domingo, 13 de octubre de 2013

Ahora, con título



Si bien siempre he amado a los gatos, no podría jamás ser uno de ellos: siendo un gato, al autodestruirme como lo hago, destruiría a un gato. No estoy para eso. Seguiré dándole mi jamón al gatote del primer piso, y seguiré aguantándole la mirada mientras me torea la pierna, pero nunca seré de su manada como un miembro felino. Me entristece enormemente, pero así es la cosa. Si me dieran a elegir qué animal ser, siempre lo he tenido bien clarito: UNA TORTUGA. Sí, cara de viejo verde, lento, pesado, arrastrado. Y lo mejor de todo, nacen con su casa a cuestas, lo cual podría ser una bendición, pero no, es una maldición, la mejor de todas: por más que “corra” morirá dentro de su casa, le es imposible escapar. Y si no puedes salir de tu propia casa, ¿qué se hace? Se hace lo más lógico, recorrer el mundo con la casa a cuestas. Por lo tanto, algún día, cuando me encuentre un Genio Mágico que me conceda tres deseos, fijo le pediré poder transformarme en tortuga cuando se me dé la gana. Recordé ese poema de Darío que nunca entendí en mi tortuosa época de estudiante... Ahora lo leo, lo entiendo, y recuerdo lo que decía el Demian de Hesse Las palabras ingeniosas carecen totalmente de valor. Sólo le alejan a uno de sí mismo. Y alejarse de uno mismo es pecado. Hay que saber recogerse en sí mismo por completo, como las tortugas.

La tortuga de oro camina por la alfombra
y traza por la alfombra un misterioso estigma;
sobre su carapacho hay grabado un enigma
y círculo enigmático se dibuja en su sombra.
Esos signos nos dicen al Dios que no se nombra
y ponen en nosotros su autoritario estigma:
ese círculo encierra la clave del enigma
que a Minotauro mata y a la Medusa asombra.
Ramo de sueños, mazo de ideas florecidas
en explosión de cantos y en floración de vidas,
sois mi pecho suave, mi pensamiento parco.
Y cuando hayan pasado las sedas de la fiesta,
decidme los sutiles efluvios de la orquesta
y lo que está suspenso entre el violín y el arco. (Rubén Darío, "Amado Nervo")

2 comentarios:

  1. De repente me imaginé a esos tipos que tienen caravanas, como tortugas. Hombres/Mujeres Tortuga, con su casa a cuestas. Nunca me he imaginado como un animal. En realidad nunca he conseguido imaginarme como otra cosa que soy, que no sé muy bien lo que es de todas maneras. Estoy verdaderamente atrapado en mí. Saludos.

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    1. Quizás, reflejarse en una tortuga no es muy distinto a estar encerrado en la propia testa. Esto es, sin duda, lo más inteligente que he dicho, suficiente como para que no diga nada inteligente nunca más. Un abrazo.

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