gracia de todo aquello es que nada, pero nada, se cumple. El año pasado se suponía que estaríamos en la casa de uno de los Chicos del Saturno y que cenaríamos pollo a las brasas. Se suponía que nos tendríamos que juntar a las 16 hrs en Baquedano. El Tito llegó a las 18 hrs, ebrio, después nos fuimos al Marcoleta, en donde me emborraché yo, perdí la memoria por un rato. Desperté en Valparaíso, más de 100 kms de distancia que no recuerdo haber recorrido, el Baraja me decía que habíamos llegado en helicóptero. Espero no haya sido verdad. Este año la cosa no será muy distinta. En la mañana, el Pecas leyó mi horóscopo, el chino y el otro, el occidental; decía predicciones ambiguas y atroces. Es cosa de Gambleros, le dije, “ganarle a pulso al destino, joderse a las estrellas y las constelaciones, somos las ratas más importantes de Santiago, Pecas, para nosotros nunca ha sido fácil y he ahí la gracia”. Y así se vienen las cartas, la Suerte ama a quien no ama su vida y nos vamos poniendo viejos al son de las palomas. Otro año en que prefiero creer mis propias mentiras que vivir de verdades ajenas. Lo único que espero, es no perder ningún diente este año, mi dentadura es el último lujo que me va quedando.

martes, 24 de diciembre de 2013

Payada contra Rapeada I

Payas
Rap

Volviendo de una fiesta que prometía ser un paraíso venusino -pero que terminó siendo, más bien, espartano-, veníamos en la micro (microbús), el Baraja y yo, cuando unos jóvenes se suben por la puerta de atrás, sin pagar, claro. Eran “raperos”, de esos malos, de esos que acojonan, “hip-hoperos”, para los entendidos, “flaites”, para los resentidos. Cuando nos vieron sentados ahí atrás, -nosotros, dos jóvenes, igual que ellos, pero con mucho menos bríos- comenzaron a insultarnos. No dijimos nada, simplemente callamos y desviamos la mirada. El Baraja andaba con su saxofón, en cuanto subieron los chicos malandras, éste, el Tito, lo escondió bajo el asiento en prevención de algún robo. Cesando los insultos a nuestras mercedes, comenzaron a gritarle cosas a las personas que iban por la calle, les gritaban de todo, hasta que una chica se les cruzó, una real chica, de esas que entran en la categoría de “la chica más hermosa del universo”. Entonces, los raperos se volvieron locos gritándole, estaban medios “duros”, medio esnifados, cocaína, se les notaba en las pupilas. De pronto uno de ellos, el más bajo, comenzó un sonido con su boca: puso su mano, sus dedos, en su hocico, haciendo una “magia” para que el aire saliera de modo más compacto, imitaba el sonido de un sintetizador, pum ts ts pum ts ts pum, y otro rapero comenzó, claramente, a rapear, dijo cosas bastante agresivas, pero una de ellas, la importante, decía así:

Porque a loh longi loh pehco a puñalá
(por que yo, a los tontos, los apuñalo)
Y si no, la venden, el par de mermeláh
( o si no, el par de tontos, se condena)

Y con “par de mermelá” se refería a nosotros. Nos lo dejó claro, lo “rapeó” mirándonos a la cara. Podíamos dejar pasar cualquier afrenta, total, no tenemos mucha dignidad, pero un insulto en rima era imperdonable. Los raperos de Chile adoptaron esa vieja costumbre de tirarse mierda en certámenes de rimas, por lo que, sin esperar una invitación, recogimos el guante y nos enfrentamos, solo que, en lugar de rimas producto de la improvisación rapera, lo hicimos como lo hacen los gambleros, con payas gambleras, esto es, payas acompañadas por instrumentos que no son guitarras: el saxofón del Baraja. Ya antes lo habíamos hecho, es más, somos conocidos payadores del centro, solo que los chicos no lo sabían…

*La traducción al castellano estándar de los versos estará entre paréntesis, los turnos serán identificados por letras: S para mis rimas y R para las de ellos, cualquier otra acotación irá entre paréntesis rectos.


**Por supuesto, el Baraja de mierda se comprometió a transcribir lo ocurrido, que ya ocurrió hace algunas semanas, pero como todo buen amigo, el conchadesumadre  no se ha pronunciado, es más, cada vez que se lo recuerdo finge un ataque de epilepsia, bastante mula, lo que me indica que no ha hecho nada. De todas formas pego la introducción, que por sí misma es bastante literaria, creo. En cuanto aquel simio logre articular las rimas –de los dos, él es el de la buena memoria-, las pego, pero dudo que sea antes de Año Nuevo, que por cierto, posiblemente lo celebremos acá, ya que el año pasado casi nos matan en Valparaíso, recuerdo que aquella vez confundí a un gordo con Vilas-Matas, fue una noche atroz. 

lunes, 16 de diciembre de 2013

Sobre el Bosón de Higgs, de pasados no tan lejanos y de futuros próximos.




Uno siempre está a una copa del suicidio. A una copa de de vino. Hace tiempo conocí el dolor y el desgarro del frío santiaguino moliéndote los huesos y las esperanzas. Viví como 5 meses en la calle, pidiendo limosnas y vagando sin sentido. Vi morir a unos cuantos, de frío, de puñaladas, de olvido. Pero vi cosas más atroces: los fantasmas arrastrados por una capital que se construyó pensando en que, algún día, la invadirían hordas de mapuche(s) beligerantes.
Las voces que partieron dentro de mi cabeza, pero que terminaron en los muros y el los grafittis, de esos grotescos que no tienen autor, de esos deformes, que en sí mismo son un pequeño infierno, esas voces ahora recién cobran forma. Nunca tuve inspiración. El futuro se me perdió de vista y el pasado dejó de tener sentido, pero había algo secreto, una poesía que se intuye ahí, pero nada más, está, es intuición solamente. Y la voz dentro de mi cabeza tomó forma alargada y frágil, un poco depresiva y se vistió de ternos decadentes y se puso una corona negra y unas botas gastadas y un pañuelo que cuesta seis veces más que cualquier cuartucho. He me ahí. Nunca tuve inspiración, solo tuve a Nick Cave, una bala que se perdió dentro de mi cabeza. Leer libros me volvió loco, pero escuchar su música me volvió indecente, grosero y vil, me volvió el mejor. Desde ahí que sonrío porque sé cómo terminaré. Ver la propia muerte da cierta libertad. Libertad paradójica porque no sirve de nada, solo de garantía. Amén por las horas que me faltan y por las personas que me extrañarán y me odiarán al mismo tiempo, pero ganarle al Diablo implica agarrarle los cuernos, para que no se mueva, mirarlo a la cara y gritarle: Hoy no te la llevarás. Hoy me pertenece, cabrón, hoy la desgarro como quiera, hoy es mía y solo mía, cuando no le quede nada te la podrás llevar, te la regalo incluso, pero, hasta antes de eso, es mía.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

la peor reseña del mundo SOBRE EL MEJOR LIBRO DEL GÉNERO: "El Crucero" (segunda parte)


FE DE ERRATAS: Llegó ese momento del año en el que soy sincero. El pela’o maldito sabrá por qué hice así la reseña de su libro, su escritura -la de la reseña- fue con tal saña y con tal engaño por motivos variados. Puntualmente, por tres motivos: uno, por venganza, él se robó mi diario de vida hace ya más de un año, lo que nos unió más como enemigos que éramos. Dos, si decía lo que en efecto pasaba, bajo los mismos prismas, arruinaría todo. Tres, lo hice por envidia, era un historia tremendamente bien contada y lograda. Estoy lejos de hacer algo así. En la novela, pasa casi lo mismo que conté, solo que con matices y enfoques muy logrados y originales. Habiéndome enmendado, continúo con la reseña.

Como conté, hubo un asesinato. Complejo, como antaño. En la torre del crucero, en donde se hacen las maniobras del navío, se encontró una cabeza, claro, solo la cabeza, puesta en el centro matemático de la habitación, mirando hacia la puerta. Quien la viera se cagaría entero. Lo peor –o mejor-, es el hecho de que todos tuvieron que mirar aquella cabeza para reconocerla y todos se traumaron…ya que nadie la reconoció. Es más, ante el asombro, hicieron una cuenta de los pasajeros, y no faltaba nadie. El hallazgo de la cabeza ocurre un año después de que apareciese aquel bicho inmenso y se encuentra en la mitad del relato, en la mitad cronológica (un año, en una historia que transcurre en dos años) y en la mitad física (capítulo 12, de 24). Magistral. El equipo médico revisa el despojo humano e, ingenuamente, datan que la muerte del tipo ocurrió hace semanas. Había algo extraño en la cabeza, al fondo de la cavidad bucal, hacia arriba, encontraron un trozo de hielo. Esto era aún más desconcertante, hasta que, por supuesto, llega el Escritor protagonista. “Está así porque se encontraba refrigerada”. Investigan todas las neveras de la nave, que son muchas, y se llevan una oscura sorpresa. Encuentran, efectivamente, un cuerpo sin cabeza. Estaba en una nevera que se encontraba en la ultratumba del crucero, en un cuarto que fue ocupado como engorde de peces, por lo que nadie ocupaba el aparato ni se fijaba mucho en él. Es más, el hecho de que estuviera conectado era aún más extraño, dado que, por medidas de ahorro, todo lo que no se ocupara tenía que ser desenchufado. En hallazgo fue macabro porque el cuerpo no correspondía a la cabeza encontrada: la cabeza era la de un sujeto de unos 30 años; el cuerpo, el de una mujer más vieja, como de 50. 

Creo que lo dejaré hasta acá. El asesinato y su resolución logra algo incalculable: olvidas el hecho de que la humanidad fue masacrada por bichos titánicos, olvidas que están a la deriva y, por último, olvidas algo que, ya en la última parte del libro, se revela. Pondré el fragmento exacto, únicamente, porque estamos seguros de que nadie nunca publicará su obra, por lo que, en pocas palabras, esto es un homenaje a esos relatos que nunca verán la luz, ya sea porque son insuficientes, o porque no se atreven a salir de la cabeza.

Te equivocas… Te confiaré, entonces, un secreto […] El combustible se acabó hace meses. No entiendo cómo nos movemos aún. Es más, antes de que se acabara, llevábamos más de un año recorriendo el mar en la misma dirección […] Para esta fecha, debimos haberle dado, por lo menos, un par de vueltas al mundo y de tierra, nada…(continúa)

martes, 3 de diciembre de 2013

LA MEJOR RESEÑA DEL MUNDO sobre un libro que no es tan bueno: "El Crucero" (primera parte)

El título ya nos da pistas de qué puede tratarse, y, de entrada, la primera línea marca el ritmo de lo que será una historia cuya principal falencia son las comas y las tildes de palabras esdrújulas. “Nadie intuía lo que le esperaba el futuro del crucero”, primera oración, un poco sin sentido; un narrador omnisciente relata las vivencias en una embarcación de lujo, en donde los tripulantes pasan unas vacaciones de lo más caras: tragos con sombrilla, mujeres espectaculares, abuelos millonarios, mar, sol, etc. Todo iba bien hasta que, de pronto, una tarde hermosa en las aguas del Atlántico, hacia el este, emerge una figura inmensa y desproporcionadamente viva, sí, como Godzila, pero más atroz, una masa gigantesca, color “gris puro” (creo que no conozco ese color), que reflejaba en su piel la luz del ocaso, se movía, entonces, hacia el este. Lo último que se sabe de aquello, es un extraño mensaje radial que les informa, textual: “extrañas e inmensas criaturas están devastando las ciudades de todo el mundo”. No se vuelve a hablar de aquellos monstruos. En el crucero, todos se desesperan, no es pa’ menos, pero, extrañamente, la “estructura social” del barco sigue igual pesar del Armagedón: unos servidos y otros sirvientes. Esto, hasta que, uno de los tripulantes, que era escritor -y que al mismo tiempo era pelado-, decide formar una revolución con los trabajadores. Lo logra, y él toma la capitanía del crucero.
No sé si ya habrán leído Moby Dick, cuando leí aquel libro por primera vez, esperé como 100 capítulos a que apareciera la legendaria ballena. Antes de su magnífica aparición, relataban la vida del Pequod, lo que terminó por fascinarme tanto como la ballena albina. Acá paso algo PARECIDO. Lo único que quieres saber es qué pasará cuando, eventualmente, tengan que bajarse del barco; en lugar de eso, el narrador omnisciente hace una descripción de cómo, bajo el liderazgo de este insigne tripulante escritor, se mantiene la vida en el crucero: comienzan a pescar para comer; lo peces se mantienen vivos en los estanques hasta que se los comen; alguien crea un molino que carga lentamente las baterías eléctricas del buque; otro diseña un aparato que evapora el agua salada y provee a la tripulación de agua bebestible; otro, el antiguo capitán, piensa todo el día en cómo aprovechar de mejor manera el combustible del armatoste; otros están encargados de cocinar; otros están encargados de mantener el higiene del lugar; hay un grupo de enfermeros, que distribuyen medicamentos y comida; otro, un grupo bien interesante, está encargado de levantar el ánimo de la tripulación; otros cuidan a los niños; otros, con lo que encuentran a bordo, logran hacer un huerto con papas y lechugas; otros logran hacer harina de pescado… básicamente es una sociedad equilibrada y sana, casi anarquista, todos hacen algo de provecho para todos, y lo hacen felices, y todo gracias al mejor escritor del buque (que hasta la fecha, es el mundo).
Cierto día se topan con otro barco.
Hablan alemán e inglés, pero eran alemanes. Por suerte hay varios tripulantes que se manejan en la lengua de Goete. Los tipos están hechos un desastre, desnutridos y estresados, era un barco petrolero, con 35 almas en él. Obviamente los alojan, luego de sacar las cosas que puedan servir para mantener el crucero (incluyendo petróleo). Todo bien, se crean algunos romances, el escritor confiesa, ante un espejo, que está sufriendo de curiosidad por ver la tierra, por ver a los monstruos, hay una que otra pelea, nada grave, hasta que, cierto día, otro barco. Esta vez todos hablaban inglés en aquel navío, pero como lengua franca, aunque son de un lugar no especificado, griegos, según yo. Los tripulantes del crucero hacen exactamente lo mismo que con los alemanes. Pero entre ellos hay una manzana podrida. La historia da un giro de lo más extraño. Su extrañeza radica, no tanto en el hecho mismo, sino que, en cómo deviene el resto de la historia luego de este hecho. Tres días después de que estos veintitantos tripulantes se unieran, aparece un muerto: hay un asesinato.

lunes, 2 de diciembre de 2013

De mi peor y más terrible enemigo en la vida


Como todo buen hijo de vecino, tengo varios enemigos declarados. Entre ellos, dos destacan: el primero, es un pájaro que lleva cantando varios días a las 5 AM, con intenciones claras de no dejarme dormir; el segundo, es un “pelado” de quien siempre hablo. Respecto al segundo, su nombre real, para variar, nadie lo conoce; él se ha esforzado porque le digan “El Poeta”, sin embargo, el nombre que te pone la calle es como una marca a fuego, de esas que no se borran, por lo que, a pesar de sus insistencias, le dicen simple y coloquialmente “El Pelado”, debe ser porque tiene una cabeza monda, craneal, con cero pelo en ella, decisión personal que todas las mañanas reafirma, sagradamente, rapándose el incipiente cabello. Él es gamblero declarado hace más tiempo que yo, debe tener unos 35 o 38 años, y cuando supo que El Vilches, antes de morir, me legó la misión de escribir la historia oficial de la Gamblerística Chilena, el Pelado, que también se las da descritor, se declaró formalmente mi peor enemigo. Hemos pasado por situaciones bastante parecidas: hemos perdido los mismos concursos literarios, nos han echado de varias lecturas poéticas, ambos hemos aceptado la derrota y nos hemos reído de ella, ambos creemos, juramos de espalda, que escribimos bien, y, por último, a ambos nos han echado a patadas de las editoriales más irresponsables y libres de Santiago.
Como el Pelado tiene más años, ha escrito más cosas que yo, varias más. Según él, tiene 10 novelas en su catálogo, ninguna de ellas mala, todas perfectas y, según él nuevamente, la última es su obra maestra, tal como la primera, un intento desesperado de Quijote, de inmortalizarse en respuesta a ese mundo cultural que nunca nos mirará. Ayer en la noche terminé de leerla, me dijo que no se la comentara a nadie porque le robarían la idea, pero como él fue mismo desgraciado que se robó mi diario de vida, la siguiente entrada (la de mañana) será una reseña detallada de su última novela "El Crucero".