viernes, 8 de noviembre de 2013

En donde explico por qué no soy millonario


Se supone que el martes me debería haber convertido en millonario porque cierto jinete de cierto hipódromo en cierta región –lo siento, no puedo dar detalles-, tenía un caballo que, bajo todos arreglos internos del club, debió haber ganado -me perdí con los tiempos verbales-. Era dato fidedigno. El que me lo dio es conocido por entregar buena información. Mis problemas empezaron cuando, la noche del lunes, me emborraché en un local cerca de calle Brasil. Entramos a dicho local –con el Barja- porque tenían música de Queen, empezó todo bien, como siempre, le conté de mi dato y, confiado, me puse a tomar más de la cuenta. Se transformó en una Rapsodia Bohemia, la pasé excelente, hasta donde recuerdo. Desperté en donde duerme el T. Baraja y, sin despedirme, me fui a mi habitación del Saturno en busca del dinero que apostaría. No era tanto, pero dado que las apuestas estarían muy, PERO MUY, favorables, esa plata se quintuplicaría, o más. 
Mientras caminaba al metro comencé a mirar a las personas esforzadas que día a día se levantan a trabajar, a pesar del sueño, del frío, de la miseria y del cansancio, en sus espaldas duerme el país, me dije. Y lo supe. Era de esos momentos en que el universo, con mayúscula, el Universo, comenzaba a moverse de manera tal que la Fortuna, mi fiel amante, tenía más facultades de las comunes, se olía en el aire, había algo espeso en Santiago, se sentía. Bajé a esperar al metro y frente a mí, en el andén que está al otro lado, vi, fotograma a fotograma, cómo él se tiraba a las líneas del metro, justo cuando el bólido venía ansioso por llevarse a la gente a sus trabajos, pero a este cristiano se lo llevó al infierno. No pude dejar de mirarlo, y de sentir el “ckrak” en mis propios huesos y tripas. No tuve tiempo de sorprenderme, porque a mi lado, una chica gritó ante la gráfica muerte. Yo era el más próximo, así que le empecé a "meter conversa" para que dejara la locura y las pesadillas que se le venían inminentemente, tranquila, tranquila, pero no. Llegaron los guardias, cerraron todo y no me pude ir hasta pasado un par de horas. Cuando nos dejaron salir de la estación, la chica estaba en shock. Oye, le dije, te puedo invitar un café. Me dijo que ya, que de todas formas ese día iba a su trabajo a renunciar. Para colmo de todo, conversando, me contó que su padre había muerto arrollado por esa locomotora que se lleva a todos los borrachos que se duermen en las vías, en Pedro Aguirre Cerda, por lo que el descalabre del joven de la estación ULA le dolía el doble. A eso le sumó que estaba sola hace tanto, que ya no sabía si le seguía gustando a los hombres, le dije que sí, que yo estaba bastante enamorado de ella, rió lindamente, lo cual no borró la pena de su cara. 
Estuve todo el día con ella y me olvidé del hipódromo. No podía ir, había visto desencajársele el cuerpo a uno como yo, no podía ir. Aun hablo con la chica frecuentemente, si sigo así posiblemente la logre besar en un par de semanas. Lo mejor de todo esto es que el Universo tenía razón: el caballo que me haría millonario, LLEGÓ TERCERO.

1 comentario:

  1. El destino se manifiesta por las vías mas retorcidas. Cuando señala, nos quedamos escudriñando el infinito, y es el dedo lo que nos quiere mostrar. Saludos. (lo de que llegara tercero podría ser un premio de consolación en el caso de que no optaras por la verdadera apuesta: la chica. Es una posibilidad)

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