martes, 12 de noviembre de 2013

Sobre las oscuras artes del ajedrez


En la Plaza de Armas los viejos siempre se ganan a jugar ajedrez, siempre me les uno. Entre ellos, hay un viejo llamado Nicolás, por lo que la calle lo bautizó con el original nombre de Viejo Nicolás. Esto pasó cuando me senté a jugar una partida ajedrecística con él.

-Hace años- me dijo el Viejo Nicolás- hace muchos años, cuando tenía como tu edad o quizás un poco más, yo también jugaba con un viejo.

- ¿Ah sí? Apuesto que ahora está muerto.

-Claro, murió hace tiempo ya.

- Amén.

-No te burles. Bueno, este viejo no tenía buen juego, tú mirabas sus jugadas y nunca fueron muy espectaculares. No es que haya sido un novato, es solo que no era inteligente: los que juegan bien ajedrez, los ajedrecistas, no cometen errores, el que gana lo hace porque es más “vivito de mente” que el oponente, no porque el otro se equivoque. Pero este viejo ganaba siempre y era porque se aprovechaba de errores que los otros cometían, errores que muchas veces pasaban inadvertidos hasta para el mismo jugador que los perpetuaba.

- En otras palabras, el viejo tenía una Suerte del porte de mi pe…

- No, o sea, todos pensaban eso, pero un día me fijé bien, muy bien: el viejo resulta que era inteligente, pero no al nivel del ajedrez. Me explico: es sabido que los grandes ajedrecistas consideran que las 8x8 casillas encierran un mundo con sus propias reglas, un mundo que se resuelve por sí mismo.

-Claro, Kasparov lo veía todo como un microcosmos medio Kafikiano- (ahora que leo esto, noto que tiene demasiadas letras K para ser una cláusula en español).

-Sí. La cosa es, que este viejo en particular no veía el ajedrez de esta manera excluyente, todo lo contrario. Para el viejo el ajedrez era un juego en un mundo “real”, por lo tanto, lo que pasaba en ese mundo “real” afectaba al juego, aunque fuera un poquito.

- Ya…

- El viejo tenía una técnica secreta que me demoré en pillar… Se sentaba ahí, frente a su oponente, y mientras dicho oponente ponía toda su atención en el tablero, el viejo de mierda lo miraba directo a los ojos, mucho rato, sin parpadear, fijo el hijo de perra. Podías ignorarlo, sí, pero el anciano de todas formas te ponía nervioso, haciendo que te equivocaras. Entonces, en cierto momento de debilidad, cometías un error grave. El viejo no sabía mucho de jugar bien, pero si pillaba el yerro, chas, te apuñalaba con un jaque mate. Y nadie nunca lo notó, a pesar de su poder, era bastante discreto.

-¡Guau! Era re-inteligente.

-De hecho sí. La cosa es que intenté ganarle varias veces, pero mientras más consciente estaba de su juego o de su técnica, más me equivocaba. Empezaba re-bien, pero mientras el juego avanzaba ya no podía seguir concentrado, y transpiraba o hablaba tonteras o me movía más de la cuenta, todas señales de que el viejo estaba efectuando su mierda de técnica con éxito.

- ¿Nunca le ganaste?

- Casi.

- Cuenta.

- Cierto día soporté estoico el flagelo de su mirada, estaba todo perfecto en mi juego. En pocos movimientos más tendría mi ansiado Jaque Mate. Él estaba enterado de que su mirada no había penetrado, pero por algún motivo siguió hasta que…

- ¿Qué pasó?

- Justo cuando estaba mi victoria a la vista, siento algo suave y terso acariciarme la pierna. Primero pensé que era un perro, pero cuando miré, noté que era el pie del viejo, descalzo, haciéndome cariñito en la parte interna de mi muslo.

-JAJAJAJA

-Cuando lo miro al rostro, seguía ahí, imperturbable, como si su pie y su cara fueran de personas distintas. Era un maldito plan B. No aguanté, moví cualquier cosa, un peón creo, su pata seguía sobándome cariñosamente, y al final, perdí.

-Vaya, qué buena historia, pero no me engañarás a mí, vejete de miércale, porque he develado tu técnica secreta para ganar: desconcentrarme al contar historias interesantes como ésta.

- Y funcionó. Jaque mate.


-Coño, te odio.

1 comentario:

  1. ¡Ja!, esa plan B era genial. Lastima que solamente formara parte del plan A del narrador.

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