jueves, 21 de noviembre de 2013

En donde reclamo por lo último del acontecer nacional, en "verso"


Un incendio duerme en mi cabeza.
Acá estamos, veinte millones y pico de chilenos
remando todos hacia todos lados,
pero ordenados, porque nos lo mandan,
sin hacer mucha bulla, porque nos lo exigen
y odiamos a quienes nos exigen aquello,
pero no nos importa, porque los elegimos de todas maneras,
por votación popular, carajo.
“La alegría ya viene”,
me gritaba mi padre cuando apenas podía hablar…
y acá estoy viendo como todo se desmorona.
Pinochet, me decía, Pinochet tiene la culpa de todo,
es malo, el ogro, el más malo.
Y tenía razón mi viejo,
las mentes retorcidas de los militares fueron capaces de meter ratas vivas en la vagina de las chicas que no querían fornicar con ellos,
y el Diablo se sonrojó,
porque es literal, zaca, lexema por lexema,
se las violaba un perro a las feas, por diversión, qué se yo,
por maldad.
Y el Diablo se sintió incómodo.
Pasó el tiempo.
Venía un futuro milagroso y prodigioso,
lleno de alegría,
pero nos engañaron:
no se puede ser libre si se es idiota.
No se puede ser libre
si nos interesan los goles de la selección,
si nos apetece saber qué vestido vistió la Geisha en su último escándalo,
si nos masturbamos los unos a los otros al ver aquella televisión que nos convence que todo está de lujo,
que Chile está forrado,
que somos especiales,
somos el mejor rebaño,
el mejor de todos,
el más obediente,
upa dicen, chalupa gritamos.
Un incendio duerme en mi cabeza.
La alegría ya viene, hijos de perra.
Les creímos
Y NOS DOMARON,
COMO QUIEN DOMA A UN CHANGO, A UN PERRO A UN HOMBRE,
Y NOS ESCLAVIZARON,
en lugar de esposas
UN I-PHONE: Un diseño fino y ligero, conexión inalámbrica ultrarrápida y montones de apps de productividad lo convierten en el mejor compañero de trabajo. Con seis aplicaciones de lo más genial. Estas seis apps geniales son ahora mejores que nunca, para que hagas autenticas virguerías con tus fotos, vídeos, canciones, documentos, hojas de cálculo y presentaciones. Están preparadas para la arquitectura de 64 bits, así que aprovechan al máximo la potencia del hardware. Y como iCloud está integrado con todas ellas, tus dispositivos se entienden de maravilla.
Un celular inteligente, toucht, con mil y tantos megapixeles para que te mires a ti y veas el mundo a través de una pantalla capaz de registrar cada arruga de tu jodido dedo.

ME NIEGO A SER FELIZ EN UN MUNDO ASÍ.
Y el incendio que duerme en mi cabeza se saldrá de control.



martes, 12 de noviembre de 2013

Sobre las oscuras artes del ajedrez


En la Plaza de Armas los viejos siempre se ganan a jugar ajedrez, siempre me les uno. Entre ellos, hay un viejo llamado Nicolás, por lo que la calle lo bautizó con el original nombre de Viejo Nicolás. Esto pasó cuando me senté a jugar una partida ajedrecística con él.

-Hace años- me dijo el Viejo Nicolás- hace muchos años, cuando tenía como tu edad o quizás un poco más, yo también jugaba con un viejo.

- ¿Ah sí? Apuesto que ahora está muerto.

-Claro, murió hace tiempo ya.

- Amén.

-No te burles. Bueno, este viejo no tenía buen juego, tú mirabas sus jugadas y nunca fueron muy espectaculares. No es que haya sido un novato, es solo que no era inteligente: los que juegan bien ajedrez, los ajedrecistas, no cometen errores, el que gana lo hace porque es más “vivito de mente” que el oponente, no porque el otro se equivoque. Pero este viejo ganaba siempre y era porque se aprovechaba de errores que los otros cometían, errores que muchas veces pasaban inadvertidos hasta para el mismo jugador que los perpetuaba.

- En otras palabras, el viejo tenía una Suerte del porte de mi pe…

- No, o sea, todos pensaban eso, pero un día me fijé bien, muy bien: el viejo resulta que era inteligente, pero no al nivel del ajedrez. Me explico: es sabido que los grandes ajedrecistas consideran que las 8x8 casillas encierran un mundo con sus propias reglas, un mundo que se resuelve por sí mismo.

-Claro, Kasparov lo veía todo como un microcosmos medio Kafikiano- (ahora que leo esto, noto que tiene demasiadas letras K para ser una cláusula en español).

-Sí. La cosa es, que este viejo en particular no veía el ajedrez de esta manera excluyente, todo lo contrario. Para el viejo el ajedrez era un juego en un mundo “real”, por lo tanto, lo que pasaba en ese mundo “real” afectaba al juego, aunque fuera un poquito.

- Ya…

- El viejo tenía una técnica secreta que me demoré en pillar… Se sentaba ahí, frente a su oponente, y mientras dicho oponente ponía toda su atención en el tablero, el viejo de mierda lo miraba directo a los ojos, mucho rato, sin parpadear, fijo el hijo de perra. Podías ignorarlo, sí, pero el anciano de todas formas te ponía nervioso, haciendo que te equivocaras. Entonces, en cierto momento de debilidad, cometías un error grave. El viejo no sabía mucho de jugar bien, pero si pillaba el yerro, chas, te apuñalaba con un jaque mate. Y nadie nunca lo notó, a pesar de su poder, era bastante discreto.

-¡Guau! Era re-inteligente.

-De hecho sí. La cosa es que intenté ganarle varias veces, pero mientras más consciente estaba de su juego o de su técnica, más me equivocaba. Empezaba re-bien, pero mientras el juego avanzaba ya no podía seguir concentrado, y transpiraba o hablaba tonteras o me movía más de la cuenta, todas señales de que el viejo estaba efectuando su mierda de técnica con éxito.

- ¿Nunca le ganaste?

- Casi.

- Cuenta.

- Cierto día soporté estoico el flagelo de su mirada, estaba todo perfecto en mi juego. En pocos movimientos más tendría mi ansiado Jaque Mate. Él estaba enterado de que su mirada no había penetrado, pero por algún motivo siguió hasta que…

- ¿Qué pasó?

- Justo cuando estaba mi victoria a la vista, siento algo suave y terso acariciarme la pierna. Primero pensé que era un perro, pero cuando miré, noté que era el pie del viejo, descalzo, haciéndome cariñito en la parte interna de mi muslo.

-JAJAJAJA

-Cuando lo miro al rostro, seguía ahí, imperturbable, como si su pie y su cara fueran de personas distintas. Era un maldito plan B. No aguanté, moví cualquier cosa, un peón creo, su pata seguía sobándome cariñosamente, y al final, perdí.

-Vaya, qué buena historia, pero no me engañarás a mí, vejete de miércale, porque he develado tu técnica secreta para ganar: desconcentrarme al contar historias interesantes como ésta.

- Y funcionó. Jaque mate.


-Coño, te odio.

viernes, 8 de noviembre de 2013

En donde explico por qué no soy millonario


Se supone que el martes me debería haber convertido en millonario porque cierto jinete de cierto hipódromo en cierta región –lo siento, no puedo dar detalles-, tenía un caballo que, bajo todos arreglos internos del club, debió haber ganado -me perdí con los tiempos verbales-. Era dato fidedigno. El que me lo dio es conocido por entregar buena información. Mis problemas empezaron cuando, la noche del lunes, me emborraché en un local cerca de calle Brasil. Entramos a dicho local –con el Barja- porque tenían música de Queen, empezó todo bien, como siempre, le conté de mi dato y, confiado, me puse a tomar más de la cuenta. Se transformó en una Rapsodia Bohemia, la pasé excelente, hasta donde recuerdo. Desperté en donde duerme el T. Baraja y, sin despedirme, me fui a mi habitación del Saturno en busca del dinero que apostaría. No era tanto, pero dado que las apuestas estarían muy, PERO MUY, favorables, esa plata se quintuplicaría, o más. 
Mientras caminaba al metro comencé a mirar a las personas esforzadas que día a día se levantan a trabajar, a pesar del sueño, del frío, de la miseria y del cansancio, en sus espaldas duerme el país, me dije. Y lo supe. Era de esos momentos en que el universo, con mayúscula, el Universo, comenzaba a moverse de manera tal que la Fortuna, mi fiel amante, tenía más facultades de las comunes, se olía en el aire, había algo espeso en Santiago, se sentía. Bajé a esperar al metro y frente a mí, en el andén que está al otro lado, vi, fotograma a fotograma, cómo él se tiraba a las líneas del metro, justo cuando el bólido venía ansioso por llevarse a la gente a sus trabajos, pero a este cristiano se lo llevó al infierno. No pude dejar de mirarlo, y de sentir el “ckrak” en mis propios huesos y tripas. No tuve tiempo de sorprenderme, porque a mi lado, una chica gritó ante la gráfica muerte. Yo era el más próximo, así que le empecé a "meter conversa" para que dejara la locura y las pesadillas que se le venían inminentemente, tranquila, tranquila, pero no. Llegaron los guardias, cerraron todo y no me pude ir hasta pasado un par de horas. Cuando nos dejaron salir de la estación, la chica estaba en shock. Oye, le dije, te puedo invitar un café. Me dijo que ya, que de todas formas ese día iba a su trabajo a renunciar. Para colmo de todo, conversando, me contó que su padre había muerto arrollado por esa locomotora que se lleva a todos los borrachos que se duermen en las vías, en Pedro Aguirre Cerda, por lo que el descalabre del joven de la estación ULA le dolía el doble. A eso le sumó que estaba sola hace tanto, que ya no sabía si le seguía gustando a los hombres, le dije que sí, que yo estaba bastante enamorado de ella, rió lindamente, lo cual no borró la pena de su cara. 
Estuve todo el día con ella y me olvidé del hipódromo. No podía ir, había visto desencajársele el cuerpo a uno como yo, no podía ir. Aun hablo con la chica frecuentemente, si sigo así posiblemente la logre besar en un par de semanas. Lo mejor de todo esto es que el Universo tenía razón: el caballo que me haría millonario, LLEGÓ TERCERO.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Sobre las sorpresas que la Diosa Fortuna le guarda a su fiel Sémola

Tengo un dato, al fin tengo un dato, joder que tengo un dato, un dato, un dato. Toda mi vida he esperado ese dato, mañana lo confirmaré ¿será verdad? ¿será real? Me tiemblan las manos y me suena el estómago, me cuesta escribir, UN DATO, UN DATO. Pura casualidad, Azar, Fortuna, RAJA, pura RAJA. De esto depende mi alimentación del mes y la mensualidad del Saturno, la que llevo atrasada en 9 meses, todo un embarazo sin poner un peso por vivir acá. Si me va bien invitaré al Baraja a comerse un completo al café Baquedano y me compraré un vodka de calidad, no ese Jelzin, tan malo, es como el licor del libro “1984”, ése que servía pa’ matar gárgolas y dragones; también le llevaré un sostén nuevo a la chica del casinillo de La Alameda, jugaré al cacho con el Tres Bastos, me pasearé por el Marcoleta haciendo gala de mis billetes nuevos, me compraré calcetines que no tengan hoyos, conseguiré esa edición del Quijote que nunca tuve y gastaré todo el resto en comprarle algo lindo e inútil a mi hermanita, quien estuvo de cumpleaños hace un par de meses atrás. Un dato, mi dato. Mañana: ¡DÍA DE HIPÓDROMO!